| “…quisiera saber por qué, en medio del amor a veces oigo, como un cuervo le dice a un hombre que quiere verlo por un asunto importante. ¡Qué valen las virtudes para las bestias hambrientas!” |
Hace años que vengo leyendo a Juan Gelman, cuyos versos inician esta columna.
Conmoviéndome con su poesía, su prosa y sobre todo con su irreductible conducta frente a la impunidad por la desaparición de su hijo y su nuera, con un embarazo de siete meses. Juan no transó con el cansancio y el dolor para buscar a sus seres queridos. No es fácil leer a este argentino hijo del rigor. Su poesía es dura, a ratos amarga y cáustica. Cuando leo que los líderes de los principales países –EEUU y China- responsables de la contaminación mundial no ofrecerán nada nuevo en la próxima “Cumbre Climática” a celebrarse en Dinamarca, recuerdo los versos de Gelman “Qué valen las virtudes para las bestias hambrientas!”
Vamos a escribir del agua. El planeta Tierra está a un paso de caer en un gran precipicio: escasez de aguas dulces y contaminación de las mismas. Pero las bestias hambrientas no comprenden estas verdades tan sencillas. Lo que para un porcentaje de la población es un acto simple de abrir una llave y llenar un vaso de agua, ¡1.100 millones de personas no pueden acceder al agua potable! Otros 2.200 millones de seres humanos que pueblan los países subdesarrollados, la mayoría niños, mueren todos los años de enfermedades asociadas con la falta de agua potable, a las que habrá que sumar otros 2.400 millones de personas que no tienen acceso a un saneamiento e higiene adecuados. Si destináramos parte de nuestro tiempo para informarnos de estas duras cifras y realidades no podríamos quedar indiferentes a, por ejemplo, que con suministros suficientes de agua potable y condiciones higiénicas, la incidencia de varias enfermedades y la muerte podrían disminuirse hasta un 75 por ciento.
Sin embargo en los próximos años, unas pocas corporaciones privadas poseerán el control monopólico de casi el 75% de las aguas dulces del planeta. El irracional afán de lucro carece de decencia. ¡El negocio del agua embotellada arroja ganancias que supera a la industria farmacéutica!
Una vez informados debemos actuar. Apoyamos con pasión la petición de los Obispos de la Patagonia argentina y chilena para que en la agenda de la Cumbre Climática de la ONU de Copenhague, se integre el tema del agua en las discusiones. Los obispos en el documento entregado a Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU, señalaron que “el agua sufre una grave crisis en todo el planeta, limitando la producción de alimentos, aumentando enfermedades y la atroz muerte de miles de niños. Además de una creciente pobreza por mal uso, contaminación y mercantilización.” Hoy más que nunca es urgente un Plan Mundial del Agua. No podemos seguir represando nuestros ríos bajo el pretexto que así vamos a solucionar el problema energético. Además de la alteración del clima producto de la concentración artificial de agua, estamos privilegiando un modelo económico irracional. El Gran Jefe Seattle, con palabras sencillas dijo: “Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Todo lo que afecta a la tierra, afecta a los hijos de la tierra”
Que Obama asista a la Cumbre del Clima, es una buena noticia. Visibiliza este drama planetario. En Copenhague se ha de negociar un nuevo Protocolo que sustituya en 2012 al de Kyoto. La mala noticia es que la reducción del 17% de emisión de gases efecto invernadero que propone Obama, viene con una trampa. Es una reducción respecto del 2005, cuyos cálculos se basaron en datos de 1990. Por tanto si de verdad existe voluntad para salvar el Planeta debemos aceptar la propuesta del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU que llama a reducir la emanación de gases efecto invernadero a un 40% No es fácil pues significa que TODOS debemos cambiar nuestros hábitos de vida. Sobre todo los asociados al consumo. El consumo excesivo o innecesario es causal directo de la deforestación, de las emisiones de gases de efecto invernadero, de la desertificación de los suelos y los problemas de acceso al agua potable, de la gran contaminación producida por la basura y de muchos otros problemas ambientales.
Creo que la lucha para defender la naturaleza y evitar el desastre ecológico va para largo. Los que tenemos que ganar vamos perdiendo. El tiempo se agota. El agua también. Para el 2025, la demanda de agua potable será un 56% superior que el suministro. Las grandes corporaciones que lucran con el agua, el cielo o la tierra están poniendo en riesgo inminente la paz social mundial. El uso del agua emerge como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI. Los países poderosos dirigidos por Obama y Hu Jíntao, responsables mayores del daño ecológico, no se allanan a buscar fórmulas basadas en el uso de energías menos invasivas y no contaminantes. No existe una voluntad de renunciar a un modelo económico que considera el agua como un bien comerciable. No! el agua no es una mercancía. El agua es un bien social relacionado con el derecho a la vida. La diferencia entre una concepción y otra es que ¡en esto nos jugamos la supervivencia de la humanidad! ¿ Y tú, que estás haciendo al respecto?
Por Rodrigo De Los Reyes Recabarren
rodrigodlr@patagoniachile.cl
