Como otros miles de chilenos en el destierro, no hemos podido formar parte de los actos y movilizaciones de los trabajadores en Chile. Por ello nuestra adhesión es necesariamente, lejana; pero no por eso menos comprometida y entusiasta. Pensando que el mejor homenaje que se le puede brindar al Presidente Allende, hoy hombre universal, es el mirar el futuro fortalecidos con su ejemplo. Por lo tanto queremos una vez más dejar constancia de nuestro compromiso irrenunciable con la causa del pueblo chileno, y de los pueblos de latinoamérica, con el socialismo y los movimientos populares emancipadores, constancia expresada en una reflexión sobre cómo entendemos este presente cargado de retos, y responsabilidades, así el cómo consideramos y apreciamos las perspectivas de futuro.
Por lo tanto nos corresponde a nosotros continuar la lucha que no termina con el golpe de estado, vivimos hoy otras realidades y fases del mismo proceso emancipador.
El proyecto de la Unidad Popular no significó un triunfo electoral más, sino que fue la culminación de un proceso de muchos años de esfuerzos, luchas, triunfos y derrotas experimentadas a través de tantos años, desde el ocaso del siglo 19 caracterizado por el nacimiento de un capitalismo insipiente.
El gobierno popular fue una fase más del proceso de transición al socialismo encabezado por la coalición de partidos agrupados en la Unidad Popular en cuya primera línea estaba Salvador Allende junto a los partidos de izquierda y un vasto y mayoritario movimiento social de trabajadores, mujeres, intelectuales, estudiantes, profesionales, y artistas.
La vigencia de este proyecto esta evidenciada por la realidad que se vive hoy en la región latinoamericana. Que, en el caso de Chile, se encuentra nuevamente frente a la “cuestión social”. Entendida ésta como las graves alteraciones sociales producidas por el decaimiento o relajación de los principios ético-sociales, y condiciones materiales de los sectores asalariados, y excluidos del sistema productivo. La cuestión social se manifiesta fundamentalmente como afectación principal, a los asalariados en sus relaciones con los capitalistas, no obstante que las molestias se hacen sentir en todas las clases sociales.
Sin duda que las condiciones de la cuestión social de hoy son distintas y más complejas, pero los desafíos son los mismos: la lucha por una democracia entendida, no como una cosa en sí, como una abstracción formal, sino como un movimiento político apoyado en la fuerzas del pueblo asalariado. Una democracia que apunte al autogobierno del pueblo y en la que los medios de producción más importantes estén en manos de los trabajadores.
Bajo el impacto de la revolución neoliberal en el período de fines de los años setenta y comienzos de los años ochenta, América Latina fue sometida en su totalidad a las políticas de choque del liberalismo. Irrumpieron con fuerza las privatizaciones, y la disminución del gasto público con el apoyo irrestricto de los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, Paralelamente otros países de América Latina fueron martirizados, víctimas de los cambios de fase del capitalismo mundial provocados por la deuda, y, privados de sus principales palancas de desarrollo económico como son los recursos naturales de los países en vías de desarrollo, divisas y necesidad de nuevos mercados.
Expuesta la región a repetidas crisis financieras, sufrieron el agravamiento espectacular del desgarro social de sus sociedades, ya minadas por las desigualdades. Actuaron, en estas tareas las organizaciones internacionales mencionadas, que son instrumentos de los EEUU, gestor y actor principal del golpe de estado en Chile, que en alianza con la oligarquía chilena organizaran y ejecutaran el golpe de estado en un 11 de septiembre de 1973 colocando a la cabeza, como capataz del mismo, a Augusto Pinochet Ugarte. Y, que años más tarde los EEUU decidieran relevarlo del gobierno, promoviendo la actual coalición que gobierna el país. Esto es necesario tenerlo en cuenta pues la acción de los EEUU no terminó en aquel septiembre, estuvo presente antes del golpe, durante el golpe y después del golpe, y hasta nuestros días. Además, ha promovido una especie de gobierno de “unidad nacional”, que de alguna manera funciona, como de modo cercano, a un “cogobierno” o partido transversal con características de una “dictadura civil” expresada en la amalgama concertación/derecha y todo ello bajo el manto protector de las Fuerzas Armadas. Se puede abundar en ello recordando que la actual Presidente de Chile reitera insistentemente un llamado a un “nuevo pacto social”, lo que ocurrió como reacción a la oleada de alzamientos de los sectores populares –los pinguinos, huelga del cobre, huelgas forestales y rebelión mapuche, empleados fiscales– que se expresaban hasta no hace mucho tiempo, a través de organizaciones sociales frente al agotamiento de los partidos políticos tradicionales. En una primera instancia sectores del pueblo, inermes frente a la represión de sus partidos de clase, se acercaron a posiciones de tinte socialdemócratas, en virtud de que desde ahí se había encarnado, también, la lucha antidictatorial y ellos son los que prometieron “modernizar la economía” pero, más tarde, hicieron suyo el catecismo neoliberal.
Desde el relevo de la dictadura, en Chile y en el resto de otros países de América Latina, a pesar de las alternancias electorales, se han seguido las mismas políticas económicas con las excepciones por todos conocidas. A lo largo del tiempo, la situación política se ha ido haciendo insostenible y estos filo socialdemócratas, luego de tímidas disputas por el poder con las derechas, van entrando en alianzas con ellas, en Chile y en cada país de la región, con el propósito de conservar el poder, argumentando solapadamente de que “es la única alternativa política posible”.
La ausencia de un cambio político durante las alternancias electorales es más bien la imagen de una colusión general de los partidos políticos tradicionales para llevar a cabo los mismos programas, y ello ha provocado el surgimiento de movimientos y organizaciones sociales de masas, y de nuevos líderes continentales como Evo Morales, en Bolivia, a Hugo Chávez, en Venezuela, Lula en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, Tabaré Vásquez en Uruguay, y de alguna manera Fernández en Argentina.
En resumen, en el continente estamos presenciando la salida del reflujo de las organizaciones populares que van señalando una lección: se busca una salida por medio de cambios profundos con marcado acento democrático y popular, que ha comenzado con la recuperación de la soberanía de los estados y de los recursos naturales expoliados por las transnacionales. Tal realidad no ha pasado inadvertida por la OCDE, que agrupa a las naciones más ricas del planeta, y ésta ha dado un viraje en su dictado de políticas para América Latina, llamando a las autoridades de la región a que redistribuyan la riqueza, inviertan en infraestructura y emprendan de una vez el combate a la pobreza.
Es posible que este viraje se deba al surgimiento en el continente de estos gobiernos y de estos grandes movimientos sociales de trabajadores que rechazan el neoliberalismo, y que además buscan crear mecanismos de integración regional al margen de las economías de los países imperiales, y señalando la necesidad de poner los recursos nacionales al servicio del trabajo y no del capital.
El caso específico de Chile no se aleja nada de esto y vemos el mismo panorama, se desarrolló el sector primario exportador por la abundancia de mano de obra barata y la “disciplina laboral”, así como el sector mercantil/financiero, y ello unido al incremento del precio del cobre –del cual el estado sólo controla el 25% aproximadamente– da la imagen de un enorme desarrollo, pero la desigualdad es pavorosa y una bomba de tiempo.
Socialmente se retrocedió casi un siglo en cuanto a las conquistas logradas, es cierto que algunos sectores de trabajadores –los altamente calificados– mejoraron su calidad de vida, más no pasa lo mismo con el grueso de la masa trabajadores que ahora fueron flexibilizados y convertidos eufemísticamente en microempresarios: taxistas, cartoneros, ambulantes, limpia vidrios, trabajos precarios en general.
El retroceso social se puede advertir fácilmente, y sólo como un ejemplo: se ha retrotraído la relación laboral conocida como el “peonaje” que se creía ya extinguido en los campos chilenos. Y, aún más ello se ha desarrollado en las clases medias, en donde hoy, se observan peones con corbata, tarjeta de crédito y traje, pero la relación laboral es del “peonaje”. Por ello no cabe duda que se esta frente, nuevamente como antaño, con una reedición de la “cuestión social”.
Y, de la crisis mundial actual qué se podría decir: quizá, que esta crisis no significa el fin del capitalismo o ni siquiera un cambio sustancial. Sin una acción popular enarbolando un proyecto, al menos en favor de la reforma estructural, se evidenciará que la crisis ha sido sólo un severo reajuste. El resultado será una desigualdad social aún mayor que la anterior a la crisis. Porque es muy difícil que todos los millones de personas que perdieron su empleo y sus casas los puedan recuperar. Y la capacidad del aparato productivo es muy difícil de reconstruir una vez que ha sido subastada como se ha visto, lo cual significa que tampoco los empleos se recuperarán.
Los mercados financieros son rescatados para evitar que el barco del capitalismo financiero se hunda, pero no están sacando agua. No están achicando el agua. Sino gente. Son personas las que lanzan por la borda en nombre de la “estabilización” del sistema. El resultado será un barco más pequeño y más ruin. Porque la mantención de la profunda desigualdad –los ricos viviendo al lado de los económicamente arruinados– requiere de un endurecimiento de las condiciones anteriores del sistema para seguir sosteniendo la situación.
Y sobre ello caben algunas interrogantes: ¿con nuestro trabajo debería ser rescatado este barco, el mayor barco de traficantes que jamás existió, o hundirlo y remplazarlo con un barco más amable y sólido, uno con espacio y oportunidades para todos?. Un barco que no necesite de estos lanzamientos regulares de personas al agua, en los cuales se tenga que lanzar por la borda a los seres humanos para salvar a las personas que viajan en primera clase. Un barco en donde se comprenda que la Tierra no tiene la capacidad como para que todos vivamos cada vez mejor y mejor, o sea en el lujo. Pero sí tiene la capacidad, como recientemente dijo el presidente boliviano Evo Morales, en Naciones Unidas, “para que todos vivamos bien”.
No obstante y por ello, el capitalismo mundial está saliendo de la crisis económico financiera a costa de nuevos desastres sociales: mayor desocupación, más hambrunas, menos solidaridad, menos sindicatos, mayor concentración de la riqueza y del poder. Lo cual determina la necesidad ineludible de cambiar la situación. Pero, para que se produzca un cambio social, se debe cambiar la correlación de fuerzas entre opresores y oprimidos, hay que lograr que éstos comprendan los mecanismos mediante los cuales son explotados y oprimidos y, no consideren que sólo dependen de la mala suerte o del destino. Es necesario hacerles conocer su historia, mostrarles y convencerlos de que hay una salida, de las cada vez “más peores” y regulares crisis del capitalismo y, esa salida es la no capitalista, ella es el socialismo. Trabajo que sin duda implica esfuerzos colectivos que tracen las líneas del futuro. Y, otro mundo si será posible entonces.
Para terminar, digamos algo sobre la contienda electoral: estamos nuevamente frente a la posibilidad de votar por el menos peor. Sobre ello habría que decir que los que decidirán en último término, son los poderes fácticos, o sea los empresarios, los inversionista, la iglesia y los EEUU mezclados con las cúpulas políticas. ¿le convendría a ellos el que la Concertación se fuera a la oposición, y evidentemente aún más descompuesta?, a los empresarios, inversionistas y los intereses de los EEUU ¿les sería conveniente una concertación dividida, rencorosa y sin rumbo en la oposición?, ¿los empresarios e inversionistas no han ganado dinero como nunca en la historia de Chile durante los gobiernos concertacionistas?, ¿la tranquilidad social que han logrado mediante mil argucias no les ha permitido vender mano de obra barata bajo condiciones de explotación en santa paz?. Por ello lo más probable es que en segunda vuelta se tenga que votar por Frei, y éste gane la elección bajo “fallo fotográfico”. Para estos poderes fácticos lo conveniente es la continuación de los actuales gobiernos concertacionistas.
Como ya se ha dicho, el mejor homenaje que podemos brindarle al pensamiento y memoria de Allende, y de “los que fueron quedando en el camino” es seguir su lucha tenaz e inclaudicable y, a comenzar de nuevo. Si se atiende bien a ello vemos que: no obstante, las frustraciones, el desaliento y lo pesado de la tarea: hoy hay trabajadores que se expresan de una u otra forma, se organizan y salen a las calles. De una u otra forma van abriendo espacios para desde ahí ganar otros. Hoy se tienen múltiples iniciativas, como una que cada día toma más fuerza, y que es la organización de la Asamblea Nacional Constituyente que se propone cambiar la constitución de la dictadura que nos rige. A ella se ha llamado a sumarse en términos individuales sin exigir adscripción a organización determinada, lo que marca su carácter estrictamente democrático. Se trata de pronunciarse si se esta de acuerdo en cambiar la constitución. Con ello, se ganaría en dignidad, ciudadanía y libertad así como nuevos espacios desde donde ir a la conquista de los derechos inalienables del pueblo trabajador y democrático.
Esta es la forma digna y consecuente de rendir homenaje al Pdte. Salvador Allende.
Esta es una forma digna y verdadera para seguir llamándonos luchadores por el socialismo y allendistas.
¡VIVAN LOS PUEBLOS DEL MUNDO!
¡VIVA EL SOCIALISMO!
¡VIVA EL PRESIDENTE ALLENDE!
Ernesto Navarro Guzmán
México D.F., septiembre 2009.
