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Si hay algún fantasma recorriendo América Latina, por recuperar la célebre frase que encabeza el Manifiesto comunista, es el de la resistencia india comunitaria, en sierras y selvas, y ahora en la Amazonia sudamericana.
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Desde el momento en que el socialismo del siglo XXI es un socialismo estatal, o como se quiera denominar a un régimen de Estado, es naturalmente opuesto a la lógica comunitaria, o sea, india. Esto es algo que todos los partidarios del socialismo deberían reflexionar, desde los bolivarianos hasta las FARC. La lógica estatal, en su formato partido, sindicato o el que sea, es incompatible no sólo con los modos de vida indígenas, sino con el medio ambiente y con la vida humana medianamente libre. Las comunidades indias no necesitan la minería ni la explotación de hidrocarburos; sólo necesitan controlar que los depredadores del medio ambiente y de los seres humanos no se pasen de la raya. Pierre Clastres, antropólogo que vivió con los guayakis, fue muy claro cuando comprendió que toda la energía de la tribu estaba destinada a impedir que los jefes –que siempre los hay– tengan poder. Cuando los jefes adquieren poder se instala una lógica de separación en la cual los seres se convierten en medios en vez de seguir siendo fines.
En las tradiciones indias no hay Estado –salvo el impuesto por los conquistadores, muchas veces asumido por los conquistados–, sino comunidad, que funciona con una lógica opuesta. No es ni mejor ni peor, sólo es diferente. Desde el punto de vista de la emancipación, la comunidad puede ser tan opresiva como el Estado. En todo caso, vale preguntar a las mujeres y los jóvenes. Una diferencia es que el Estado-nación es una relación social capitalista; la comunidad no es capitalista, es comunidad. El Estado existe para la acumulación de capital; la comunidad para la comunidad, o sea, para perpetuar el tipo de relación entre sus miembros y con el llamado entorno. El Estado sobrevive depredando el entorno; la comunidad sólo sigue siendo si lo conserva.
En las tradiciones indias no hay Estado –salvo el impuesto por los conquistadores, muchas veces asumido por los conquistados–, sino comunidad, que funciona con una lógica opuesta. No es ni mejor ni peor, sólo es diferente. Desde el punto de vista de la emancipación, la comunidad puede ser tan opresiva como el Estado. En todo caso, vale preguntar a las mujeres y los jóvenes. Una diferencia es que el Estado-nación es una relación social capitalista; la comunidad no es capitalista, es comunidad. El Estado existe para la acumulación de capital; la comunidad para la comunidad, o sea, para perpetuar el tipo de relación entre sus miembros y con el llamado entorno. El Estado sobrevive depredando el entorno; la comunidad sólo sigue siendo si lo conserva.
En las tradiciones indias no hay Estado –salvo el impuesto por los conquistadores, muchas veces asumido por los conquistados–, sino comunidad, que funciona con una lógica opuesta. No es ni mejor ni peor, sólo es diferente. Desde el punto de vista de la emancipación, la comunidad puede ser tan opresiva como el Estado. En todo caso, vale preguntar a las mujeres y los jóvenes. Una diferencia es que el Estado-nación es una relación social capitalista; la comunidad no es capitalista, es comunidad. El Estado existe para la acumulación de capital; la comunidad para la comunidad, o sea, para perpetuar el tipo de relación entre sus miembros y con el llamado entorno. El Estado sobrevive depredando el entorno; la comunidad sólo sigue siendo si lo conserva.
