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Agosto 18, 2026

Explorando la California roja

Marysville: 12 268 habitantes (71% blancos; 18% Latinos). Ingreso promedio por hogar: $28 494; 19% vive por debajo del nivel de pobreza. (Censo del año 2000.) Perdidos mi esposa y yo, detuvimos el auto. El cartel junto al camino alertaba: “Puerta de Los Campos Dorados”. Dos adolescentes abrazados, saltando y riendo, gritaron las instrucciones para llegar al motel.

“Drogados”, dije. Mi esposa asintió. Qué sorpresa, los adolescentes usan metanfetamina en un pequeño pueblo del centro de California!

Cuando pedimos a la empleada en la recepción del motel nos recomendara un buen lugar donde comer respondió: “Hay un McDonald’s y un Burger King cerca de aquí”, hizo una pausa. “Y un Carl’s Jr. también”.

¿Y algo que no sea comida rápida?

“La súper mejor comida en el pueblo está en el Silver Dollar Saloon. A todos los huéspedes los mando allí, digo, a los que preguntan.  Me debieran hacer un descuento o algo”.  Se echó a reír.

Comprendimos sus límites culinarios, pero en actitud exploratoria seguimos sus indicaciones para llegar al “distrito histórico”, y después de ver un templo  Beth Shalom misteriosamente cerrado, cruzamos la calle hasta un Museo Chino también cerrado.

Supimos que en 1854 el descubrimiento de oro atrajo a los chinos a California. Los inmigrantes construyeron en Marysville un templo a Bok Eye, dios del agua que controla la lluvia. Sin embargo, en 1886 los habitantes blancos mataron a algunos chinos y expulsaron a los demás del pueblo.

Rechazamos el único restaurante chino en la zona –vacío excepto por una familia infeliz—y nos dirigimos al Silver Dollar.  Una pared estaba adornada por una cabeza de bisonte con fusiles a ambos lados del otrora orgulloso animal.  Sillas de montar y otra parafernalia equina colgaban de la pared de enfrente.

En el bar, un individuo de unos treinta años con sombrero de vaquero y otro con gorra de béisbol bebían cerveza a pico de botella. La camarera me trajo mi cerveza a la mesa, pero no un vaso, para que yo pudiera seguir el masculino ejemplo de los del bar. ¿O sería una regla de la casa mientras se escuchaba cantar a todo volumen en la rocola a Merle Haggard y Waylon Jennings. Al menos la administración había bajado el volumen, situado estratégicamente al otro lado del bar, y que transmitía partidos del football americano.  El ruido no parecía molestar a los jóvenes hombres y mujeres blancos vestidos de jean, y a los niños  que masticaban carne en las mesas y tomaban cola mientras sus padres sorbían cerveza.  Otros niños berreaban, dando brincos en el caballo eléctrico que costaba cincuenta centavos por un corto rato.

“¿Te asustan todos los negros y mexicanos que hay en este lugar?”, pregunté a mi esposa”.

La camarera trajo platos de carne y verdaderos cuchillos y tenedores de metal.  La conversación del bar subió de volumen cuando cinco hombres de veintitantos años que bebían cerveza y whisky –en vaso—comenzaron una conversación de machos cerca de nuestra mesa, ahogando a alguna escandalosa imitadora de Dolly Parton en la rocola.

“Hay mucho ruido cuando el karaoke comience más tarde”, sonrió la camarera.

Cuando salimos atrajimos las miradas.  Tenía deseos de gritar con acento yiddish de Nueva York: ¿”Qué les pasa? ¿No han visto nunca a un yanqui?”

No lo hice.

En su lugar caminamos por la histórica Calle D.  Más adolescentes drogados iban por las aceras.  Pasamos junto a doce carteles de “Se Alquila” en tiendas cerradas a lo largo de cinco cuadras. ¿Lo normal para los pequeños negocios en pequeños pueblos golpeados por la recesión? La tasa oficial de desempleo de Maryville es 18,6%.  Sin embargo, los republicanos ganaron todos los cargos estatales y nacionales.

Nos despertamos por un escándalo: una carrera de motos en los llanos del río Feather. Los espectadores temblaban en el frío de noviembre.  Los motociclistas corrían por la pista de arena dura.

En la vidriera de una tienda del distrito histórico había fotos enmarcadas de Ronald Reagan, sus palabras escritas en dorado: “Dentro de las cubiertas de la Biblia están todas las respuestas para todos los problemas a que se enfrentan los hombres”.  “Algunas personas se preguntan durante toda su vida si han hecho algo que valga la pena.  Los infantes de Marina no tienen ese problema”. “Una forma de asegurarse de que el crimen no paga sería dejar que el gobierno lo dirija”.

Pero John Winks escribió en la página de cartas del periódico: “El gobierno no es el problema”.  Culpó a las desregulaciones de Reagan que permitieron que las corporaciones, los bancos y Wall Street” se robaran “a la gallina de los huevos de oro”.

El congresista estatal republicano Dan Logue se opuso a las restricciones a las ventas de municiones porque “los Padres Fundadores sabían que el derecho a tener y portar armas era la premisa básica de una nación libre.” (The Territorial Dispatch, 11 de noviembre de 2009.)

En una librería, el gerente se excusó. “La tienda está cerrado porque hay unos escritores reunidos, pero tomen algunas muestras del trabajo que estamos haciendo”.  El folleto contenía muestras de innovaciones en la escritura creativa.

Vimos en la calle pegatinas de Bush-Cheney adornando los parachoques de camionetas. Al menos el periódico cedía algún espacio a las ideas liberales en la Zona Roja.

Saul Landau es miembro del Instituto para Estudios de Política. Sus filmes están en DVD y pueden obtenerse por medio de roundworldproductions.com.