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Agosto 19, 2026

Conflictos sociales y problemas

El candidato de la Concertación dispara. Dice que de salir elegido el de la derecha habrá conflictos sociales y problemas. Como si de éstos no hubiera por ninguna parte y para saber como son, haya que importarlos desde el más allá. Se vende y arrienda la idea de que este país es una taza de leche en donde los  especuladores de toda laya pueden venir a hacer sus negocios sin las complicaciones que traen aparejadas las movilizaciones sociales, las huelgas y conflictos.

Se crea la ficción que en Chile no se vulneran los derechos de los trabajadores y los sueldos son justos. Que la educación es la merecida, la salud es la necesaria, las pensiones a escala humana y no existen problemas sociales de ninguna naturaleza. Nada por lo que haya que reclamar. El Nirvana.
 
Para decir las cosas según son, en el Chile mítico de los que mandan sobran los problemas y los conflictos. Otra cosa es la importancia que las autoridades, acostumbradas a los muelles del poder, le dan. Otrora furibundos compañeros, hoy administran todo aquello que odiaron. De las promesas hechas por la presidenta y todos  sus antecesores, no queda sino el papel amarillento en donde se escribieron.
 
Del conflicto con los estudiantes de enseñanza media, el único de carácter verdaderamente político en años, quedó un reguero de promesas, de buenas intenciones y de ojos enternecidos por la valentía y audacia de los pingüinos. Nada más. El resto fue una serie de extensas reuniones que, al modo del agua fría, tuvo la aplicación medicinal de bajar la presión y la temperatura a un organismo que, por momentos, parecía que no daba para más.
 
Tras unos pases mágicos y, por cierto, celebrando la movilización estudiantil, los mandones visibles y los de las sombras, dejaron todo tal como estaba, y si en algo varió fue para peor. Hoy Chile luce una Ley General de Educación que antes se llamaba de otra manera.
 
Hay conflictos con los profesores a quienes se les cogotea impunemente día a día, con el agravante de acusarlos de todos los males de la educación. A los mapuches se les reprime, tortura y mata y aplica sin una pizca de vergüenza la Ley Antiterrorista, creando, de paso,  las condiciones para un levantamiento de proporciones. Las poblaciones son guetos inexpugnables en las cuales campea el micro y mega tráfico y las balaceras son el pan de cada día. La delincuencia de cuarto básico se extiende como las malas noticias.
 
La cesantía sube oficialmente del diez por ciento, aunque todos sabemos que es mucho más alta. Consultorios atienden en las poblaciones desprovistos de medicamentos e instalaciones humanas. La crisis de las salmoneras deja un reguero de cesantía y devastación en el medio ambiente. Se mantiene un sistema político, social, económico y cultural excluyente por definición, altos grados corrupción en todos los niveles y un avance imparable de la brecha entre ricos y pobres
 
La lectura de los que mandan para estos fenómenos, dista mucho de entenderse como conflictos sociales. Mientras no se vean marchas, banderas y bombas lacrimógenas en el horizonte, se entienden estas lacras derivadas de la aplicación impune de políticas neoliberales, como situaciones consideradas en el orden público. No como conflictos sociales y problemas que afectan a la mayoría que vive apartada de los beneficios del orden.
 
El sistema apuesta a que es posible mantener este estado de cosas bajo un cierto control. Tanto las políticas aplicadas desde los ministerios, como desde las policías, han tenido su efecto. Han logrado prever con altos grados de precisión, la derivación de los conflictos sociales. Para el efecto, han echado mano a cuanto hay a su alrededor: organizaciones sindicales debilitadas, cuando no cooptadas; dirigentes históricos con la guardia cómodamente baja, mirando hacia Valparaíso;  centrales de trabajadores con el freno de mano puesto, agentes encubiertos.
 
De esta manera, los que debieron ser elocuentes conflictos sociales, han pasado a ser como mucho, potenciales y contenidas dificultades, fáciles de manejar para los equipos de  inteligencia de Palacio. A lo sumo, se divisan movimientos de carácter social que siguen limitando con reivindicaciones sectoriales sin que se levante el alza para poner en el centro, las necesarias e inevitables reivindicaciones políticas.
 
Como la democratización del país. A menos que pensemos que por el hecho de haber elecciones casi cada dos años, este país es democrático. Sería como suponer que es justo porque tiene tribunales y pacífico porque no tiene guerras.
 
La existencia de una Constitución nacida de la dictadura, y sus hijitos: una economía depredadora y excluyente, un sistema político hecho a la medida de los ganadores de siempre, un país dividido entre los que tienen y los que no, con una educación salud y previsión para ricos y otra para pobres, no puede sino ser una caldera que tarde o temprano debe estallar.
 
Si se dan las condiciones, dará lo mismo quien reparta los bonos.