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Agosto 18, 2026

El día que la palabra “Pico” desapareció de las calles de Chile

Quienes crecimos en el Chile anterior a la dictadura, lo hicimos en un contexto socio-cultural en que la palabra “Pico” -así, con mayúscula inicial o con su referente gráficamente representado en distintas formas y tamaños- figuraba en el derrotero diario de nuestras vidas, inescrupulosamente presente  y desafiante en las paredes de casas y edificios, cercos y murallas, calzadas y aceras, plazas, fuentes y monumentos, y -por supuesto- cuidadosamente escrita y hasta tallada con cortaplumas en los bancos de madera de escuelas, colegios y liceos, como también en las paredes de retretes y urinarios de establecimientos educacionales, cines, restoranes, discotecas, fuentes de soda, estadios y demás lugares públicos. 

 

Cuando cabros chicos, la leímos en silencio por doquiera mientras caminábamos de la mano de nuestros padres y madres sin que ellos se dieran por enterados frente a su presencia contestaria y sin que nosotros preguntáramos nada. Sin embargo los adultos de la época, que también habían crecido con ella, sabían perfectamente, al igual que nosotros, que estaba ahí, allí y allá, por todas partes, presente, omnipresente. 


Tal vez incluso -por lo menos los varones- la escribimos alguna vez en las paredes de algún retrete. Como nunca entré a ningún baño femenino, no sé si también las chiquillas harían lo mismo o si sólo dibujarían corazoncitos -en rigor, una representación abstracta y estilizada de la contraparte femenina que culturalmente ha pasado a ser símbolo del amor-, pero sea como sea, ellas también crecieron rodeadas de ella y la leyeron en silencio, sin ruborizarse. Era normal.

Normal. Y contestario.

Tan normal y contestatario que en la tradición chilena oral se cuenta que en los 1960, algún chileno la llegó incluso a escribir con grandes letras en el muro de Berlín. Así es como la habíamos internalizado, convirtiéndola en un símbolo de nuestra idiosincracia.

Y así es como en nuestra juventud, muchos nos convertimos en contestatarios -como la palabra “Pico” misma- y trabajamos para transformar a Chile en un país más justo, a lo que la reacción respondió con el golpe de Estado de Septiembre de 1973, con todas las consecuencias conocidas, pero también haciendo desaparecer todos nuestros rayados rebeldes de las calles de Chile y, entre ellos, la palabra “Pico”, hasta el día de hoy, como parte del legado invisible de la dictadura que eliminó del país toda forma de pensamiento contestatario. 

Así es como sobrevino el día en que la palabra “Pico” desapareció de las calles de Chile.

Los jóvenes de hoy han crecido en un Chile de paredes pulcras y ascépticas, sin rebeldía.

Mientras la palabra “Pico” y su carácter contestatario no vuelvan a tomarse las calles de Chile, no volverá a haber esperanza de un país mejor ni los habitantes de este país volveremos a ser chilenos en el sentido profundo de lo que ello significa.