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El fracaso de la Cumbre Climática –por el boicot de países poderosos- en Copenhague, aún no se asimila lo suficiente en los pueblos que habitan al Sur del Río Bravo, salvo en las organizaciones ambientalistas. Vivimos tiempos difíciles para la supervivencia de la humanidad.
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Por una parte se destruyen, a gran velocidad, nuestros recursos naturales e imponen sistemas productivos altamente contaminantes y por otra, existe una conciencia de recuperar y preservar ecosistemas. Dos visiones del mundo se enfrentan. Por lo anterior y mi pasión por la fotografía, decidí, a fines de Diciembre, visitar el futuro Parque Nacional Patagonia, ubicado en lo que fue la antigua Estancia Valle Chacabuco, distante a unos 330 kilómetros de Coyhaique. En 78.000 hectáreas se sueña, idea, piensa, construye y ejecuta el proyecto más intenso, pionero, controvertido y complejo que se conozca en América Latina; cuyo objetivo es la restauración y conservación de ecosistemas. La reconversión de una gran estancia cuya matriz económica-productiva, además de cultural, fue la explotación ganadera a un Parque Nacional con ingreso libre, es un desafío gigante.
Fue así como tomé contacto con Daniela Castro Polanco, Ingeniero Agrónomo, Encargada de Proyectos y Programas de Conservación Patagónica, una embajadora del Parque y de la Fundación Conservación Patagónica, que preside Kristine McDivitt Tompkins. Comenté a Daniela que había escuchado historias de infames pumas que pululaban en la ex estancia ganadera y que devoraban las ovejas de los modestos pobladores vecinos del parque. Daniela me contactó con Cristian Saucedo, Médico Veterinario, Director de Vida Silvestre. Ambos formados con Dennis Aldridge, en proyectos de biodiversidad que ejecutó la Corporación Nacional Forestal. Me contaron de un programa de monitoreo de pumas, de la expulsión de especies exóticas y de amaneceres espléndidos. Entusiasmado con la posibilidad de captar con mi lente estos felinos en su hábitat natural, una mañana de Diciembre emprendí viaje al sur del Sur, a fotografiar el “Serengeti de la Patagonia”
Llegué en un hermoso día de sol a Valle Chacabuco. Se ingresa por el camino internacional “Entrada Baker” que atraviesa la ex Estancia y termina en el Paso Fronterizo Roballos, límite con la Provincia de Sta. Cruz, Argentina. Una mínima intervención en señalética vial nos anuncia que estamos frente a algo distinto. Un camino de bajo estándar pero bien mantenido me permitió recorrer el futuro parque. Los viejos cercos de la estancia ganadera fueron retirados. Acostumbrado a recorrer la región, fotografiándola desde incómodos ángulos por las tranqueras y cercos, y ahora mirar un valle despejado “desde su interior” es algo que se agradece. Las interminables alambradas que se perdían en el horizonte dejaron de herir la estepa patagónica. Ahora la biodiversidad en el Valle del río Chabuco comienza a comulgar con el futuro.
En Parque Nacional Patagonia, ubicado en la Región de Aysén, la naturaleza se muestra impresionantemente desnuda de intervenciones humanas. No fue difícil ver y fotografiar guanacos tutelares, cuyas siluetas se recortan en el valle o en lo alto de mesetas rocosas, vizcachas australes, águilas mora, ñandúes, lagos con cisnes coscorobas (de entero color blanco) y de cuello negro, flamencos, patos cortacorriente, anteojillo y real, coironales con caiquenes y perdiz austral, gallina ciega, halcón peregrino, bandurrias, avutardas, armadillos y chingues. La avi fauna nativa en su esplendor. El gran ausente, al igual que el visionario de este parque, fue el puma. No hubo caso, no se dejó ver. Tampoco Douglas.
Fui recibido por Cristián Saucedo, un restaurador de naturaleza, que junto a su esposa -también veterinaria- e hijos, Pablo Carrasco, Luigi Solís, entre muchos y muchas construyen este sueño cósmico. No es una secta mística menos una cofradía verde. Son trabajadores de distintas disciplinas, que bajo un sol de montaña realizan tareas diversas. El soplo vital de la creación se quiebra con varias casas construidas con piedra primigenia, exquisitamente decoradas, con techos de cobre chileno, brindan amable hospedaje al visitante. Una infraestructura equivalente a un hotel de cinco estrellas espera a los elegidos. Estas hermosas casas, de una estética que recuerda las estancias de la oligarquía ganadera argentina nubla el luminoso proyecto. Extravía en la amnesia lo que fue la pobreza y marginalidad de la conquista de la Patagonia chilena. Este punto, a mi juicio, plantea un gran tema. El proyecto es implacable para expulsar las especies exóticas pero a su vez importa una estética que amnistía la dura y cruda colonización austral. Confunde los orígenes y sepulta la memoria.
Opté por dormir en mi carpa, bajo las estrellas, sobre tierra sagrada. En este hermoso valle comunidades nómades de Tehuelches, pueblos originarios de la Patagonia, encontraron refugio y alimento. Si cierras los ojos aún se escuchan sus pasos trashumantes. También encontraron sueño eterno como lo indican vestigios de “chenques” (tumbas). Todo este paraíso terrenal será entregado en forma absolutamente gratuita al Estado chileno. Sin embargo, no ha sido ha sido fácil construir esta utopía verde. La burocracia estatal y conservadora desconfianza políticas son obstáculos formidables. Se impone el refrán de que cuando la limosna es muy buena hasta el santo desconfía. Lo que vi y fotografié es un trabajo abnegado, serio, por agotar esfuerzos para otorgar protección a la biodiversidad del Valle de río Chacabuco. Un homenaje a la Tierra, a la madre Tierra.
Mis dudas sobre el éxito final de este proyecto no surgen de la protección de los ecosistemas y la viabilidad de la conservación. Surgen del análisis del marco jurídico administrativo que tiene el Estado chileno para hacerse cargo del proyecto una vez esté finalizado y convertido en un flamante Parque Nacional. El Estado chileno carece de instrumentos legales y administrativos para que el Parque funcione con lo estándares como está diseñado. ¿Podrá el Estado chileno hacerse cargo de un Parque Nacional en el extremo Sur cuando a veces no es capaz de administrar un hospital o una Escuelita de barrio? Son los desafíos que tenemos los chilenos. Nuestra legislación ambiental es precaria. Incluso si se moderniza existen debilidades en lo que es la administración del parque, alojamiento, zonas de camping, etc y además el riesgo que significa 70 kilómetros de camino público que atraviesa de extremo a extremo, como un río de piedra, el futuro parque. Pero hay otras amenazas. Una más mortífera que el turista descuidado que arroja pañales y latas de cervezas, es la peligrosa cercanía con el mega proyecto hidroeléctrico de ENDESA. Nuevamente choque de visiones de la vida. Concluyo que el futuro Parque Nacional Patagonia es lo más cercano a lo que escribió alguna vez Octavio Paz –marcando mi fotografía- que es recuperar esa mirada anterior que tuvimos como comunidad. “Todos vimos alguna vez el mundo con esa mirada anterior pero hemos perdido el secreto” dijo el poeta Octavio Paz. Esa mirada anterior nos permitió respetar las aguas de ríos, lagos y cascadas, sentir el vuelo de aves, admirar la fuerza de bosques solitarios y recibir el viento que baja de montañas tutelares. Cristian, Paula, Daniela, Pablo, Kristine, Luigi, Tompkins, Isabel, René y muchos otros hombres y mujeres, de Chile y de otras latitudes, gladiadores ambientalistas en un mundo que se incendia, nos reafirman la convicción y esperanza que Parque Nacional Patagonia es la última utopia verde a la que podemos aferrarnos.
Por Rodrigo De Los Reyes Recabarren
rodrigodlr@patagoniachile.cl
Fue así como tomé contacto con Daniela Castro Polanco, Ingeniero Agrónomo, Encargada de Proyectos y Programas de Conservación Patagónica, una embajadora del Parque y de la Fundación Conservación Patagónica, que preside Kristine McDivitt Tompkins. Comenté a Daniela que había escuchado historias de infames pumas que pululaban en la ex estancia ganadera y que devoraban las ovejas de los modestos pobladores vecinos del parque. Daniela me contactó con Cristian Saucedo, Médico Veterinario, Director de Vida Silvestre. Ambos formados con Dennis Aldridge, en proyectos de biodiversidad que ejecutó la Corporación Nacional Forestal. Me contaron de un programa de monitoreo de pumas, de la expulsión de especies exóticas y de amaneceres espléndidos. Entusiasmado con la posibilidad de captar con mi lente estos felinos en su hábitat natural, una mañana de Diciembre emprendí viaje al sur del Sur, a fotografiar el “Serengeti de la Patagonia”
Llegué en un hermoso día de sol a Valle Chacabuco. Se ingresa por el camino internacional “Entrada Baker” que atraviesa la ex Estancia y termina en el Paso Fronterizo Roballos, límite con la Provincia de Sta. Cruz, Argentina. Una mínima intervención en señalética vial nos anuncia que estamos frente a algo distinto. Un camino de bajo estándar pero bien mantenido me permitió recorrer el futuro parque. Los viejos cercos de la estancia ganadera fueron retirados. Acostumbrado a recorrer la región, fotografiándola desde incómodos ángulos por las tranqueras y cercos, y ahora mirar un valle despejado “desde su interior” es algo que se agradece. Las interminables alambradas que se perdían en el horizonte dejaron de herir la estepa patagónica. Ahora la biodiversidad en el Valle del río Chabuco comienza a comulgar con el futuro.
En Parque Nacional Patagonia, ubicado en la Región de Aysén, la naturaleza se muestra impresionantemente desnuda de intervenciones humanas. No fue difícil ver y fotografiar guanacos tutelares, cuyas siluetas se recortan en el valle o en lo alto de mesetas rocosas, vizcachas australes, águilas mora, ñandúes, lagos con cisnes coscorobas (de entero color blanco) y de cuello negro, flamencos, patos cortacorriente, anteojillo y real, coironales con caiquenes y perdiz austral, gallina ciega, halcón peregrino, bandurrias, avutardas, armadillos y chingues. La avi fauna nativa en su esplendor. El gran ausente, al igual que el visionario de este parque, fue el puma. No hubo caso, no se dejó ver. Tampoco Douglas.
Fui recibido por Cristián Saucedo, un restaurador de naturaleza, que junto a su esposa -también veterinaria- e hijos, Pablo Carrasco, Luigi Solís, entre muchos y muchas construyen este sueño cósmico. No es una secta mística menos una cofradía verde. Son trabajadores de distintas disciplinas, que bajo un sol de montaña realizan tareas diversas. El soplo vital de la creación se quiebra con varias casas construidas con piedra primigenia, exquisitamente decoradas, con techos de cobre chileno, brindan amable hospedaje al visitante. Una infraestructura equivalente a un hotel de cinco estrellas espera a los elegidos. Estas hermosas casas, de una estética que recuerda las estancias de la oligarquía ganadera argentina nubla el luminoso proyecto. Extravía en la amnesia lo que fue la pobreza y marginalidad de la conquista de la Patagonia chilena. Este punto, a mi juicio, plantea un gran tema. El proyecto es implacable para expulsar las especies exóticas pero a su vez importa una estética que amnistía la dura y cruda colonización austral. Confunde los orígenes y sepulta la memoria.
Opté por dormir en mi carpa, bajo las estrellas, sobre tierra sagrada. En este hermoso valle comunidades nómades de Tehuelches, pueblos originarios de la Patagonia, encontraron refugio y alimento. Si cierras los ojos aún se escuchan sus pasos trashumantes. También encontraron sueño eterno como lo indican vestigios de “chenques” (tumbas). Todo este paraíso terrenal será entregado en forma absolutamente gratuita al Estado chileno. Sin embargo, no ha sido ha sido fácil construir esta utopía verde. La burocracia estatal y conservadora desconfianza políticas son obstáculos formidables. Se impone el refrán de que cuando la limosna es muy buena hasta el santo desconfía. Lo que vi y fotografié es un trabajo abnegado, serio, por agotar esfuerzos para otorgar protección a la biodiversidad del Valle de río Chacabuco. Un homenaje a la Tierra, a la madre Tierra.
Mis dudas sobre el éxito final de este proyecto no surgen de la protección de los ecosistemas y la viabilidad de la conservación. Surgen del análisis del marco jurídico administrativo que tiene el Estado chileno para hacerse cargo del proyecto una vez esté finalizado y convertido en un flamante Parque Nacional. El Estado chileno carece de instrumentos legales y administrativos para que el Parque funcione con lo estándares como está diseñado. ¿Podrá el Estado chileno hacerse cargo de un Parque Nacional en el extremo Sur cuando a veces no es capaz de administrar un hospital o una Escuelita de barrio? Son los desafíos que tenemos los chilenos. Nuestra legislación ambiental es precaria. Incluso si se moderniza existen debilidades en lo que es la administración del parque, alojamiento, zonas de camping, etc y además el riesgo que significa 70 kilómetros de camino público que atraviesa de extremo a extremo, como un río de piedra, el futuro parque. Pero hay otras amenazas. Una más mortífera que el turista descuidado que arroja pañales y latas de cervezas, es la peligrosa cercanía con el mega proyecto hidroeléctrico de ENDESA. Nuevamente choque de visiones de la vida. Concluyo que el futuro Parque Nacional Patagonia es lo más cercano a lo que escribió alguna vez Octavio Paz –marcando mi fotografía- que es recuperar esa mirada anterior que tuvimos como comunidad. “Todos vimos alguna vez el mundo con esa mirada anterior pero hemos perdido el secreto” dijo el poeta Octavio Paz. Esa mirada anterior nos permitió respetar las aguas de ríos, lagos y cascadas, sentir el vuelo de aves, admirar la fuerza de bosques solitarios y recibir el viento que baja de montañas tutelares. Cristian, Paula, Daniela, Pablo, Kristine, Luigi, Tompkins, Isabel, René y muchos otros hombres y mujeres, de Chile y de otras latitudes, gladiadores ambientalistas en un mundo que se incendia, nos reafirman la convicción y esperanza que Parque Nacional Patagonia es la última utopia verde a la que podemos aferrarnos.
Por Rodrigo De Los Reyes Recabarren
rodrigodlr@patagoniachile.cl
