Chile, otra vez el “modelito regional”
Otra variable clave es el desempleo, que en Chile se ha estancado en un 10,8 por ciento y ha dado pie a todo tipo de interpretaciones alegres. Pero como pasa con la distorsión del crecimiento del PIB, aquí también se aplica el mismo y mentiroso discurso. ¡No estamos mejor que el resto de la región! Las proyecciones de la CEPAL son claras: la tasa de desempleo en Latinoamérica llegó a 8,5 por ciento en el segundo trimestre del año en curso, la que es sensiblemente menor a la que registra Chile. Si comparamos por países, vemos que sólo Colombia, con un 12,8 por ciento, supera a Chile en desempleo. El resto tienen menores índices. Por citar algunos, vemos que Argentina tiene un 8,7; Brasil, 8,2; Ecuador, 8,7, México, 7,2; Perú, 8,4, y Venezuela, con 7,7 por ciento. ¡Y en Chile celebran!
Reactivación: más dudas que certezas
Hay quienes sí observan las estadísticas y no se creen el fin de esta malograda historia. El economista Manuel Riesco, que ha seguido día a día el devenir de la crisis, hace una observación sobre el aumento de los precios bursátiles, los que en Chile, durante el año en curso, han subido en promedio más de un 40 por ciento. Al analizar la evolución de las bolsas desde el 2000 a la fecha, éstas nunca han recuperado los precios de inicios de la década. “Las bolsas mundiales nunca han recuperado sus máximos del 2000” afirma Riesco, en tanto levanta sus dudas sobre todas estas señales de recuperación: “El mes terminó con mayores señales de recuperación económica. La recesión era ya la más prolongada, profunda y global de postguerra y en algún momento tenía que topar fondo. Existen muchas dudas, sin embargo, respecto de la fuerza y durabilidad de la recuperación en curso”. Porque el periodo actual podría ser un remanso derivado de las ingentes cantidades de dólares y euros inyectados por los gobiernos a sus sectores financieros, posibilidad de la que no se cansan de advertir los organismos económicos internacionales. Tras el daño realizado, sobre qué bases podría rearmarse el capitalismo globalizado. La crisis financiera mutó en una crisis sistémica, cuya solución pasa por una profunda transformación. La maquinaria de producción y consumo no puede volver a apoyarse en sus corroídas bases.
El problema está en el corazón económico del mundo, en el centro del imperio. Allí también se habla de recuperación, pero no de su extrema debilidad, la que se expresa en el frágil consumo, el limitado acceso al crédito, que sigue cayendo, el estancamiento de los salarios. Y el enorme desempleo: en septiembre la tasa nacional de cesantía en Estados Unidos se mantuvo en 9,8 por ciento, la más alta en 26 años y mayor que la del mes precedente. Según la mayoría de los analistas, el desempleo seguirá en aumento.
Y están las insolvencias bancarias. La cifra de bancos quebrados en Estados Unidos tras la crisis financiera suma y sigue. Durante la primera semana de septiembre cerraron tres nuevos bancos, sumando un total de 98 a esta lista. Días más tarde, durante la reunión del FMI y el Banco Mundial en Estambul, Turquía, el inversionista y especulador mundial George Soros dijo con claridad que “Estados Unidos avanzará muy lentamente en la recuperación, porque tiene un largo camino por recorrer”. Uno de sus problemas son las compañías financieras “básicamente quebradas” y los consumidores altamente endeudados. Un obstáculo mayor en un país cuya economía se basa en el consumo de masas.
El director del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, fue cauto en su optimismo durante la reunión en Estambul. Habló sobre una próxima salida de la crisis, pero advirtió a los gobiernos a mantener las medidas de rescate financiero. De lo contrario, el riesgo de una recaída está a la vuelta de la esquina, posibilidad también expresada un par de semanas antes en la reunión del G-20 en Pittsburg, Estados Unidos. En la declaración final llama la atención la advertencia: “El proceso de recuperación y reparación no ha concluido. En muchos países el desempleo es muy alto para ser aceptable. No existen aún condiciones para que se recupere la demanda privada… Sostendremos nuestra vigorosa respuesta de política hasta asegurar una recuperación duradera y asegurar también que, junto con el crecimiento, retornen los empleos. No descansaremos hasta que la economía mundial sea saludable por completo y las familias en todas partes puedan encontrar trabajos idóneos. Evitaremos el retiro prematuro de los estímulos…”
El riesgo, ya advertido por las instituciones multilaterales es, precisamente, el retiro de las ayudas y subsidios, las que son hoy la causa de la muy incipiente reactivación. Un riesgo real, que aumenta a medida que aparecen nuevas estadísticas alegres. Este nuevo ánimo ha sido el que impidió que se aprobaran las nuevas regulaciones a los mercados financieros, lo que ha dejado a los tiburones de Wall Street en las mismas condiciones pre crisis. Las prácticas especulativas podrían volver a ser en el breve plazo el alimento del capitalismo.
¿Cómo solventará estas millonarias medidas la ya sobre endeudada economía estadounidense? ¿Cómo se reactivará el consumo, la producción, las ventas? ¿A quién le venderá China sus manufacturas? ¿Cómo se resolverá el alto desempleo?
O más cercanas. ¿Seguirá China comprando cobre chileno a raudales? ¿Dónde se crearán los cientos de miles de empleos que faltan? ¿Qué pasará con los bajos salarios? ¿Por dónde crecerá la economía chilena a altas tasas? ¿Será posible terminar con el proceso de concentración de la riqueza y la desigualdad? Porque es bueno recordar: tras la crisis asiática la economía chilena nunca más creció a tasas sobre el siete por ciento, el alto desempleo ha durado ya casi una década y la concentración de la riqueza e índices de desigualdad ha marcado registros históricos en los últimos años.
Aun así están eufóricos ante el fin de la crisis. Pero en los hechos, llevamos más de diez años recesión y treinta y tantos de plena crisis.
PAUL WALDER
Publicado en revista Punto Final
