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Agosto 18, 2026

¿Quién ganó? ¿quién perdió? ¿empataron? ¿o alguno terminó KO?


En general, no sólo en esta campaña presidencial, sino en casi todas las del período de la “transacción”, los debates de los candidatos a primer mandatario se han convertido en un desagradable diálogo entre sordos: cada uno lanza su filípica, y el formato propuesto por sus asesores comunicacionales hace imposible la réplica

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Si Ud. lee, por ejemplo, los Diarios de 2004 comprobará que los debates de la campaña presidencial de esa época no  se diferencian mucho del primer debate del Canal 7, hace poco tiempo. En el debate de 2004 la novedad consistía en la libertad y la audacia rupturista de las intervenciones de Tomás Hirsch; hoy ocurre lo mismo con Jorge Arrate; en ese tiempo, la primaria de la derecha se centraba en la disputa entre Sebastián Piñera y Joaquín Lavín, hoy entre Eduardo Frei y Marco Enríquez, por la centro-izquierda; entre estas dos confrontaciones el misterio de quién pasaría a la segunda vuelta se mantuvo, por lo menos en la derecha, hasta la ultima semana- a tres días de la elección, el CERC daba a Piñera un 25% y a Lavin un 19%; en la primera vuelta fue 25,4% para el primero, y 23,2% para el segundo-; si uno piensa un poco, en apenas tres días Lavín acortó 4% de distancia respecto a Piñera, lo que indica que si hubiera tenido un poco más de tiempo, el resultado podría haberse inclinado a favor del candidato de la UDI.
 
El carácter reñido de las elecciones es lo que hace importante el debate realizado ayer, en el Canal 13, pues se cree que una performance genial de algún candidato que envié a la lona a su rival sea decisiva para inclinar al electorado por una opción u otra. En la memoria histórica están dos foros emblemáticos: el de J.F. Kennedy y R. Nixon, y la entrevista de 1970, donde se demostró la condición senil del candidato Jorge Alessandri. Desde esa fecha hasta ahora no se han repetido más estos dos casos emblemáticos, sin embargo, los consejeros comunicacionales de los candidatos siguen creyendo que los debates son importantes para atraer especialmente al alto número de indecisos.
 
El papel preponderante de los asesores de los candidatos puede ser, en algunos casos, bastante dañinos para el postulante: por ejemplo, en el debate del ayer, mal asesorado Eduardo Frei, en la primera ronda quiso mostrarse como ex presidente, de tal manera superior que no tomaba en cuenta las críticas de sus contendores, por consiguiente, estuvo casi ausente en la confrontación de ideas – afortunadamente, para él, en la segunda etapa se dio cuenta de su error y entró fuerte en el debate con Piñera, acusándolo de la “mezcla entre negocios y política” y la sanción por información privilegiada, respecto a la compra de acciones de Lan-Chile.
 
Hay una pregunta muy central para todos los candidatos – a simple vista intrascendente- que tenía que ver con reconocer su mayor defecto; en este plano, mal aconsejados por sus entrenadores, todos los candidatos sacaron menos de la nota mínima, pues se creían casi perfectos – uno diría que es una competencia de narcisistas, más que de personas con cualidades y defectos; el más desacertado de todos fue Eduardo Frei, quien no sólo no reconoció ningún defecto, sino que también ignoró, al menos en el discurso, este aspecto que, para muchos ciudadanos, es central, pues muestra la calidad humana del candidato; si algo define al Narciso es el desprecio por sus pares.
 
El debate del Canal 13 es el mejor de la actual campaña, pues tuvo de todo: una periodista, como Constanza Santamaría, que no permitió a los resbaladizos candidatos que, por medio de una dialéctica mapochina, evitaran pronunciarse sobre puntos conflictivos y aspectos que, a veces, no gustan a la opinión pública, por ejemplo, el “mar para Bolivia” que, a mi modo de ver, el único claro y rotundo fue Jorge Arrate.
 
Las preguntas del público, a mi modo de ver, fueron bastante obvias y fáciles de responder, por consiguiente no cumplieron con las expectativas que alguien pudiera haberse hecho sobre la participación de la gente de a pie. Por cierto que lo más interesante del debate fueron los enfrentamientos entre Marco Enríquez-Ominami y Sebastián Piñera, en la primera ronda, donde el segundo dejó como mentiroso al empresario-candidato, y entre Frei y Piñera en tópicos relacionados con el indulto a narcotraficantes, la política y los negocios y la corrupción en los gobiernos de la Concertación; en este plano, Piñera salió bastante derrotado, pues tuvo que responder al fuego graneado de los otros tres candidatos. De los cuatro candidatos, no cabe duda de que Marco E-O sigue demostrando carisma, pasión y convicción en sus argumentos; esto hace que la presentación de sus ideas alcancen niveles de atractivo, muy superior a sus tres rivales.
 
A la pregunta de “cuáles son los líderes latinoamericanos que más admiran”, todos coincidieron en el presidente de Brasil, Lula; afortunadamente, la periodista del Canal le recordó a Piñera que el ex obrero Lula da Silva constituya la antípoda del millonario candidato derechista chileno. Al menos es un anticipo del aislamiento regional internacional al que nos llevará Piñera, si es elegido presidente, cuando manifestó su admiración por Álvaro Uribe, presidente de Colombia; sólo le faltó referirse a Micheleti o a Felipe Calderón, que tiene a México prisionero de las bandas del narcotráfico. Marco se lució cuando le recordó a su consultor, José María Aznar, que arrastró a España a la guerra más cruel y genocida del mundo conocido, la de Irak; sólo le faltó citar a Bush quien, afortunadamente, ya está relegado en sus cuarteles de invierno.
 
Para mi gusto, Arrate estuvo bastante claro y consecuente con su línea, al mencionar a Rafael Correa, de Ecuador, y a Evo Morales, de Bolivia, como los líderes que más admira – además coincido en este plano con Arrate-.
 
Eduardo Frei tuvo bastante dificultad para desligarse de la amistad que profesó, durante su gobierno, con Alberto Fujimori – hoy en la cárcel- y con Carlos Menem – ya anciano y varias veces reclamado por los tribunales argentinos-. La verdad es que a Frei no le conviene, para nada, el recuerdo de la última etapa de su gobierno, que fue un verdadero desastre; pienso que constituye un error presentarse como ex presidente de la república, pues da flancos fáciles para el ataque de sus contendores, en especial Piñera.
 
Marco E-O estuvo muy acertado cuando interrogó a Arrate sobre su papel en la traída de Augusto Pinochet a Chile, durante el gobierno de Frei; el candidato de Juntos Podemos dejó en claro su disgusto respecto a la política de protección del tirano, llevada a cabo por el ministro José Miguel Insulza, sin embargo, para mi gusto, no fue lo suficientemente rotundo para diferenciar la izquierda de una Concertación, generalmente condescendiente con la derecha, cuya mejor expresión fue el gobierno de Eduardo Frei – muy amigo de los empresarios, de los TLC, y muy frío y lejano de los familiares de los detenidos desaparecidos.
A pesar de los travestismos de Piñera y de Frei, el formato del debate sirvió, al menos, para desnudar de mejor forma que en anteriores ocasiones, el carácter reaccionario del pensamiento del candidato de la derecha, que trata de pasar gato por liebre a los aturdidos electores, con ofertas de bonos y otros regalitos con fondos fiscales, así como las promesas imposibles de cumplir. Está claro que cuando utiliza el concepto del  conservador  Bush (padre), “la puerta giratoria”, lo que quiere es meter a todos los “rotos” a la cárcel, para que queden libres los delincuentes de cuello y corbata; al fin y al cabo, está dispuesto a construir más cárceles que erradicar campamentos; no considera este candidato que ya hay suficientes pobretes encerrados, y que el delito sólo se combate con enfrentar la injusticia social.
 
En lo internacional, su modelo es Aznar, los republicanos norteamericanos, Felipe Calderón, Álvaro Uribe y, tal vez, Alán García. Con razón, la delegación del fascista Le Pen  reclamó el embajador de Francia en Chile por haberle concertado una reunión  con políticos tan reaccionarios como los dirigentes de la UDI. Jorge Arrate dio en el clavo al preguntar a Piñera por las contradicciones entre la derecha conservadora y la situación de las uniones libres, tanto de parejas heterosexuales, como homosexuales.
 
En definitiva, es muy bueno que en Chile se comience a debatir francamente y se muestre al “cliente” las verdaderas diferencias entre los postulantes a La Moneda; nada peor que el lenguaje hipócrita que emplean los políticos, que lo único que logran es distanciarse de los ciudadanos. El gran mérito de Enríquez-Ominami es haber denunciado el marasmo a que ha conducido a Chile la famosa política de los acuerdos, los empates permanentes entre dos castas coludidas, que se reparten el queso; el lenguaje hipócrita de algunos chilenos se parece a los normandos de la serie Asterix – peut être bien oui, peut être bien pas. 
 
Rafael Luís Gumucio Rivas

10/11/09