Al estropicio ya causado, se pretende agregar ahora, como nuevo elemento monumental, una estatua de Juan Pablo II de 13,5 metros de atura enfrentando a la Facultad de Derecho desde el Parque Gómez Rojas, el que perdería su condición de tal, ya que en su lugar se contempla la construcción de estacionamientos bajo una plaza que se elevaría 1,5 metros sobre el nivel del suelo, por lo que el Papa de Recoleta ya iría por los 15 metros y no me extrañaría que esté contemplado reforzar su protagonismo emplazando en la U. Andrés Bello tras la Facultad de Derecho, un cartel gigante con la misma imagen de Cristo que se exhibió en el Estadio Nacional, de modo de recrear la escena de nuestro coliseo y dejar a la Facultad de la Chile en entredicho.
Como se ha demostrado en esta polémica, para los autores de este proyecto, no hay razón que valga y de poco servirán las propuestas bien intencionadas, como la del Alcalde de Colina, que se ofrece para acoger al gigante, al igual que el ofrecimiento de emplazarlo en Rodelillo. La verdad es que el supuesto homenaje al Papa, lo que en verdad pretende es prestigiar a sus autores. Lo único que podría hacerlos recapacitar, es su propia percepción de lo contraproducente que está resultando el proyecto ante la opinión pública.
En caso contrario, como es lo más probable, sólo nos queda confiar en el buen criterio y plena asunción de su responsabilidad por el Consejo de Monumentos Nacionales, que tiene la última palabra respecto del emplazamiento de este adefesio. En el caso de los creyentes, no sería mala idea que le rezaran a Juan Pablo II, para que evite la destrucción de su propia imagen con el cursi mamarracho con el que se pretende homenajearlo.
