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La inminencia del acto electoral, la mayor incertidumbre de sus resultados (con sus lamentables índices de abstención, votos nulos y no inscritos) pareciera haber logrado sacudir al resto participante de la sociedad y empujado a los indecisos ante la elección que debe significarse sin olvido en dos de los múltiples problemas:
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la posible vuelta del pinochetismo y la recuperación honrosa de los tres o cuatro millones de chilenos que están marginados de las decisiones nacionales en una suerte de exilio de la patria en la propia patria.
Las condiciones heredadas de la dictadura mantenidas y perfeccionadas en gran medida por la Concertación han creado en estos años el adefesio cívico que ha hecho que un sector muy importante y electoralmente decisivo de chilenos, que no se reconoce en ninguna entidad, enfrente en cada elección presidencial a la disyuntiva obligatoria de tener que ausentarse, anular o votar por lo que estima “el mal menor” y no por la expresión libre de su voluntad política por obra y gracia del perverso binominalismo electoral .
Esta condición ya antigua se anhelaba superar ahora con el surgimiento de sectores críticos y rebeldes en los partidos de Gobierno –Concertación en particular del Partido Socialista- y que se abrieran paso alternativas democráticas. No ha sido así y aunque se reconocen progresos menores la situación del 2010 es similar a las de elecciones anteriores responsabilidad que corresponde desde luego al clan Pinochetista, a la Concertación gobernante pero también, aunque en grado muy menor, a la ausencia de criterios de unidad y de definición política más allá de la pura inconformidad en la acción de estos sectores y tal vez también en parte importante de la votación obtenida por Marco Enríquez.
Por lo tanto una vez más se presenta la disyuntiva de optar por la ausencia, el mal menor o la derecha dictatorial decisión que parece ser decisiva y que puede estar fuertemente influida por la consigna de que ambas candidaturas son lo mismo. Haciendo abstracción de las virtudes y carencias de los candidatos, (tan alejados ambos del ancestro histórico) y de la estrechez diferencial de sus programas pienso que ambas no son lo mismo y que en la elección debería primar la voluntad y la decisión anti derecha.
El candidato Piñera significa si no el retorno del zafio y amoral Pinochet, sí el de su reserva política que desde el borde de la cancha disfrazada como demócrata constitucional y republicana ha engordado con el alimento de la nación y se continua jugando por la ausencia electoral que le favorece. En tanto la candidatura de Frei, en esto tan insuficiente, al menos ha terminado reconociendo su gravedad e importancia e insinúa la corrección política y moral que exige el país.
No hay que confundirse con la guerrilla de fines de campaña, la ley del mal menor se ha vuelto a imponer y es una realidad que hay que reconocer y un imperativo político y moral es la recuperación cívica de esos millones de compatriotas que están exiliados de su país en su país con las cerraduras del binominalismo ante lo cual se impone el sentido principal de eliminar el estigma de esa marginación y que tal vez ahora mismo un compromiso público, prioritario y transparente tenga la altura moral y política que exige el momento que se vive. Ojalá que en el futuro antes que por el mal menor todos los chilenos puedan mas bien votar por lo que creen el bien mayor de la Patria. *Escritor, médico y político chileno, ex-Diputado del Congreso Nacional; exiliado en México desde 1973.
Las condiciones heredadas de la dictadura mantenidas y perfeccionadas en gran medida por la Concertación han creado en estos años el adefesio cívico que ha hecho que un sector muy importante y electoralmente decisivo de chilenos, que no se reconoce en ninguna entidad, enfrente en cada elección presidencial a la disyuntiva obligatoria de tener que ausentarse, anular o votar por lo que estima “el mal menor” y no por la expresión libre de su voluntad política por obra y gracia del perverso binominalismo electoral .
Esta condición ya antigua se anhelaba superar ahora con el surgimiento de sectores críticos y rebeldes en los partidos de Gobierno –Concertación en particular del Partido Socialista- y que se abrieran paso alternativas democráticas. No ha sido así y aunque se reconocen progresos menores la situación del 2010 es similar a las de elecciones anteriores responsabilidad que corresponde desde luego al clan Pinochetista, a la Concertación gobernante pero también, aunque en grado muy menor, a la ausencia de criterios de unidad y de definición política más allá de la pura inconformidad en la acción de estos sectores y tal vez también en parte importante de la votación obtenida por Marco Enríquez.
Por lo tanto una vez más se presenta la disyuntiva de optar por la ausencia, el mal menor o la derecha dictatorial decisión que parece ser decisiva y que puede estar fuertemente influida por la consigna de que ambas candidaturas son lo mismo. Haciendo abstracción de las virtudes y carencias de los candidatos, (tan alejados ambos del ancestro histórico) y de la estrechez diferencial de sus programas pienso que ambas no son lo mismo y que en la elección debería primar la voluntad y la decisión anti derecha.
El candidato Piñera significa si no el retorno del zafio y amoral Pinochet, sí el de su reserva política que desde el borde de la cancha disfrazada como demócrata constitucional y republicana ha engordado con el alimento de la nación y se continua jugando por la ausencia electoral que le favorece. En tanto la candidatura de Frei, en esto tan insuficiente, al menos ha terminado reconociendo su gravedad e importancia e insinúa la corrección política y moral que exige el país.
No hay que confundirse con la guerrilla de fines de campaña, la ley del mal menor se ha vuelto a imponer y es una realidad que hay que reconocer y un imperativo político y moral es la recuperación cívica de esos millones de compatriotas que están exiliados de su país en su país con las cerraduras del binominalismo ante lo cual se impone el sentido principal de eliminar el estigma de esa marginación y que tal vez ahora mismo un compromiso público, prioritario y transparente tenga la altura moral y política que exige el momento que se vive. Ojalá que en el futuro antes que por el mal menor todos los chilenos puedan mas bien votar por lo que creen el bien mayor de la Patria. *Escritor, médico y político chileno, ex-Diputado del Congreso Nacional; exiliado en México desde 1973.
