| Es el título del libro de Memorias que el destacado periodista Guillermo Ravest presentó en Santiago el pasado lunes, 14 de septiembre, ante un público numeroso. Sus comentaristas fueron José Miguel Varas y Mónica González, figuras de la profesión. Nuestro compañero Ravest, “el chino” como se le conoce, viajó especialmente desde México en donde reside, naturalmente acompañado de Ligeia Balladares, también periodista, escritora y comunista, su inseparable compañera de medio siglo. |
Por cierto Ravest, en el capítulo final, nos cuenta minuto a minuto cómo fueron las últimas horas de Radio Magallanes la mañana del 11 de septiembre del 73, el trabajo de libretistas, locutores, radiocontroladores, la nerviosa grabación, reproducción y distribución del histórico discurso de Salvador Allende, su propia conversación final con el presidente y el valor del pequeño grupo que en la radio del PC vivió esas horas dolorosas.
Con palabras precisas Guillermo define el marco general del momento que hoy vivimos y dice: “Los represores y los animadores culturales de la ignominia conviven junto a la memoria de los ausentes. Transitan por las mismas veredas quienes los humillaron y quienes les lloran. A casi dos décadas de que formalmente fueran guardadas las bayonetas, continuamos siendo una sociedad de inacabables transiciones hacia la democracia, la justicia, la ética, la equidad social, la verdad. Redefinir nuestra convivencia sigue siendo una tarea pendiente”. Diagnóstico exacto.
Guardando diferencias de tiempo y distancias, en su tiempo también razones tuvo Vicente Huidobro cuando a comienzos del siglo pasado publicó a propósito del Centenario de Chile, su “Balance del Centenario” en el que nos veía como un pueblo “sin entusiasmo” y advertía “
Un país en que un candidato presidencial “de izquierda” se baja. Pero no para apoyar al candidato de la Izquierda, Jorge Arrate, sino para apoyar a otro del mismo sistema que dice combatir. Un país cuyo ejército sigue siendo una caja de lamentables sorpresas, ya sea porque recontrata a honorarios a torturadores de la DINA, o por las sospechosas andanzas de oficiales en complicidad con mercaderes de armas y de helicópteros. Resulta pues que no sólo el pretérito es imperfecto. Hay que modificar el presente para mejorar el futuro.
*Abogado; columna publicada originalmente en El Siglo, se reproduce en El Clarín de Chile con autorización del autor.
