Pepe estaba tranqui con su coñac y el ánimo subido por la remontada del Madrid. Esta vez el conserje no pudo dar el aviso y los polis de Garzón entraron violentamente a la oficina.La tele en blanco y negro pasaba la serie de los setenta que tanto le gustaba.
-¡Está usted detenido señor Iribarne!.
-Pero ¡qué coño es esto!
Pepe alcanzó a pararse de la vieja silla móvil. En una décima revisó la pantalla del ordenador con una foto de la última puta rumana que se había follado. En la madera del escritorio el control de la tele en blanco y negro. El diario Planeta abierto en los resultados de las loterías y el pendrive que alcanzó a taparle con la mano y disimuladamente apretarlo con su sudada mano derecha, de esas manos que durante nueve años llevaron la contabilidad tóxica de los populares valencianos.
En “el puto pendrive”(como le dijera a su abogado en la comisaría). Allí en ese pequeño puro electrónico estaban los euros pagados por la tevé autonómica cuando el papa visitó los arrozales que alguna vez el Cid cabalgara y de donde viene la paella que tanto le gusta a nuestra Alianza por el Botín.
Y las inmobiliarias que su amiguete de Alicante le había cedido por la extorsión de Palma y bueno, un rosario enorme de números que a la luz del data de la comisaría de Malasaña parecía el mero hundimiento del Titanic, buey, le dijo un poli que había vivido en México.
Por la tele a colores de la comisaría se veía la entrada cabizbaja de Fresculoni a un juzgado Romano.
Pepe repetía eso del puto pendrive. Sin el puto aparatito que nunca me gustó, estos perros del Juez Garzón rojo jamás me habrían pillado.
Pepe y su abogado Tejero hablan en voz baja.
Y no saben o no quieren saber que todo está lleno de micrófonos o si saben pero ya les da lo mismo.
Porque los perros están todos alucinando con la minuciosidad del contable: La paella + grande del mundo cuando vino Fraga a las fallas: Las putas rumanas desde hace tres años, incluido el puticlub de la carretera a Almería: Los dos yates anclados y con buena carga de Güisqui,en Palma de Mallorca: Los milloncetes girados de las Islas Canarias a las Caimanes: Las avionetas para la campaña de los populares de Jaén: El caso de los refrigeradores cargados con cocaína: La venta de los tanques que usara el general del Bosco en el último intento de golpe, a un coleccionista ruso.
Rajoy cuando le vino la voz de su secretaria con la nueva le dio un vahído.
Por Santiago de Compostura los amiguetes de los populares sacaron de la agenda internacional los contactos y paseillos programados con los pepes y estaban en la duda si el hijote de Sarkozy había terminado cuarto medio o se había gastado la pasta en turismo sexual por Tailandia.
La cosa es que Rajoy se tomó su dosis de Jerez y se presentó con su terno del Corte Inglés, sobre fondo azul.
-Señores, esto es un montaje!
-Señores, esto es un montaje!
Jordi Lloret
