Cara nos ha costado esta obsecuencia de nuestros líderes de entonces (los que, básicamente, siguen siendo los mismos, por lo que, mirado desde su propio interés, podría otorgárseles cierta consecuencia a sus actos) y que nos mantiene, después de dos décadas, aún atrapados en la camisa de fuerza que representa la institucionalidad legada por la dictadura y aceptada por la clase política y cuya llave maestra es el antidemocrático y fraudulento sistema binominal (33%=66%), sin equivalente en el mundo y sólo utilizado anteriormente por la dictadura del general Jaruzelski en Polonia.
La conclusión que podemos sacar es que poco o nada debemos esperar de nuestros líderes y que, en cambio, hemos de retomar la mística y el entusiasmo democrático de 1988 para exigir la aprobación soberana de una nueva Constitución para el bicentenario que se conmemora el año 2010. Al igual que en Alemania en 1989, el anhelado arribo a la democracia plena sólo podrá provocarlo la anónima y masiva movilización ciudadana que habrá de estallar el próximo año y a la que habrá de ceder quienquiera que resulte elegido Presidente.
Rafael Enrique Cárdenas Ortega.
