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La intensificación y ampliación de la proyección militar de Estados Unidos sobre América Latina ocurre cuando se agudiza una crisis de acumulación detectada desde hace 40 años, que adquirió manifestaciones sólo comparables con la gran depresión.
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Pero la preponderancia de instrumentos militares y de inteligencia en áreas de importancia estratégica por sus recursos naturales (Oriente Medio, el Cáucaso, África, y ese mismo dominio sobre un Hemisferio utilizado como reserva estratégica), gestaron un freno en los avances tecnológicos requeridos para la competitividad, para el ahorro y la diversificación energética. El fenómeno se profundiza con el gobierno de Reagan, como lo documenta Paul Roberts ( 2004), enfatizando los objetivos de lucro e imponiendo lineamientos de los poderosos cabildos petroleros, gaseros, carboníferos y automovilísticos; limitando recursos universitarios y federales para la investigación y desarrollo en energía, todo bajo el lema militar dirigido al ciudadano medio: no se necesita conservar: nosotros iremos y conseguiremos el petróleo. En 1994 por primera vez en la historia EU importó más petróleo que el que producía lo que a su vez acicateó más militarización con Bush-Cheney, bajo otra divisa, esta vez de los consumidores al Pentágono y que empezó a leerse en los vehículos que recorrían las carreteras de costa a costa en medio de una brutal carnicería en Irak y cuando Sadam todavía vivía: “”. El predicamento hegemónico reside en que hoy América Latina y el mundo se unifican en el rechazo a esta barbarie genocida para acceder a los recursos.
Pero la preponderancia de instrumentos militares y de inteligencia en áreas de importancia estratégica por sus recursos naturales (Oriente Medio, el Cáucaso, África, y ese mismo dominio sobre un Hemisferio utilizado como reserva estratégica), gestaron un freno en los avances tecnológicos requeridos para la competitividad, para el ahorro y la diversificación energética. El fenómeno se profundiza con el gobierno de Reagan, como lo documenta Paul Roberts ( 2004), enfatizando los objetivos de lucro e imponiendo lineamientos de los poderosos cabildos petroleros, gaseros, carboníferos y automovilísticos; limitando recursos universitarios y federales para la investigación y desarrollo en energía, todo bajo el lema militar dirigido al ciudadano medio: no se necesita conservar: nosotros iremos y conseguiremos el petróleo. En 1994 por primera vez en la historia EU importó más petróleo que el que producía lo que a su vez acicateó más militarización con Bush-Cheney, bajo otra divisa, esta vez de los consumidores al Pentágono y que empezó a leerse en los vehículos que recorrían las carreteras de costa a costa en medio de una brutal carnicería en Irak y cuando Sadam todavía vivía: “”. El predicamento hegemónico reside en que hoy América Latina y el mundo se unifican en el rechazo a esta barbarie genocida para acceder a los recursos.
Pero la preponderancia de instrumentos militares y de inteligencia en áreas de importancia estratégica por sus recursos naturales (Oriente Medio, el Cáucaso, África, y ese mismo dominio sobre un Hemisferio utilizado como reserva estratégica), gestaron un freno en los avances tecnológicos requeridos para la competitividad, para el ahorro y la diversificación energética. El fenómeno se profundiza con el gobierno de Reagan, como lo documenta Paul Roberts ( 2004), enfatizando los objetivos de lucro e imponiendo lineamientos de los poderosos cabildos petroleros, gaseros, carboníferos y automovilísticos; limitando recursos universitarios y federales para la investigación y desarrollo en energía, todo bajo el lema militar dirigido al ciudadano medio: no se necesita conservar: nosotros iremos y conseguiremos el petróleo. En 1994 por primera vez en la historia EU importó más petróleo que el que producía lo que a su vez acicateó más militarización con Bush-Cheney, bajo otra divisa, esta vez de los consumidores al Pentágono y que empezó a leerse en los vehículos que recorrían las carreteras de costa a costa en medio de una brutal carnicería en Irak y cuando Sadam todavía vivía: “”. El predicamento hegemónico reside en que hoy América Latina y el mundo se unifican en el rechazo a esta barbarie genocida para acceder a los recursos.
