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Agosto 19, 2026

Golpistas del mundo, ¡Uníos!

Sea cual sea el resultado que publique en los próximos días el Tribunal Supremo Electoral de Honduras ya es un hecho mundialmente conocido el que el montaje eleccionario orquestado por la dictadura fue derrotado por la propia resistencia hondureña.

Podrán desacreditarse las miles de denuncias de acoso, de amenzas, de represión de despliegue militar intimidatorio, pero lo que sólo mintiendo podrán ocultar es el altísimo porcentaje de abstención – que en el día de la elección la propia dictadura reconoció por sobre el 60% – y de votos nulos y blancos emitidos que se levantan por sobre los 100.000. No es sino la conclusión necesaria de la temporada de golpes, sabotajes y presiones iniciada por el gobierno norteamericano y la derecha latinoamericana que tuvo su primer capítulo en el país centroamericano y que ya avanza apuntando a Venezuela desde Colombia, a Lugo en Paraguay, a Evo en Bolivia y a Correa en Ecuador.

Hasta el momento sólo algunos esfuerzos timoratos y solidariamente egoístas – como la UNASUR convocada de emergencia para evitar el golpe a Evo el 2008 o los tímidos llamados a desconocer el gobierno de facto hondureño – habían buscado poner a Chile como actor en el proceso en una actitud que lejos de fraternizar con América Latina busca proteger el capital chileno y amparar el rol estratégico que para USA juega nuestro país. Bien podríamos decir que con un poco más de suerte y cautela, nuestro gobierno no tendría que pronunciarse siquiera sobre los planes para desbaratar los gobiernos populares de nuestro continente.

Mas aún, el día de ayer, 01 de diciembre, una noticia pasó desapercibida. En un gesto que lejos de sorprender, nos recuerda de qué estamos hablando precisamente, el Senado de Chile aprobó por 17 votos (de 17 senadores presentes) el proyecto de acuerdo presentado por los Senadores Larraín (UDI) y Romero (RN) por medio del cual se expresa el apoyo del órgano legislativo al “restablecimiento democrático en la República de Honduras”… De sobra está comentar la militancia de los 17 honorables. (Ver en www.senado.cl Sesión Ordinaria n° 73 martes 1 de Diciembre 2009. “Votaciones”).

La premura y lo cerrado del apoyo de la derecha chilena a su simil hondureño nos hace volver a leer los libros de historia. También lo hace sin duda, la complicidad y el silencio del bloque “progresista” ante el proceso vivido en Honduras.  Este ha sido desde su inicio un proceso caracterizado por lo torpe, burdo y falto de verguenza en el que los golpistas no hicieron sino sacudirse un problema en potencia, un presidente que viniendo del Partido Liberal había cometido tres pecados imperdonables: reconocer públicamente que “dentro del sistema nada es posible, los ricos no sueltan ni un centavo”, acercarse a los procesos populares del ALBA y pretender preguntar a sus conciudadanos si deseaban ser consultados con respecto de una nueva Constitución (sí, “preguntar si deseaban ser consultados”). Lo que se hizo y ya se está haciendo no es sino separar cachorros y heridos de los líderes de la manada.

Por su parte el candidato presidencial de la derecha nacional ha declarado abiertamente que un proceso Constituyente no es prioridad pues “nada tiene que ver con las necesidad reales de la gente como eliminar la puerta giratoria y no indultar narcotráficantes”. Ni él, ni sus parlamentarios ni sus vecinos concertacionistas han tenido la decencia de denunciar las violaciones a los Derechos Humanos o de proclamar siquiera una preocupación seria frente a este movimiento ejemplar de la derecha latinoamericana que reprende al pueblo como a un niño que se porta mal. Baste con decir que lo de Honduras para el poder hegemónico, fue sólo uno más.

¿Cómo damos sentido entonces a esta repentina preocupación de los Senadores chilenos por Honduras? Pareciera ser que más una señal internacional se trata de algo asi como un aviso económico en un periódico de circulación nacional. Esto pues sin cuestionarnos los interlocutores y lo intereses que los muevan, la idea de una Asamblea Constituyente en Chile – que nos libere del yugo de ser de los pocos si es que no el único país que ha mantenido en democracia la constitución del dictador – ha cobrado fuerza en boca de diversos dirigentes sociales y políticos que cada vez más la ven como el norte de un proceso de unificación de la izquierda atomizada por 20 años de democracia protegida. Sin embargo, aunque las condiciones objetivas cada vez se hacen más latentes, la dominación cultural y mediática sigue siendo piedra de tope para la existencia de una fuerza popular que sostenga la embergadura de un desafiío como lo es la Constituyente que ya han conseguido Bolivia y Ecuador. La idea de la Constituyente en Chile es aún vista con reticencia, incluso con desdén por las masas sociales que aún después de 20 años siguen atentas – y recelosas – a las más pequeñas aristas y movimientos de la superestructura política de nuestra realidad.

Por lo anterior la amenaza del Senado es sin sables. Sin mucha prensa. Los 17 a nombre de Sam, de las 10 familias dueñas de Chile, de los TLC, de la extracción gratuita de recursos naturales, ayer dijeron: “cuidado, acá también estamos atentos”. Se ratificaron como golpistas. Se validaron como golpistas. Como dispuestos a borrar en un abrir y cerrar de ojos la institucionalidad que les deja de servir para cambiarla por otra, renovada y fortalecida. Renuevan su compromiso con el fraude de la democracia liberal y juran nuevamente salvaguardar a cualquier costo los intereses protegidos en la Constitución discutida por nadie, votada por nadie, pero refrendada por todos.

Juan Carlos Sharp O.
Estudiante de Derecho
Universidad de Chile