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Agosto 19, 2026

Empecemos bien el año

Empecemos bien el año, sin discursos retóricos de reyes obscenos, desde las nubes de palacio… de presidentes con escenarios de cartón, de gobernantes con lenguas viperinas. Empecemos sin mentiras televisadas, sin noticias falsas, sin miedo artificial. Empecemos el año pensando que todo será mejor, que Obama se inclinará más por la paz que por la guerra, que el mundo le dedicará más dinero al hambre y la sed, que a la muerte y las armas. Que los políticos dejarán la hipocresía para hablar por fin con la verdad. Que la gente cambiará el egoísmo por esperanza. 

Que la globalización sea real y no solo un truco de economistas desalmados, un escenario para ricos, con intereses creados. Una globalización que acabe con los abismos materiales y los abusos injustos. Empecemos el año parando bombardeos, asesinatos selectivos, planes de ataque, explosivos adosados al cuerpo, cuerpos especiales adosados a la venganza. Un año sin peleas a muerte para ver cual de todos los dioses es el más benévolo.

Un año sin cumbres inútiles, sin banquetes ostentosos, sin G-8, ni G-20, ni G nada. Que vengan los compromisos cumplidos, los acuerdos firmes, los resultados. ¿No sería ese un buen comienzo?

Hagamos que las libertades sean respetadas y no una alfombra para dictadores, lleven uniformes, corbatas, camisetas, sonrían o renieguen. Liberemos a la verdadera democracia, a los presos inocentes, a las ideas secuestradas, a los retenidos por la fuerza. Empecemos el año pensando que terminarán las torturas, las cárceles clandestinas, los arrestos ilegales, los secuestros. Pero deseándolo con los ojos abiertos y no con la venda en la cara. ¿Se puede? ¿Se puede hacer realidad este deseo? ¿No es así como se empieza; deseando?

¿Qué nos lo impide? Comenzar una época distinta, con otras miras, con otros objetivos. Sin lobys que administren avaricias, ni prensa escrita con gomas de borrar. Sin periodistas doblegados, asesinados, encerrados. Con libertades civiles vivas, defendidas, fuertes, practicadas.

Un año en que la gente pueda salir de su casa sin miedo, sin miedo a que explote una bomba, o se escuchen balazos, o se acabe el dinero de la compra. Que desaparezcan las cortinas de humo, abiertas de par en par las ventanas de la vida. Que brille el sol y no el fósforo blanco. Que griten los niños jugando, no de pánico.

Acabemos con la crisis, con la crisis mental, espiritual, política, de líderes, de ideas.

Un año, que dé paso a muchos otros años de trabajo, trabajo en conjunto, de unión, de esfuerzo común para crear un mundo mejor y no un suicidio colectivo.

Con techos encima de las cabezas, con platos de comida encima de las mesas, con dignidad en las obligaciones, con respeto mutuo, con justicia. Saquémosla del coma, reanimación urgente de una dama suplantada por una actriz a sueldo de un mal guionista.

¿Podemos? ¿Realmente podríamos cambiar las cosas o estoy escribiendo estupideces?

El ser humano ha de estar perdido, si no le queda ya esperanza en nada bueno. Las utopías se convierten en bobadas, almacenadas entre la fantasía y la ciencia ficción. ¿Y cuál es el camino entonces? ¿Quedarse sentado esperando el cataclismo ecológico retransmitido en directo con espacio reservado a los patrocinadores?

Si mis deseos no son coherentes, que alguien me lo diga. Que alguien me indique cuales deberían ser los deseos de año nuevo. Que alguien me diga que ésta humanidad esta perdida para siempre, y me callaré. Que alguien me diga de una vez que es completamente imposible desterrar el hambre, la sed, la injusticia, la pobreza, la violencia… Y que me digan por qué, si no es mucho pedir.

Tenemos la certeza de que siempre habrá una sombra en todo paraíso, una manzana podrida, un personaje capaz de empuñar un arma, de matar por dinero, de promover un genocidio por su interés particular, por el de un grupo reducido. ¿Siempre ha de haber grupos minúsculos con ambiciones desmedidas y secretas?

Tan convencidos estamos de la maldad, que toda aspiración por utopías queda reducida al ridículo. Lo sabemos, sabemos que siempre habrá un aprovechado que torture, secuestre, invada, asesine, queme, arrase para beneficiarse, maquillando su egoísmo con ideales absurdos, cubriendo los cadáveres con un manto de razón, bordado con extrema hipocresía, con veneno en las agujas.

Es inútil pelear contra la parte más humana. ¿Cuál es la parte más humana? ¿La que destruye o la que crea? La naturaleza humana, sospechosa de todos los crímenes, pero jamás apercibida en juzgado alguno.

Que alguien me diga que este mundo deseado es imposible, completamente imposible y borraré mis palabras, afilando un año más el lápiz para escribir en contra de toda esta barbarie que se repite una y otra vez.

¿Hago mal en desear un mejor año? Que alguien me diga que sí, que otro mundo sí es posible, para que seamos dos, al menos, los locos que aún creen en estas tonterías.