Gonzalo Fernández, alias “Dukeduro”, es un artista callejero de la Plaza de Armas y en uno de sus shows conoce a una inmigrante peruana. Ambos entablan una relación, que por motivos políticos y raciales se ve truncada. Mientras ella vuelve decepcionada a su país, luego de vivir un traumatizante atentado racista, él comienza un viaje de autodescubrimiento que lo lleva a Norteamérica.
Esta es la historia que narra “WorKing la Vida”, monólogo escrito e interpretado por Mauricio Fuentes que debuta el viernes 2 de octubre en el Centro Arte Alameda, donde estará sólo ocho funciones antes de partir a Nueva York.
Fuentes cuenta que, con una estética de cómic, la pieza aborda principalmente “la intolerancia que se vive en nuestra sociedad chilena y latinoamericana, y cómo esta intolerancia atenta contra de nosotros mismos. La obra cuenta una historia de amor víctima de esa intolerancia, y también habla de la relación amor-odio que puede sentir un latinoamericano por su propio país. Es un sentimiento contradictorio, porque uno ama a su país, pero sufre por las injusticias sociales, el clasismo, racismo, la falta de oportunidades, el subdesarrollo”.
Mauricio vive desde hace años en el entorno de la Plaza de Armas, donde ha podido compartir con peruanos, árabes, colombianos, cubanos, todos inmigrantes, además de conocer el submundo formado por flaites, putas (os), dillers, vendedores callejeros, alcohólicos y mendigos etc. Por lo que su voz autoral está nutrida de realidad y observación.
“Hay algo de autobiográfico”, dice. “Soy yo encarnando a un personaje más marginal, pero que nace de mí mismo. Yo me voy, dentro de poco tiempo, a vivir a Canadá, y el personaje de la obra también emigra”.
La puesta en escena:
El escenario vacío, que transforma el actor, y la luz que crea atmósferas son los elementos imprescindibles en esta pieza. Hay un trabajo importante de iluminación hecho por Camilo Saavedra y Ely Zapata, con luces fluorescentes y materiales de plástico reciclado, como una metáfora de la ciudad, de la tecnología, y del reciclaje.
A la iluminación se suma la música, que es interpretada en vivo por Mauricio Fuentes. Hay bases y música incidental compuestas en su totalidad por María Pizarro, que se suma a las letras escritas Fuentes. Pedro Foncea, además, entrenó a Fuentes en la interpretación del hip hop y colaboró con una base. “El hip hop de nuestra obra tiene elementos del rock en sus bases, y los textos son duros, algunos violentos y a veces irónicos, tomando la herencia del punk mas contestatario”, explica el intérprete.
Fuentes cuenta que, con una estética de cómic, la pieza aborda principalmente “la intolerancia que se vive en nuestra sociedad chilena y latinoamericana, y cómo esta intolerancia atenta contra de nosotros mismos. La obra cuenta una historia de amor víctima de esa intolerancia, y también habla de la relación amor-odio que puede sentir un latinoamericano por su propio país. Es un sentimiento contradictorio, porque uno ama a su país, pero sufre por las injusticias sociales, el clasismo, racismo, la falta de oportunidades, el subdesarrollo”.
Mauricio vive desde hace años en el entorno de la Plaza de Armas, donde ha podido compartir con peruanos, árabes, colombianos, cubanos, todos inmigrantes, además de conocer el submundo formado por flaites, putas (os), dillers, vendedores callejeros, alcohólicos y mendigos etc. Por lo que su voz autoral está nutrida de realidad y observación.
“Hay algo de autobiográfico”, dice. “Soy yo encarnando a un personaje más marginal, pero que nace de mí mismo. Yo me voy, dentro de poco tiempo, a vivir a Canadá, y el personaje de la obra también emigra”.
La puesta en escena:
El escenario vacío, que transforma el actor, y la luz que crea atmósferas son los elementos imprescindibles en esta pieza. Hay un trabajo importante de iluminación hecho por Camilo Saavedra y Ely Zapata, con luces fluorescentes y materiales de plástico reciclado, como una metáfora de la ciudad, de la tecnología, y del reciclaje.
A la iluminación se suma la música, que es interpretada en vivo por Mauricio Fuentes. Hay bases y música incidental compuestas en su totalidad por María Pizarro, que se suma a las letras escritas Fuentes. Pedro Foncea, además, entrenó a Fuentes en la interpretación del hip hop y colaboró con una base. “El hip hop de nuestra obra tiene elementos del rock en sus bases, y los textos son duros, algunos violentos y a veces irónicos, tomando la herencia del punk mas contestatario”, explica el intérprete.
