También resulta injusto comparar el apoyo cercano al 80% que recibe sostenidamentel la Presidenta Michelle Bachelet en las encuestas con el apoyo obtenido por Frei en la primera vuelta. De partida, el apoyo a la Presidenta no es electoralmente real. Si existiera la posibilidad de reelección y Michelle Bachelet fuera candidata, su apoyo en las encuestas, sin duda alguna, no sería del 80%. Me arriesgo a afirmar que el inédito apoyo a Michelle Bachelet, es otra variante del rechazo al actuar de la Concertación y de las élites políticas en general. En Michelle Bachelet, la ciudadanía percibe el compromiso con sus gobernados y su honradez y honestidad (atributos que también encarna el ex Presidente Frei), lo que contrasta con el máximo nivel de corrupción y nepotismo de estos 20 años -para no hablar del actuar de la derecha al respecto cuando fueron Gobierno durante la dictadura- que se alcanzó en la administración anterior y que se ha ido aplacando durante el actual Gobierno.
En definitiva, es efectivo que Eduardo Frei tiene que recuperar el voto perdido, pero un buen porcentaje de aquél nunca estuvo realmente perdido, sino que podríamos denominarlo un voto díscolo, pero responsable, no enajenado y, consiguientemente, conciente de las prioridades, las que en esta segunda vuelta, dicen relación con una mayor regulación del mercado y protección de los consumidores, la profundización democrática y el empoderamiento de los ciudadanos mediante la consagración constitucional de sus derechos económicos, sociales y culturales en la nueva Constitución del Bicentenario que contempla el programa de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, todo lo cual, se vería absolutamente frustrado con la llegada del empresario Piñera a la Presidencia de la República. Confío en que la sensatez ciudadana nos evite la exhibición al mundo de nuestro propio Cavallieri.