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Si alguien nos hubiese dicho, hace treinta y seis años, que ayer, 5 de diciembre 2009, en Santiago de Chile, iríamos a enterrar los restos de Víctor Jara, seguramente habríamos pensado que esa persona estaba loca. Nadie hubiese podido siquiera imaginar tal aberración.
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Para nosotros, durante todos estos años, la presencia de Víctor ha sido una realidad cotidiana. En Chile y en el exilio. Tanto en los momentos más tristes…o en los más alegres, los más emocionantes, fue nuestro camarada de lucha y de esperanzas.
En vida, él encarnaba una juventud que estallaba en la euforia de un futuro que ella iba a construir. Después de su muerte, su mensaje rebelde y vital nos permitía continuar, a pesar de la rabia y del dolor. Hoy, aún cuando sabemos que su cuerpo fue destrozado por cerca de cuarenta impactos de bala, nosotros conservamos en la memoria “su sonrisa ancha” y sus carcajadas insolentes. Esta presencia viva es sin duda su más hermosa victoria sobre la infamia de un ejército traidor y criminal.
Ayer, fuimos muchos miles, bajo un sol ardiente, en una masa compacta, pero fraterna y alegre, los que cantamos contigo, durante horas, en el largo recorrido por las calles de Santiago : Plaza Brasil, Mercado Central, Pérgola de las Flores, Avenida de la Paz, en ese barrio Recoleta, bajo una lluvia de pétalos de rosas, una avalancha de claveles rojos. Cada uno de nosotros acompañando una miserable caja de madera, pero sobre todo al más vivo de nuestros camaradas. Junto a un esqueleto martirizado y ocultado durante decenios, pero sobre todo junto un indomable espíritu de lucha social.
Las noticias de la Televisión Nacional – la misma que inunda los hogares chilenos con mil detalles de crímenes, con chismes del mundillo farandulero, con fanatismo futbolístico, durante los escasos segundos que dedicó a Víctor Jara, la cámara no mostró ni la multitud, ni los miles de banderas rojas, ni los rostros del pueblo. El comentario habló de “unas 5.000 personas”! ¿Error o mentira? Se puede pensar en incompetencias, imbecilidad, servilismo, o en una clara voluntad política… ¡O en otras razones!
Pero… tras esto, que nos da a muchos una inmensa vergüenza, se esconde- o ya ni logra esconderse- la voluntad de mentir, de no mostrar la realidad de un pueblo que no quiere olvidar, que grita sus consignas contra la impunidad, que solidariza con las luchas del pueblo mapuche y expresa su rabia contra un sistema injusto, mediocre y que beneficia siempre, con o sin dictadura, a la misma clase privilegiada. Ayer se demostró que la lucha de clases aún existe y que continuará a ser una realidad en Chile.
Que la vergüenza caiga sobre todos los que quieren embrutecer a un pueblo que se había atrevido y había logrado alzarse. Que caiga sobre sus cómplices, situados desde las zonas más extremas del fascismo nacional, hasta los partidos políticos que se declaran anti-fascistas. Todos ellos cómplices en un silencio cuyo ruido ensordecedor aumenta nuestra propia vergüenza y nuestra rabia.
Pero, las canciones y las voces de la inmensa multitud de ayer, bajo un sol implacable, en el Cementerio General, están allí para mostrar que la voz del pueblo existe, incluso si las estructuras de los gobiernos quisieran ignorarla.
Queda aún por comprender y desenmascarar de qué manera ha sido programado, premeditado y aplicado este enorme dispositivo de “imbecilización” que constituyen hoy en Chile los medios de comunicación. Una desinformación planificada hasta en los más mínimos detalles.
Un complot organizado y una verdadera aplanadora de las conciencias.
¡¡¡ Pero… ellas y ellos existen, y nosotros estuvimos con ellos !!!
Claudio Venturelli,
Santiago- Chile,
6 de diciembre del 2009
