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Agosto 18, 2026

Enríquez-O: 35%; Piñera: 29%; Frei: 13%; Arrate:3%

Por el título, pareciera ser una de las tantas encuestas aparecidas en estos días, sin embargo, este sondeo, revisado por la Escuela de Periodismo de la UDP y Feedback, está dirigido a la generación de personas nacidas entre 1981 y 1990, es decir, los hijos de la democracia. Lamentablemente, la elección del Bicentenario la decidirán los clubes de rodeo y de la tercera edad – las pocas comarcas rurales que restan y los ancianos, que “marchan con paso de ganso hacia la sepultura, como diría Joaquín Edwards Bello -.

La Democracia  está vieja antes de lograr su plenitud, de puro excluir a quienes piensan distinto, los jóvenes le dieron, definitivamente, una patada en el trasero. Veamos algunos datos: sólo el 22% de los jóvenes está inscrito en los Registros Electorales; el 43% no está a participar en el las elecciones, en el futuro; al 50% no les significa nada las decisiones de la autoridad, sólo para el  5% de los encuestados tiene algún significado. El 90% de los jóvenes desconfía de los parlamentarios, y el 94% de los partidos políticos; el 80% de las grandes empresas, el 74% de los tribunales de justicia, el 75% del gobierno; el 64% de la iglesia católica.
 
Hay que pensar en que los viejos – como el que escribe este artículo- o estaremos en el cementerio o gagás en las elecciones del verdadero Bicentenario (2018); serán estos jóvenes, como los encuestados, los que decidirán los destinos del país. Está claro que con menos  de un 10% de adhesión el parlamento será completamente ilegítimo, sólo un club de castas, tal cual es el Club de la Unión actualmente; los partidos políticos, con una  adhesión menor al 6% habrán desaparecido todos, y su recuerdo será tan anacrónico como el de “pelucones y pipiolos”. Es posible que haya otras formas de democracia y, por consiguiente, otra forma de hacer política partidaria, muy distinta de la cáfila de mafiosos, hoy rechazada por la juventud.
 
La forma actual plutocrática de hacer política sólo se va a salvar, nuevamente, por el corrupto sistema binominal, por un padrón electoral viejo y obsoleto, por la intervención y el cohecho disimulado que, aunque diferente del brutal fraude de gobiernos de antaño, no deja de ser una presión indebida a un electorado cada vez más carnero. Aun cuando el 9% y el 6% desprecian a los parlamentarios y jefes de partido, respectivamente, estos personajes se creen prohombres y padres de la patria. Está claro que de haber un padrón democrático, Marco sería, sin lugar a dudas, el próximo presidente de Chile.
 
Los jóvenes son, en su gran mayoría, partidarios del Estado: el 92% se pronuncia por una educación superior gratuita; el 80%, porque el Estado se haga cargo del sistema de salud; el 78%, porque las escuelas municipales pasen al Estado; el 77%, por que se cree una AFP estatal; el 76%, porque haya un sistema de transporte público; el 67% está contra la privatización de CODELCO. Estos resultados concuerdan plenamente con otra encuesta, realizada por la misma universidad(Diego Portales), donde la gran mayoría de los interpelados se pronuncia por la nacionalización de nuestras riquezas básicas. Es contradictorio el apoyo a Piñera por parte de los jóvenes, considerando su amplia tendencia por el rol creciente del Estado en la economía.
 
En los temas llamados valóricos, la opinión de la juventud es bastante contradictoria: el 73% es partidaria de la entrega del la píldora del día después  en el sistema público de salud; el 50%, que se permita el matrimonio entre personas del mismo sexo – sin embargo, el 36% es partidario de que las parejas homosexuales puedan adoptar hijos-. Respecto al aborto, el 72% es partidario de que aplique cuando la madre corre peligro; el 63%, cuando se trata de un embarazo por violación, sin embargo, sólo el 19% cuando se trata de un embarazo adolescente no deseado, y el 10% bajo cualquier circunstancia. Si se considera que en casi todos los países de Europa el aborto es legal – ahora va  a ser incluido España- , nuestra juventud chilena sigue siendo bastante reaccionaria con respecto a estos temas.
 
Hay aspectos muy marcados de xenofobia y de conservantismo, como que el 56% se pronuncia de acuerdo con que en Chile se aplique la pena de muerte; sólo el 37% está de acuerdo en que se entregue más facilidades a los extranjeros que quieran trabajar en Chile, y el 16%, que se entregue un territorio a Bolivia.
 
Los jóvenes no confían en nadie: el 76% desconfía de sus vecinos; el 56% e sus jefes; el 51% de sus compañeros de trabajo y/o estudio. En el estrato bajo, esta desconfianza hacia los vecinos es aún más radical. Es triste constatar que la sociedad del futuro se base en la desconfianza, el temor – que puede convertirse en odio- al compañero de trabajo o al vecino. Esta sociedad se está convirtiendo, no sólo en anómica, sino también en extremo individualista, que sólo concibe el éxito en la posesión del dinero, lo que es pésimo para la democracia y monstruoso para la amistad cívica.
 
Rafael Luís Gumucio Rivas
25/10/09