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Agosto 18, 2026

“Allende en obras”

Tarragona, España.- Coincidiendo, casualidad o no, con el centenario del natalicio del Presidente Salvador Allende, han aparecido un sinnúmero de obras inspiradas en él, en su vida, en su legado o en el proceso de la UP, la “experiencia chilena al socialismo” y la tragedia que simboliza para la causa de la democracia y la libertad su abrupta y violenta derrota. Una nutrida producción repartida en los más variados géneros, tanto del quehacer artístico, como histórico, sociológico, etcétera.

Pareciera como si crear en pos y en nombre de Allende tiene garantizada la premiación o, a lo menos, el éxito de ventas. No por nada, hay algunos que ya hablan de la exitosa y rentable marca comercial ALLENDE.  

Pero más allá de lo cual, lo destacable del hecho es, sin duda alguna, la enorme cantidad de un interesantísimo material que se ha producido desde el mismo año 1973 en adelante que, año tras año, lejos de amainar, continúa proliferando y despertando el interés intelectual y artístico de nuevos analistas y creadores.  Hay, en realidad, tanto material producido y disperso en el mundo entero como calles, avenidas, plazas, bustos y monumentos, centros culturales, bibliotecas, facultades, aulas, cátedras y un largo etcétera, para el orgullo de la enorme patria allendista global.  

Este es el caso de un par de excelentes obras que me ha tocado leer recientemente, ambas de impecable factura y calidad literaria, una en género ensayo (de corte histórico-biográfico) y otro narrativa, subgénero novela negra (con ribetes de policial). En primer lugar, estoy hablando de Salvador Allende obra del autor Jesús Manuel Martínez, asturiano, con una sólida formación humanista, filosofía (Paris 1962) y en teología (Roma y Sao Paulo 1967); en 1971 se radicó en Chile  en donde participó activamente del mundo académico y político, fue profesor de la UC, miembro del MAPU, fue director de Chile Films y participó del equipo directivo de la, ya mítica, Editorial Quimantú. Actualmente luego de su exilio es traductor principal de la Comunidad Europea con sede en Bruselas, en donde reside en la actualidad.

Esta obra, ha sido galardonada con el “Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, 2009”, un prestigio premio que otorga el Principado de Asturias, estatuido al cumplirse los 250 años del natalicio de Gaspar Melchor de Jovellanos, considerado uno de los hombres de espíritu más universal de la cultura española. Y, que por lo otra parte, se inscribe, en un género –el biográfico- que en el mundo anglosajón triunfa rotundamente y por ende tiene el éxito garantizado persé. En esta cultura hasta el más desconocido e insignificante personajillo del mundo del arte o la política, ya tiene hecha su biografía. Contrariamente a lo que ocurre en el mundo hispanoamericano, en donde a pesar de sus no pocos e incondicionales seguidores, resulta abrumadora la cantidad de historias no contadas y de personajes in-nabordados.

Salvador Allende es una obra intensamente documentada, al decir de los especialistas del género biográfico, “cocinada a la inglesa”, por la búsqueda ingente de datos, de sabrosos detalles y por su excelencia escritural, atributos que le permiten moverse con toda soltura entre el registro académico y el literario. El rigor del dato documental –que le da, precisamente, el corte ensayístico- y una narrativa de impecable factura, que la acerca a la tradición francesa y alemana, constituyen la causa fundamental del goce que promueve su lectura. El rigor investigativo, por lo demás, llevado a su máxima expresión, se traduce en que, prácticamente, en esta obra de Jesús Manuel Martínez no queda nada por auscultar, nada sin escudriñar con el enorme sigilo de un notable investigador, léase los más importantes testimonios (informantes calificados) y todo lo escrito sobre Salvador Allende, novelas, historia, memorias, biografías, etcétera, desfilan en su obra.

Será entonces a partir de un riguroso discurso, en que se despliega un apasionante guión argumental, que se recorren las diferentes etapas y aspectos de la vida del presidente mártir, un relato que articula, con rigor historiográfico y sociológico, el contexto histórico, político y social de un Chile paradojal, orgulloso, próspero, promisorio e injusto y los diferentes aspectos vitales del personaje. Nos muestra, eso si, al Allende de carne y huesos, dotado de un rancio y linajudo ascendiente, pero por sobre todo, heroico y valeroso: “He recibido como única herencia un nombre limpio y una vocación para servir al pueblo, nacida de la formación masónica de mis antepasados…”. Nada más lejos del mármol de las hagiografías,  por el contrario, así vemos discurrir la vida del hombre, el médico, el ministro y el político, gran articulador y líder, con sus triunfos y fracasos, sus alegrías y sinsabores, inundado de las más sabrosas y variadas anécdotas.

Nos muestra, nítidamente, a un personaje notable, dotado de los mejores y meritorios atributos -carisma, gran oratoria, poder de seducción, enorme habilidad de negociador- sin precedentes en la historia política chilena. Conjunto de virtudes que le hicieron merecedor de las más altas investiduras republicanas, hasta llegar a la primera magistratura, la presidencia del país.

Un difícil camino en que debió sortear con no pocos obstáculos, empezando por su propio partido (PS); una desatada y violenta oligarquía; una pontificia y conservadora Democracia Cristiana (DC) y, su confesional, reaccionario y golpista líder, Eduardo Frei (padre); el imperialismo norteamericano de los EE.UU. y sus dispositivos letales, el Congreso, la CIA y el State of Departament; y El Mercurio. Es decir, La crème de la crème de los poderes de la  perversión, los más brutales y descarnados archi-enemigos y sus prácticas del (horror) terror para el cumplimiento de sus objetivos, evitar que Allende entrara a La Moneda investido y simbolizando un gobierno popular, socialista, democrático y antiimperialista.

Para muestra un botón, la elección presidencial del ’64, fue la más sucia y dura campaña de desprestigio, de demonización de la historia política chilena, manchó seria e irreparablemente su honra y su imagen, con las peores vilezas y sandeces. Sencillamente: “La campaña más malévola, más artera, más canalla y más miserable que se tenga conocimiento”, señala con el acierto y la contundencia del conocedor y testigo de los hechos narrados, este autor.

Y Allende nunca estuvo solo para hacer frente a esta maquinaria del horror/terror, siempre se le vio rodeado de incondicionales, siempre listos para luchar contra todo y contra el mundo si fuera necesario. Como aquel 11 de septiembre de 1973. No obstante sobrecoge y abruma todo lo que debió cargar sobre sus hombros, especialmente, en esas últimas horas del “experimento” de la UP, junto a ese puñado de valientes e incondicionales combatientes de la vida, la justicia y la dignidad.

Es que no fue justo ni merecido, es que aún, con el paso de los años, nos llena de asombro, de pavor y de vergüenza. Ahí estuvo solo para defender lo que simbolizaba, la democracia  republicana. “Ya no estaban en sus puestos los presidentes de las cámaras parlamentarias, tampoco el poder judicial, los jefes de partidos de la UP, ya se habían refugiado”. Estaba solo para guiar al pueblo y a la izquierda y lo hizo alto y claro, de manera tan contundente y lúcida, tanto que sus últimas palabras han sido elevadas a categoría de genuina obra maestra, inscritas en la tradición de los más grandes discursos de la historia política de la humanidad, sólo emulados por Wiston Churchill, Charles de Gaulle, Martin Luther King y John F. Kennedy.  

Con ellas se dirigirá a un país derrotado, vacilante y timorato (y cobarde), enfatizará, sin insultar ni culpar a nadie, excepto el innombrable general rastrero, la idea de que el “capital foráneo unido a la reacción, creó el clima de caos y ruptura que facilitó la salida del putsch fascista, con palabras esperanzadoras, serenas, melancólicas, lúcidas y valientes… Inabordables por todo lo dicho y por lo no dicho.

Así termina Allende, “El Chicho”, su vida, “el abanderado del pueblo, el heredero de una larga tradición republicana y progresista ininterrumpida desde los tiempos de la independencia nacional”.  Coronada con un gesto tan brutal como valiente, desaprensivo y generoso -como fue toda la vida- infringiendo, en sus postrimerías, una genuina “lección moral para castigar la cobardía, la felonía y la traición” a sus acérrimos, crueles e implacables cancerberos; y un tributo, una ofrenda, al compromiso y la palabra empeñada de hombre digno, leal, honesto y limpio, poseedor de un enorme realismo político y un profundo sentido de la historia, que ese día gris de septiembre “se quedó en nuestras vidas para siempre”, parafraseando al nobel escritor colombiano, Gabriel García Márquez.

 

La segunda obra, como se ha prefigurado, es una excelente novela negra/policial, lleva por nombre el no menos sugestivo título -y una portada que no lo hace mal en este sentido- Las manos cortadas de Luisgé Martín, un desconocido aunque prolífero escritor madrileño (desde el ’90 ha publicado en Alfaguara, con relativo éxito, incluyente éste, nada menos que siete títulos) de disímil formación, licenciado en filología hispánica y Máster en gerencia empresarial, nos presenta un relato de impecable factura -muy bien escrito en verdad-.

Con su innegable y desbordante talento narrativo nos adentra en una negra historia plagada de peripecia que le tiene a él mismo como narrador protagonista, un escritor gay que viaja a Chile a presentar su último trabajo y se encuentra con una cita en la cual le serán entregadas, asesinato mediante, unas apócrifas cartas, supuestamente, escritas por Salvador Allende a Fidel Castro a comienzos del fatídico año ’73  y cuyo contenido bombástico, por cierto, eventualmente echaría por tierra la imagen del gran demócrata ejemplar que ha legado Allende a la humanidad.

En su recorrido por develar el misterio de las enigmáticas misivas, el narrador personaje desarrolla toda una peregrinatio que nos conduce a una fascinante y subyugante (intra) historia –se pasea por toda la historia del un siglo de nuestro país- cuya intriga no está exenta de traición, amor y crímenes, de luchas sociales y políticas, que caracterizan nuestra historia reciente. Con una notable galería de personajes se introduce de modo magistral en al alma humana, sus miserias y grandezas.

Uno de los más notables de estos es, en nuestra opinión, la Claudia Martín una pobre joven ciega, que fue en sus años mozos, luego de ser vendida a la muerte de sus padres, una de las más apetecidas prostitutas de los burdeles de Calama, Valparaíso y Santiago. Con su sorprendente parecido a Ava Gardner pronto empezó, “La puta ciega, como le llamaban, a cobrar una sorprendente y estrepitosa fama. “Se contaban unos a otros las felaciones miríficas, las caricias anales, los masajes sobre la piel hechos con los dedos untados en alguna sustancia tibia, los besos en las encías, la tensión cálida de su vagina”

Será este personaje, quien más tarde, sostendrá un idilio platónico con Salvador Allende y que se remonta a los años mozos del joven doctor Allende, médico de medicina patológica en la ciudad porteña que, gracias a su pericia en materia de necrología, logra salvarle de una injusta acusación de asesinato e iniciar con ella una larga y hermosa amistad, pero que para ella fue el inicio de un largo enamoramiento que mantuvo en secreto durante muchos años. Mediante este artificio argumental el autor se permite la realización de un hermoso y realista retrato de Salvador Allende, un personaje seductor y galante, carismático, soñar y hábil político… “estaba enamorada de él, de su cuerpo de hombre, de su voz recia y de sus manos de dedos grandes. Pero enamorada sobre todo de sus sueños.”

Más tarde ella, gracias su casamiento con un archí enemigo de Allende, Álvaro Savonarola -quien por celos y despecho está detrás de todo una maquinaria que representan las cartas apócrifas- se convertirá en Sandra Flechart, una aristocrática hermosa dama, gracias a la cirugía plástica, a la educación y al manual de corta palos de un talentoso refugiado español, que incluía buenos modales y arte dramático. Luego de muchos años, ya convertida en la refinada y aristócrata señora Savonarola, se reencontrará con Salvador Allende, ya presidente de la República, con quien sostiene una conversación respecto de las actividades sediciosas de su esposo y el peligro que corría de continuar en su afán delictivo, en su mítico departamento privado de la calle Bueras en el centro de Santiago de Chile.

Pero lo que más sorprende, al margen de lo documentado de la historia –en sus pasajes históricos- y los hechos presentados es, obviamente, su ambientación y perfecta escenificación en el Chile de ayer y de hoy, un Chile posmoderno, ultra neoliberal y despolitizado, de una historia aunque verosímilmente rebuscada. Cada historia, cada pasaje de su muy bien entretejida peripecia le es útil para re-presentar un trozo, aunque sea un ápice, de la más sabrosa historia de Allende y del país.

Resulta, más o menos obvio, en tiempos de sempiternas crisis, confusión ideológica y de des-ordenamiento político, completamente refrescante y absolutamente edificante y esperanzador, inspirarse en hombres notables y ejemplares como lo fue, sin duda alguna, el Presidente Dr. Salvador Allende. El mejor de los chilenos, el chileno del siglo.

Salvador Allende, Jesús Manuel Martínez, Ediciones Nobel, S.A., Oviedo, España, 2009, 402 págs.
Las Manos Cortadas, Luisgé Martín, Editorial Alfaguara, Madrid, 2009, 464 págs.

Fco-Javier Alvear, Es investigador en comunicación política y electoral, doctorando en Antropología en la URV de Tarragona. Posee formación en humanidades, estética y ciencias sociales (comunicación y periodismo). Es además miembro del ‘Club Internacional de la Prensa’ y de ‘Reporteros sin fronteras’.