| Ayer, Clarín* publicó un artículo de Salvador Muñoz, Presidente del Partido de Izquierda (PAIZ) “¿Indulto para Frei y la Concertación?”. Es un artículo que debe promover discusión porque tiene bastantes aspectos interesantes. Y otros no menos controvertidos. |
Los cantos de cisnes -se dice que el cisne canta antes de morir- ya a esta altura de la vida no me impresionan mucho. Especialmente cuando el canto habla de lo no dicho: quizás se refiera a algo que pensó, pero no dijo y, peor aún, no hizo…
En este país de promesas (incumplidas) Paíz dice algunas cosas que suenan bonito: Asamblea Constituyente / Terminar con la camisa de fuerza impuesta por la dictadura / Formidable Oposición a la derecha / y también suena bonito eso de que el pueblo nunca obtuvo nada sin lucha. Esto último es absolutamente cierto.
En sus tiempos de ministro de educación del líder inspirador de este nuevo paíz -o paisito, si seguimos las normas de lo que nos fuerzan a aceptar- nunca escuchamos de su parte un llamado a hacer un esfuerzo educacional de lucha y equidad para romper la LEG o de jugarse por hacer una discriminación positiva (i.e., asegurarle a los históricamente marginados, a los más pobres, como son los Mapuche y otros pueblos originarios, más aún que al promedio, las facilidades educacionales y reconocerles la lengua, cultura y costumbres. Además de hacerlo con aquellos que vivían en la pobreza que excluye. La infraestructura que quedara para el pueblo Mapuche, para dar un solo ejemplo que es lapidario, después de su pasada por ese ministerio, seguía siendo tan mala como antes y no quedó recuerdo otro que: “se hizo más de lo mismo”. Francamente: Nada para pasar a la historia. Es decir, no era el futuro que llegaba en este país que ya se creía eso de ser el futuro económico mundial.. Menos lo escuchamos en una franca campaña contra la Constitución de marras que él, tranquilamente, seguía aplicando. Parecía contento… defendía su puesto… igual que los demás y miraba a un futuro idéntico. Por lo menos parecía así. No se le escuchó, entonces, decir nada diferente. Ni menos liderarlo. Y ahora este cambio de intenciones ¿por qué? ¿Le cayó la chaucha después de haberse callado por tanto tiempo?
Y ahora, se suman a las luchas o llaman a formar otro partido (“este sí que va a ser el partido”)… Porque los dos candidatos que “quedan” juran nuevas cosas y eso, lo sabemos, no significa sino buscar desesperadamente seguir vendiendo el país al mejor postor y a quien más quiera ganar.
¿Dónde están las nuevas formas de lucha que proponen, cuales son sus temas prioritarios? ¿O se tratará de un nuevo culebrón de la TV para el nuevo año que cambia su farándula? (Lo digo así, no para ridiculizar nada sino para ponerlo en el contexto de las últimas décadas)
Las necesidades ya están allí, y el pueblo las va levantando de modo creciente porque su situación no da para más. Si este paiz quiere ser parte del país que debe venir tiene que demostrarlo en las luchas que reconoce como necesarias y no en vender entradas para un partido que por ahora no entibia nada. (Aunque diga lo que ya es obvio y pueda tocarnos algunas fibras íntimas de esperanza). Los derechos humanos fundamentales son los que deben unirnos. Y no entrar en una nueva tienda simplemente porque se abre una nueva tienda. Los llamados de sirenas no sirven (perdonen la zoologización en el lenguaje pero en torno a los períodos electorales, por varias razones, también se muge, se ladra, se aúlla, se ruge y se trina aunque de rutina escuchemos más bien demasiados rebuznos seguidos de mordiscos y palos y balines y más promesas…)
Hay que demostrar lo que se dice para ganarse un lugar en esos frentes que seguirán creciendo. Nosotros mismos tenemos que crecer como personas en lo que no hemos podido o sabido hacer. Querer participar en esta luchas es muy bueno pero, no creo que eso deba hacerse pretendiendo que “nuestro nuevo partido lo va dirigir” (Tal vez no fue la intención usada al decirlo, pero ya estamos acostumbrados que esa es la forma). Especialmente porque no fue hecho hasta hace una semanas –por mucho que Arrate haya sido un de los menos incoherentes en sus exposiciones. Pero tampoco se la jugó ni fue específico. Y entonces, quizás, si se avanza y el esfuerzo es sostenido y respetable podemos, todos, ir organizando los frentes necesarios para lo que se requiere. Hacerlo porque esos esfuerzos, no las promesas, son las que lo merecen. Y esto de aprender tarde, pero aprender y hacer. es para todos los que queremos poner rumbo para los cambios verdaderos.
Acercarse a los grupos que luchan por terminar con la malvada flexibilidad laboral: a los sindicatos (que son tan pocos y deben aumentar para pesar realmente), a sectores de mineros, pescadores, profesores, estudiantes, sector salud, empleados, servicios, universitarios, grupos de derechos humanos, etc… Y todos luchar por los derechos fundamentales. Pero, hacer “borrón y cuenta nueva”, no funciona. Estos derechos fundamentales deben y pueden llevar al país a un referendo, a una Asamblea Constituyente y, sobre todo, impedir que siga la rifa del país, la rifa del futuro de los jóvenes con una educación que también es de apartheid, no sólo para los pueblos originarios, sino para los que no son parte de los privilegiados de este país. Para que se respete a nuestros viejos. A todos.
Cuidémonos -y lo digo fraternalmente- en lanzar más voladores y luces de colores. El pueblo debe poder volar muy alto, tan alto como las águilas, aunque nos hayan tenido a un nivel más bajo que el vuelo de las gallinas. Hacerlo y demostrándolo nos debe permitir hacer la diferencia. Y a los compañeros que lo proponen no se trata de denigrarlos sino, seriamente indicar que somos muchos y que debemos aprender a trabajar de modo solidario y con objetivos que no son los de una elección a cuatro años más.
Para responder a una pregunta clave –que tampoco posterga las luchas del pueblo por sus derechos que son las que más educan- hay que trabajar juntos: ¿Cómo nos aseguramos de que se fuerza un Referendo para una Asamblea Constituyente que lleva a una nueva constitución, democrática, participativa, equitativa sin tener que pedirle permiso a los “binominados y al Tribunal Constitucional” que exigen asegurarse de que sólo se puede hacer por el camino de la Constitución actual –mal gestada y mal parida? Hay que abrir nuevos espacios y formas de trabajo.
¿Podemos caminar juntos para hacerlo? ¿Todos juntos, dejando nuestras limitaciones y tradiciones electoralistas que, inteligentemente la dictadura y sus “legisladores” nos pusieron como zanahoria tras la que debemos correr para siempre? No va a ser un festival de farándula como el visto. ¿Pueden los partidos salirse de su empaquetadura electoralista? ¿Podemos? Es decir, todos: los triunfantes y no tan triunfantes, los que creen que por tener algunos nuevos rostros van a cambiar algo cuando el binominalismo no dejó que nada cambiase porque detrás sigue, en los términos actuales, reinando la Constitución de la Dictadura. Con los parches ineficientes de la Concertación que no han llevado sino a más inequidad, a un aumento de la represión, a seguir adorando al mercado y aceptando un mundo especulativo, olvidándose de que la fuerza generadora de calidad en la vida es el pueblo: todos sus miembros y no los elegidos que ya se han tragado el cuento por veinte años y quienes los mandan (el imperio, los grandes inversionistas, las grandes fortunas chilenas).
Una tarea en la que debe de haber un espacio para todos los que quieran y en la que debemos aprender a hacerlo.
José Venturelli Barón
Escrito 23 de diciembre del 2009
http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=19533&Itemid=6324
En este país de promesas (incumplidas) Paíz dice algunas cosas que suenan bonito: Asamblea Constituyente / Terminar con la camisa de fuerza impuesta por la dictadura / Formidable Oposición a la derecha / y también suena bonito eso de que el pueblo nunca obtuvo nada sin lucha. Esto último es absolutamente cierto.
En sus tiempos de ministro de educación del líder inspirador de este nuevo paíz -o paisito, si seguimos las normas de lo que nos fuerzan a aceptar- nunca escuchamos de su parte un llamado a hacer un esfuerzo educacional de lucha y equidad para romper la LEG o de jugarse por hacer una discriminación positiva (i.e., asegurarle a los históricamente marginados, a los más pobres, como son los Mapuche y otros pueblos originarios, más aún que al promedio, las facilidades educacionales y reconocerles la lengua, cultura y costumbres. Además de hacerlo con aquellos que vivían en la pobreza que excluye. La infraestructura que quedara para el pueblo Mapuche, para dar un solo ejemplo que es lapidario, después de su pasada por ese ministerio, seguía siendo tan mala como antes y no quedó recuerdo otro que: “se hizo más de lo mismo”. Francamente: Nada para pasar a la historia. Es decir, no era el futuro que llegaba en este país que ya se creía eso de ser el futuro económico mundial.. Menos lo escuchamos en una franca campaña contra la Constitución de marras que él, tranquilamente, seguía aplicando. Parecía contento… defendía su puesto… igual que los demás y miraba a un futuro idéntico. Por lo menos parecía así. No se le escuchó, entonces, decir nada diferente. Ni menos liderarlo. Y ahora este cambio de intenciones ¿por qué? ¿Le cayó la chaucha después de haberse callado por tanto tiempo?
Y ahora, se suman a las luchas o llaman a formar otro partido (“este sí que va a ser el partido”)… Porque los dos candidatos que “quedan” juran nuevas cosas y eso, lo sabemos, no significa sino buscar desesperadamente seguir vendiendo el país al mejor postor y a quien más quiera ganar.
¿Dónde están las nuevas formas de lucha que proponen, cuales son sus temas prioritarios? ¿O se tratará de un nuevo culebrón de la TV para el nuevo año que cambia su farándula? (Lo digo así, no para ridiculizar nada sino para ponerlo en el contexto de las últimas décadas)
Las necesidades ya están allí, y el pueblo las va levantando de modo creciente porque su situación no da para más. Si este paiz quiere ser parte del país que debe venir tiene que demostrarlo en las luchas que reconoce como necesarias y no en vender entradas para un partido que por ahora no entibia nada. (Aunque diga lo que ya es obvio y pueda tocarnos algunas fibras íntimas de esperanza). Los derechos humanos fundamentales son los que deben unirnos. Y no entrar en una nueva tienda simplemente porque se abre una nueva tienda. Los llamados de sirenas no sirven (perdonen la zoologización en el lenguaje pero en torno a los períodos electorales, por varias razones, también se muge, se ladra, se aúlla, se ruge y se trina aunque de rutina escuchemos más bien demasiados rebuznos seguidos de mordiscos y palos y balines y más promesas…)
Hay que demostrar lo que se dice para ganarse un lugar en esos frentes que seguirán creciendo. Nosotros mismos tenemos que crecer como personas en lo que no hemos podido o sabido hacer. Querer participar en esta luchas es muy bueno pero, no creo que eso deba hacerse pretendiendo que “nuestro nuevo partido lo va dirigir” (Tal vez no fue la intención usada al decirlo, pero ya estamos acostumbrados que esa es la forma). Especialmente porque no fue hecho hasta hace una semanas –por mucho que Arrate haya sido un de los menos incoherentes en sus exposiciones. Pero tampoco se la jugó ni fue específico. Y entonces, quizás, si se avanza y el esfuerzo es sostenido y respetable podemos, todos, ir organizando los frentes necesarios para lo que se requiere. Hacerlo porque esos esfuerzos, no las promesas, son las que lo merecen. Y esto de aprender tarde, pero aprender y hacer. es para todos los que queremos poner rumbo para los cambios verdaderos.
Acercarse a los grupos que luchan por terminar con la malvada flexibilidad laboral: a los sindicatos (que son tan pocos y deben aumentar para pesar realmente), a sectores de mineros, pescadores, profesores, estudiantes, sector salud, empleados, servicios, universitarios, grupos de derechos humanos, etc… Y todos luchar por los derechos fundamentales. Pero, hacer “borrón y cuenta nueva”, no funciona. Estos derechos fundamentales deben y pueden llevar al país a un referendo, a una Asamblea Constituyente y, sobre todo, impedir que siga la rifa del país, la rifa del futuro de los jóvenes con una educación que también es de apartheid, no sólo para los pueblos originarios, sino para los que no son parte de los privilegiados de este país. Para que se respete a nuestros viejos. A todos.
Cuidémonos -y lo digo fraternalmente- en lanzar más voladores y luces de colores. El pueblo debe poder volar muy alto, tan alto como las águilas, aunque nos hayan tenido a un nivel más bajo que el vuelo de las gallinas. Hacerlo y demostrándolo nos debe permitir hacer la diferencia. Y a los compañeros que lo proponen no se trata de denigrarlos sino, seriamente indicar que somos muchos y que debemos aprender a trabajar de modo solidario y con objetivos que no son los de una elección a cuatro años más.
Para responder a una pregunta clave –que tampoco posterga las luchas del pueblo por sus derechos que son las que más educan- hay que trabajar juntos: ¿Cómo nos aseguramos de que se fuerza un Referendo para una Asamblea Constituyente que lleva a una nueva constitución, democrática, participativa, equitativa sin tener que pedirle permiso a los “binominados y al Tribunal Constitucional” que exigen asegurarse de que sólo se puede hacer por el camino de la Constitución actual –mal gestada y mal parida? Hay que abrir nuevos espacios y formas de trabajo.
¿Podemos caminar juntos para hacerlo? ¿Todos juntos, dejando nuestras limitaciones y tradiciones electoralistas que, inteligentemente la dictadura y sus “legisladores” nos pusieron como zanahoria tras la que debemos correr para siempre? No va a ser un festival de farándula como el visto. ¿Pueden los partidos salirse de su empaquetadura electoralista? ¿Podemos? Es decir, todos: los triunfantes y no tan triunfantes, los que creen que por tener algunos nuevos rostros van a cambiar algo cuando el binominalismo no dejó que nada cambiase porque detrás sigue, en los términos actuales, reinando la Constitución de la Dictadura. Con los parches ineficientes de la Concertación que no han llevado sino a más inequidad, a un aumento de la represión, a seguir adorando al mercado y aceptando un mundo especulativo, olvidándose de que la fuerza generadora de calidad en la vida es el pueblo: todos sus miembros y no los elegidos que ya se han tragado el cuento por veinte años y quienes los mandan (el imperio, los grandes inversionistas, las grandes fortunas chilenas).
Una tarea en la que debe de haber un espacio para todos los que quieran y en la que debemos aprender a hacerlo.
José Venturelli Barón
Escrito 23 de diciembre del 2009
http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=19533&Itemid=6324
