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Agosto 18, 2026

Algunas observaciones sobre Sebastián Piraña, perdón, Piñera…

Un amigo me decía hace un par de días que ver a un facho alabando a Sebastián Piñera no es la gran cosa, total “esa gente nació malvada”: a tal punto su bobería enternece. Lo increíble, agregaba este amigo, es contemplar el grotesco show estelarizado por el populacho nacional, el de los arrabales e inmundicia urbana, que al son de los “charros de Lumaco”, vocifera su absoluta admiración por el inmejorable, “excelentísimo y magnífico” Sebastián Piraña, perdón, Piñera…


Es baladí afirmar que las campañas presidenciales 2009 han sido lo más aburrido de los últimos tiempos. Los candidatos: una humorada. Con la mayor tupé del mundo estos señores han vociferado a los cuatros vientos que bajo sus respectivos gobiernos, Chile se proyectará hacia el infinito, no existiendo límites para su imperio en prácticamente todos los ámbitos: Educación, salud, vivienda, trabajo,, magia negra, concupiscencia. Todo será como en el jardín del Edén, dicen. Ahora bien, existen razones de sobra para creer que el verdadero peligro viene desde las cimas (¿o simas?) de la derecha Chilensis, esa que apernó, acicaló, acunó y lamió al dictador sin reservas y hasta el paroxismo ¿Con qué cara un derechista puede hablar de democracia y ofrecer “el cambio” para Chile por favor? Con la [des]cara[da] de Piñera por supuesto. Él y quién más es capaz de sentarse en un programa de televisión a repetir una y otra vez los mismos discursos atiborrados de clichés que prometen felicidad para vivos y muertos. Dicen que hasta los gnomos y las hadas van a recibir bonos de 40 mil pesos. Lo peor es que mientras nosotros, el vulgo, queríamos saberlo todo respecto a Sebastián Piraña, perdón, Piñera: “¿Usted mira el papel higiénico después que se ha limpiado su trasero? ¿Con quién perdió la virginidad en esa fiesta? ¿Qué palabras le susurra a su señora mientras juguetean en el lecho?”, los medios se encargaron de atosigarnos con la información más irrelevante, aburrida, deprimente, un mero canon de buenas intenciones, el más auténtico merengue intelectual, y que lo único que nos provocó fue sueño. Al menos 2009 fue el año del ahorro en materia de valeriana…

A uno le cuesta entender qué diantres le encuentran de bueno a Sebastián Piraña, perdón, Piñera. De intelectual, adonis, orador y progresista, nada. De charlatán, saltimbanqui y badulaque, todo. Durante meses este hazmerreir se ha paseado como Pedro por su casa en los diversos platós de televisión, explicando por qué el chileno promedio debería darle el voto a “él” y no al otro. De su contrapunto de ignorancia y buenas intenciones, nos vimos en la obligación de armar nuestra conciencia para las presidenciales ¿Por qué debo votar por Piñera? ¿Porque Piñera traerá el famoso cambio? Esa figurilla menuda y plastificada, hija ilustre del marketing y las posibilidades inconmensurables del dinero, se ha mostrado como animal de feria durante tantos años, que a estas alturas uno piensa que su futuro como presidente de la república es posible dado el cansancio de los votantes. Piñera se ha encargado de comerles el cerebro a los chilenos de la forma más desvergonzada; primero con su canal de televisión -la personificación de todo cuanto incumbe a la bajeza y al retorno del imperio de las heces-, y luego con sus campañas publicitarias que atiborraron las tapias urbanas durante tanto tiempo, con su horripilante [des]cara[da]. Encima hubo que tolerar las campañas políticas del resto del corro pinochetista que junto a Piraña, perdón, Piñera, posaba en cada uno de los slogans, donde todos se ofrecían como las prostitutas que iban a traer el “cambio” a Chile. Ecce Hommo.

Y porque en su discurso, Sebastián Piraña, perdón, Piñera, ha espetado una y otra vez que serán precisamente él y su funesto equipo los encargados de traer el cambio a Chile. Según Piraña, perdón, Piñera, en su gobierno habrá “mano dura con los delincuentes”; de ahí que los de su coalición comenzarán a lucir en el corto plazo los moretones dejados por esa “mano dura”. Según Piraña, perdón, Piñera, el chileno -género masculino- promedio gozará de una libertad sin límites dado el altísimo número de policías que bajo su gobierno, atiborrarán los límites urbanos, preocupados de resguardar la “libertad” en la Polis (seguro Piñera hizo una interpretación libre de La República). Sin embargo, sabido es que el famoso “cambio” propuesto por Piraña, perdón, Piñera, en el fondo pretende “cambiar nada” y “en cambio”, anhela mantener el status quo derechista y falocéntrico que ha caracterizado a Chile desde la era del extinto General. De ahí que es posible reducir las propuestas piñerescas a un mero petitio principii. Y en este sentido, llega a doler la guata imaginar a Piraña, perdón, Piñera, ganando en la segunda vuelta del espectáculo circense que son las elecciones 2009 Chilensis. Aunque pensándolo bien, su gobierno sería una buena oportunidad para que las camadas nacidas en “democracia” comprendan de una vez por todas –la frase se la robo a Hannah Arendt- lo que significa coexistir con la mismísima “banalidad del mal”. Virgen santísima, ora pro nobis.

Imaginar a Chile bajo el reinado de Piraña, perdón, Piñera, constituye una de las más horrendas pesadillas. Pero también da miedo el Chile bajo el reinado de Frei (“Arbet macht Frei” se lee en la entrada de Auschwitz). Lo peor es que a estas alturas, dado el trabajo de joyería que la Alianza ha hecho en las poblaciones, el sujeto promedio, el de la clase trabajadora, está volviendo la mirada hacia las promesas nefastas hechas por la coalición pinochetista cuyo único anhelo es mantener la desigualdad social en el país. Por otra parte, es prácticamente imposible imaginar prosperidad en el ámbito intelectual cuando una de las principales maniobras empleadas por casi todos los gobiernos de derecha a nivel mundial, es castigar la disidencia y por todos los medios. Uno se pregunta ¿Qué le pasa a Chile? ¿Está involucionando? ¿Vivimos sumergidos, como dijera Nietzsche, en el eterno retorno de lo mismo? ¿Nunca podremos surgir? El lugar más común en nuestro tiempo es vomitar odio contra Piñera y todo lo que él representa, pero ¿Qué otra alternativa nos queda?