| El título es una paradoja imitando a aquellas que usaba Miguel de Unamuno. La legitimidad del poder surge, según Max Weber, de la tradición, monarquía de derecho divino, del carisma o de la ley y el sufragio. |
En la actualidad se da el hecho de que dos candidatos con mayor posibilidad, dos de ellos hijos de falangistas, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Sebastián Piñera Echenique – – podría decirse, sin temor a equivocarse, de que, al menos, tiene misma fuente histórico-genética. Además, los dos candidatos se han desarrollado políticamente durante el período de la democracia tutelada. Es completamente inútil pedir a la democracia de derecho divino que renueve sus cuadros nobiliarios: una vez conquistado un sillón parlamentario, un cargo ministerial o la presidencia de la república, se supone que son ad eternum, como el sacerdocio. Tal ridícula es esta situación que la diputada Isabel Allende propuso una moción por medio de la cual se limitara la edad de los parlamentarios a 75 años, al igual que los cardenales.
Es que la democracia tutelada, semi-dictadura, o de los acuerdos, como usted la quiera llamar, a construido un perfecto sistema político, cuya ingeniería garantiza el poder monárquico al presidente de la república, casi sin contrapeso parlamentario, y un sistema electoral donde todos los sillones parlamentarios tienen nombres y apellidos. La sucesión entre demócrata cristianos y ejes progresistas, al menos en la Concertación, ha sido matemática y perfectamente armónica: diez años para los primeros y otros diez para los segundos, lo equivale a decir que, en veinte años, no ha habido ninguna sorpresa: todo ha funcionado muellemente, en acuerdos entre castas.
No faltan candidatos que propongan primarias abiertas para elegir a todos los candidatos a cargos que emanen de la soberanía popular, lo que sería avanzar un grado en la democracia. Personalmente, dudo de que las castas de esta democracia de derecho divino estén dispuestas a competir en primarias, salvo que les aseguraran que, aun llegando segundo, algo similar a lo de Pinochet, que” compitió solo y llegó de segundo”, o como Frei y Allamand, que tenían los cargos cocidos antes de presentarse.
En el caso de la UDI, mucho más autoritaria que la Democracia Cristiana, los díscolos hicieron un acto de contrición perfecta, algo similar al auto de fe – de la Inquisición-. Hay que dejarse de tonterías: lo que une a la derecha no es una concepción ideológica, ni menos un proyecto de país, sino la ambición desmedida de apropiarse de la única parte del botín que le ha sido esquivo hasta ahora, desde 1958, en base a elecciones. Este tesoro no es despreciable: consiste en una serie de cargos gubernativos, en los cuales se come bien sin trabajar, todas las intendencias y gobernaciones, además de los cargos parlamentarios. Sebastián Piñera deberá convertirse en el capitán de la legión que reparte entre sus soldados las joyas, que antes pertenecían a la Concertación.
Toda la habilidad de los condotieri de Milán consistía en repartir, equilibradamente, el botín para evitar que sus soldados se robaran y se mataran mutuamente. Al parecer, la UDI logró ya una buena hegemonía, una vez que la empresa de mudanzas de Andrés Allamand logre desalojar a la Concertación, lo que hasta hoy parece ser el sueño del pibe, pues la derecha no ha aprendido a desconfiar de las encuestas, que en dos ocasiones sucesivas la llevaron a la derrota -1970, con Jorge Alessandri, y en el plebiscito de 1988, con el SÍ a la dictadura.
Conclusión
Lo único que mueve a los partidos políticos actualmente es el reparto armónico de los distintos cargos de poder, es decir, como en las legiones romanas, buscar la mejor forma de utilizar el botín para pasar el Rubicón. Ojalá la ambición y el carácter atragantado de Sebastián Lúculo Pñera, junto a un falso reparto de bienes entre los pobres, que es una de las formas más sutiles del viejo cohecho, lo lleven al mismo destino de derrota que el ambicioso Pompeyo de la antigua Roma.
Rafael Luís Gumucio Rivas
29/10/09
