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Nuevamente la política ha llegado a la sima de su mediocridad. Quienes esperaban vientos de cambio, una “nueva forma de hacer política”, han debido quedar estupefactos después de las declaraciones de MEO… se apoya a quién tan ácidamente se criticó.
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Entiendo la lógica de que, a última hora, se opte por alguna de las alternativas que quedan. Pero, ¿no se supone que ésta era una alternativa distinta a las otras y, por ende, necesariamente no conjugable con ninguna?
Creo que los seguidores de este ex candidato así lo habrán entendido y, en base a ello, lo premiaron con su voto. Detrás de esto, creo ver uno de los instintos más básicos del ser humano, el de la supervivencia, porque si no, es derechamente inexplicable lo que ha pasado.
Si se quería seguir sobreviviendo, creo que había infinidad de maneras, bastante más pulcras, pero no el bodrio que la ciudadanía ha tenido que presenciar. Derechamente es impresentable. Lo peor de todo es que son los propios ciudadanos, depositarios de esta promesa, quienes se han visto ultrajados por el desenlace de tan encomiable actuación, digna quizás de las tablas, pero no de los deseos y expectativas sencillas de la dueña de casa, el obrero o el oficinista, que creían ver en las simples palabras del ex candidato una “nueva” manera de hacer las cosas y ver el mundo inmediato que rodea al elector.
Nuevamente una desazón. Esperemos que, lo que venga, independiente del resultado, se logre ver y palpar en los hechos y no en los discursos, las promesas de cada candidato transformadas en realidades.
Creo que los seguidores de este ex candidato así lo habrán entendido y, en base a ello, lo premiaron con su voto. Detrás de esto, creo ver uno de los instintos más básicos del ser humano, el de la supervivencia, porque si no, es derechamente inexplicable lo que ha pasado.
Si se quería seguir sobreviviendo, creo que había infinidad de maneras, bastante más pulcras, pero no el bodrio que la ciudadanía ha tenido que presenciar. Derechamente es impresentable. Lo peor de todo es que son los propios ciudadanos, depositarios de esta promesa, quienes se han visto ultrajados por el desenlace de tan encomiable actuación, digna quizás de las tablas, pero no de los deseos y expectativas sencillas de la dueña de casa, el obrero o el oficinista, que creían ver en las simples palabras del ex candidato una “nueva” manera de hacer las cosas y ver el mundo inmediato que rodea al elector.
Nuevamente una desazón. Esperemos que, lo que venga, independiente del resultado, se logre ver y palpar en los hechos y no en los discursos, las promesas de cada candidato transformadas en realidades.
Por: Eduardo Figueroa, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Central
