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Agosto 18, 2026

Los males menores cuestan caro

La inminencia del acto electoral, la mayor incertidumbre  de sus resultados (con sus lamentables índices de abstención, votos nulos y no inscritos) pareciera haber logrado sacudir al resto participante  de la sociedad y empujado a los indecisos ante la elección que debe significarse sin olvido en dos de los múltiples problemas:

la posible vuelta del pinochetismo y la recuperación honrosa de los tres o cuatro millones de chilenos que están marginados de las decisiones nacionales en una suerte de exilio de la patria en la propia patria.

Las condiciones heredadas de la dictadura mantenidas y perfeccionadas en gran medida por la Concertación han creado en estos años  el adefesio cívico que ha hecho  que un sector muy importante y electoralmente decisivo de chilenos, que no se reconoce en ninguna entidad, enfrente en cada elección presidencial a la disyuntiva obligatoria de tener que ausentarse, anular o votar por lo que estima  “el mal menor” y no por la expresión libre de su voluntad política por obra y gracia del perverso binominalismo electoral .

Esta condición ya antigua se anhelaba superar ahora con el surgimiento de sectores críticos  y rebeldes en los partidos de Gobierno –Concertación en particular del Partido Socialista- y que se abrieran paso alternativas democráticas. No ha sido así y aunque se reconocen progresos menores la situación del 2010 es similar a las de elecciones anteriores responsabilidad que corresponde desde luego al clan Pinochetista, a la Concertación gobernante pero también, aunque en grado muy menor, a la ausencia de criterios de unidad y de definición política más allá  de la pura inconformidad en la acción de estos sectores  y tal vez también en  parte importante de la votación obtenida por Marco Enríquez.

Por lo tanto una vez más  se presenta la disyuntiva  de optar  por la ausencia, el mal menor o  la derecha dictatorial decisión  que parece ser decisiva y que puede estar fuertemente  influida por la  consigna de que ambas candidaturas son lo mismo. Haciendo abstracción  de las virtudes y carencias  de los candidatos, (tan  alejados ambos del ancestro histórico) y de la estrechez diferencial de sus programas pienso que ambas no son lo mismo y que en la elección debería primar la voluntad  y la decisión anti derecha.  

El candidato Piñera  significa  si no el retorno del zafio y amoral Pinochet, sí el de su reserva política que desde el borde de la cancha disfrazada como demócrata  constitucional y republicana ha engordado con el alimento de la nación y se continua jugando por la  ausencia electoral que le favorece. En tanto la candidatura de Frei, en esto tan insuficiente, al menos ha terminado reconociendo su gravedad e importancia e  insinúa la corrección política y moral que exige el país.

No hay que confundirse con la guerrilla de fines de campaña, la ley del mal menor se ha vuelto a imponer y es una realidad que  hay que reconocer y un imperativo político y moral es la recuperación cívica de esos millones de  compatriotas que están  exiliados  de su país en su país con las cerraduras del binominalismo ante lo cual  se impone el sentido principal de eliminar el  estigma de esa marginación y que tal vez ahora mismo un compromiso público, prioritario y transparente tenga la altura moral y política que exige el momento que se vive. Ojalá que en el futuro  antes que por el mal menor todos los chilenos puedan   mas bien votar por lo que creen el bien mayor de la Patria.

*Escritor, médico y político chileno, ex-Diputado del Congreso Nacional; exiliado en México desde 1973.