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Agosto 18, 2026

La revancha del 20 por ciento…

Las trincheras de Frei y Piñera asumen vital captar parte del electorado de Enríquez Ominami. ¿Se fijaron? Diría que los obsesiona. Todos inventando mensajes diarios tras la caza del voto díscolo.  Unos apuran el acercamiento con bases del mal llamado Marquismo, otros echan mano al perfil del nuevo sufragante, homogenizándolo con sociología simplista.  

Ambos se equivocan. Por desgracia para sus intenciones de triunfo.

Vamos por parte. Lo esencial es que el Marquismo no existe. Y en caso de que sea un carril probable que enriele corrientes de cambio, el ex candidato debe dar muestras mucho más concretas que una campaña efectista, una afirmada en las buenas prácticas comunicacionales. Hoy alcanzaba. En cuatro años más, probablemente no.

Para entender el fenómeno es mejor adentrarse en ese casi millón cuatrocientos mil adherentes. Todos, entendiblemente aburridos de la dicotomía vetusta y permanente –izquierda y derecha, como paso de baile entretenido-, todos con distintos grados de conciencia social y madurez política. Tinte primordial para lo que viene en enero. Por lo mismo, desglosemos ese 20% de cara al balotaje. Veamos cómo desequilibran.

Probablemente la mitad se devuelva a su cauce natural. Votaron a ME-O viendo en él al nuevo rostro de la clase dirigente chilena. Comparten una idea, apelan a la centro-izquierda, a la renovación. Un grueso de papeletas que incrementa las posibilidades de Frei. El perfil de ciudadano con adicción a los medios, a las propuestas destellantes, a la tv, internet y la moda de arrimar la derecha con el Pinochetismo caudillista. Son ante todo, pro-concertacionistas. Más o menos rebeldes. Representan la cifra que acortará la diferencia de cara a la segunda vuelta. No alcanzan para ganar la elección.   

Muy menor es el porcentaje anti-oficialista. El que vio en Enríquez-Ominami un aliado contra el aparato administrativo que lleva demasiado tiempo en las alfombras estatales. De allí desprenden algunos ex asesores que se pasaron al comando de Piñera. Pertenecen a un grupo social segmentado y privilegiado, como su cabecilla cineasta. Influyen en el discurso y en la generación de propuestas por un tema de estatus. Tampoco alcanzan a definir quién asume en marzo

¿Quiénes quedan? Una nota de televisión los apunta como “la niña bonita de los comicios”. Capaz que tengan razón. Se les acusa de entregarle La Moneda a Piñera por parte de los feligreses gubernamentales. Por contrapartida, en la derecha caen como inconsecuentes al no apurar el cambio. Ni lo uno ni lo otro. Es un segmento cívicamente reflexivo. Con suficiente visión del Chile de hoy.

Casi medio millón de votos que no se vendió antes ni se arrepiente ahora. Jamás pensaron como presidente a ME-O y por lo mismo, le entregaron su apoyo. Es gente enterada, consume información suficiente. Sabían quién era este representante de la clase disconforme, sus reales posibilidades, su creciente efecto en las encuestas y los intereses detrás de su campaña. Lo utilizaron. Conscientes de que era menos volátil que rayar el voto o dárselo a Arrate. Asimilando que iban a generar un terremoto político. No se equivocaron.

Son ellos los que pueden sacar a ese conglomerado partidista del poder, son ellos los que a su vez le quitaron el piso al empresario RN para ganar el pasado 13 de diciembre. Definirán mucho. No por mero acto, aunque puede que sí por omisión. Y es entendible.

Llevan 20 años sin saber de bonos, de oportunidades, del mentado crecimiento. Si bien reconocen el avance global, se cansaron de verlo desde la ventana. No tienen miedo de asumir  responsabilidad, se reconocen decisivos, necesarios para llegar a La Moneda. Se entiende protagonistas en la mejor victoria o la más dura derrota popular. Ponen el pecho e ignoran tal presión, defienden su ideal. No dejaron pasar esta oportunidad de hacerse escuchar.

Son los verdaderos díscolos. Los que entienden las luchas del pasado como terminadas hace rato. Asumen que el mandato de uno u otro cambiará políticas y enroques de forma. Jamás atentará hacia el crecimiento de fondo.

Yo estoy en ese grupo. No nos iremos de vacaciones. Ya sea con voto nulo o blanco aceptaremos el veredicto del pueblo sin mancharnos las manos por cualquiera de “los de siempre”. ¿Por qué? Simple. Nos aburrimos de ser cómplices…