Tegucigalpa.- Vienen las elecciones del miedo. El gobierno de facto monta un show que mete miedo y después acusa a la resistencia de crear miedo. El guión del día se cumple así: a medianoche, una avioneta sobrevuela el sur de esta capital y lanza una bomba en las cercanías de la bodega donde se guarda la papelería electoral.
Show de Álvaro Vargas Llosa
El show televisivo es presenciado por el invitado especial del día, Álvaro Vargas Llosa, quien ha venido a apoyar al gobierno de facto y el pasado jueves dio una conferencia en un salón abarrotado. Pese al patético montaje que acaba de presenciar, el peruano-español dice que “esto es un libreto, es un patrón… lograr por la vía de la violencia lo que no pueden lograr por la vía electoral”.
Vargas Llosa acepta con regocijo ser presentado en la televisión hondureña con una frase sacada de wikipedia: ensayista de tendencia liberal y antisocialista. Y aunque el avión no lanzó ninguna bomba y no hubo ninguna explosión en la bodega electoral, Vargas Llosa dice que este guión “lo hemos visto también en México, porque en las elecciones que ganó Felipe Calderón había un candidato que respondía a las directivas de Caracas… Apelaban a la resistencia civil, le llamaban ellos, pero en el fondo en lo que se convirtió fue en violencia”. Es la única respuesta que les queda a estos cobardes minoritarios, a estos imperialistas, se explaya el coautor del Manual del perfecto idiota latinoamericano, quien junto con el cubano Carlos Alberto Montaner vino a recomendar a los hondureños que salgan a las calles el 29 de noviembre igual que lo hicieron cuando su selección de futbol clasificó al Mundial de Sudáfrica, gracias al empujoncito de Estados Unidos.
Muchas veces se trata de llamados que apelan a la “virilidad catracha”, sobre todo si lo hacen los militares. El tono lo ilustra un anuncio espectacular que se halla en las cercanías del aeropuerto y dice: En Honduras no tenemos petróleo ni dólares pero nos sobran (y la foto de una canastilla de huevos). A saber si será suficiente. Por ejemplo, en un sondeo sin valor estadístico en las calles se descubre que cinco de cada 10 hondureños no van a salir de sus casas el domingo 29 de noviembre. Eso, en un país con promedio de abstención, de por sí, de 50 por ciento.
Señales contradictorias
Mientras tanto, es un enigma cuál será la última carta que jugará Zelaya. Luego de varios días de aplaudir la decisión de los candidatos independientes de retirarse de los comicios, Zelaya ha comenzado a sugerir que dejaría en libertad a sus seguidores, sobre todo los que militan en el Partido Liberal, para ir o no a las urnas.
Las señales son contradictorias. Hoy, desde Managua, el alcalde de San Pedro Sula, bastión de los liberales, ratifica su renuncia a contender por la relección, en protesta por la negativa del gobierno de facto a restablecer el orden constitucional. Pero César Ham, candidato del partido Unificación Democrática, dice que sí irán a las urnas, pese a la amenaza del Frente de Resistencia de declarar traidor y golpista a quien participe en los comicios. Resquebrajado, el Partido Liberal ve esfumarse las posibilidades de su candidato a la presidencia, Elvin Santos, frente a su rival del Partido Nacional, Pepe Lobo. En todas las últimas encuestas Lobo estuvo entre 15 y 20 puntos arriba de Santos, así que si resulta que no resultará creíble si Santos resulta ganador, afirma Irías. En 2005, hubo dudas sobre la certeza del conteo de votos. Pero luego de una visita del entonces embajador estadunidense, Charles Ford, al hotel donde se realizaba el conteo, Zelaya fue declarado triunfador. Su rival fue Pepe Lobo.
El episodio del lanzacohetes es sólo uno de los muchos que alimentan no el voto del miedo a la mexicana, sino el miedo al voto. En los últimos días se han registrado: el derribo de torres de energía eléctrica; el allanamiento de una escuela donde supuestamente se fabricaban artefactos para ponchar las llantas de los vehículos electorales (, les llaman); asesinatos con tintes políticos, según los medios locales; varios bombazos con escasos daños materiales; y, sobre todo, una cascada de declaraciones de militares, políticos y autoridades electorales que instan a la ciudadanía a ejercer el sufragio sin temor.
El episodio del lanzacohetes es sólo uno de los muchos que alimentan no el voto del miedo a la mexicana, sino el miedo al voto. En los últimos días se han registrado: el derribo de torres de energía eléctrica; el allanamiento de una escuela donde supuestamente se fabricaban artefactos para ponchar las llantas de los vehículos electorales (, les llaman); asesinatos con tintes políticos, según los medios locales; varios bombazos con escasos daños materiales; y, sobre todo, una cascada de declaraciones de militares, políticos y autoridades electorales que instan a la ciudadanía a ejercer el sufragio sin temor.
El episodio del lanzacohetes es sólo uno de los muchos que alimentan no el voto del miedo a la mexicana, sino el miedo al voto. En los últimos días se han registrado: el derribo de torres de energía eléctrica; el allanamiento de una escuela donde supuestamente se fabricaban artefactos para ponchar las llantas de los vehículos electorales (, les llaman); asesinatos con tintes políticos, según los medios locales; varios bombazos con escasos daños materiales; y, sobre todo, una cascada de declaraciones de militares, políticos y autoridades electorales que instan a la ciudadanía a ejercer el sufragio sin temor.
