En tu nota ‘Ser o no ser’, te preguntas ‘¿Quién en sus cabales optaría por el mal mayor?’ para plantear que ‘La Izquierda necesita un mínimo de condiciones para rehacerse. Y eso corre peligro bajo un gobierno de la derecha.’ Y concluyes que se debería votar por la Concertación, si se da la segunda vuelta.
En primer lugar, cada vez que se habla del ‘mal menor’, los criterios que ponen en la balanza son, a lo menos, cuestionables. ¿Quién dice que Piñera es el ‘mal mayor’? ¿Bajo qué premisas se definen ‘bien’ y ‘mal’? ¿En qué perspectiva temporal se miden ‘bien’ y ‘mal’? ¿Es lo mismo hablar de Chile de aquí al 2020 que de Chile de aquí al 2050? Finalmente, ¿qué estamos vislumbrando como contextos regional y mundial para los próximos 20 años?
Hablar de ‘mal menor’ permite, en una siguiente vuelta de la tuerca, justificar todos los horrores que marcan la historia reciente de la ‘civilización’: Holocausto, Hiroshima y Nagasaki, Jmer Rouge, y un largo etcétera.
El segundo lugar, son veinte años de condiciones en las cuales la Izquierda se ha ido disgregando cada vez más, y sus dirigencias ‘se han ido a la casa’ o han sido cooptadas por la Concertación. Si nos planteamos ‘tener condiciones’ para rearticularnos, no tendríamos en la historia de la Revolución a Lenin, Mao, Ho Chi Minh ni Fidel.
Por el contrario, la Concertación ha sido nefasta para la Izquierda. Desde la asunción de Aylwin, el movimiento popular ha sido descabezado, atomizado, dispersado. Sus medios o los que lo representaba se han ido perdiendo. El Estado se ha ido fortaleciendo, constituyendo un poderoso servicio de inteligencia, unas fuerzas armadas con gran capacidad militar, las fuerzas policiales –de fuerte orientación antiterrorista- sirven de modelo para sus congéneres regionales, y los mecanismos represivos se han ido afinando cada vez más, pero –eso sí-, dentro de la ley.
Todo el aparato estatal se ha rearticulado en función de dos principios doctrinarios de la Concertación: 1) el principal agente económico (o sea, creador de valor e impulsor del crecimiento) es el empresariado; 2) el principal agente perturbador del orden establecido es el pueblo.
Los instrumentos del movimiento popular están bajo el control del Estado. Así, las organizaciones sociales deben enmarcarse en un ordenamiento jurídico coercitivo. Las radios comunitarias han sido brutalmente reprimidas y la nueva ley simplemente las deja fuera del alcance de las comunidades. Las juntas vecinales están bajo la tuición de la Contraloría. Y los ‘sectores más conscientes del pueblo’, bien lo dijiste tú:
“Se ha enredado en minucias y discusiones estériles, atrapada entre un discurso reformista y parlamentarista y una lluvia de consignas dogmáticas, sin contenido, que producen más rechazo que adhesión. Se han puesto en primer plano los intereses de partidos, grupos y personas. Así se ha conseguido anular las posibilidades de un proyecto común y dispersar todavía más las escasas fuerzas. Una parte de la Izquierda se ha contaminado del pragmatismo de la contracultura neoliberal. Ha terminado por aceptar, en los hechos, que la lucha por el socialismo no tiene viabilidad en Chile y que éste es un tema anticuado, propio de soñadores. Ha renunciado en la práctica a presentar una propuesta de carácter socialista que permita elevar el contenido del discurso político.” (Miguel y la utopía revolucionaria)
El Estado se guía por una premisa: el pueblo es la amenaza. Y cuando el Estado le teme al pueblo, tenemos fascismo latente.
Fraternalmente,
Alejandro de Vivar – Portal Rodriguista
