Olvídate de Nuriel Rubini, ese gurú al peo que te vendió la prensa del imperio para demostrar que hay chatos que saben para dónde vamos en esta crisis económica interminable. Es probable que la chapa de Peter Schiff no te diga nada pero este tigre sí advirtió el cagazo que venía, a fines del 2006 y en los primeros meses del 2007.
Por cierto no le hicieron caso. “Expertos” como Mike Norman, Arthur Laffer o Ben Stein aseguraron que la economía estadounidense nunca había estado en better shape, simplemente “espectacular” como dijo Laffer mientras Norman se apretaba la tripa riéndose de Peter Schiff.
Bad news para el business no es lo que vende. Lo que vende son los discursitos ramplones de Velasco cuando asegura que no hay ni habrá ninguna crisis, para luego cogerse una diarrea poco controlada y aceptar del FMI un plan de reactivación insuficiente, tardío y mal preparado.
El mismo Velasco que, ufano de él mismo, viene a decir en la TV que una baja de un 0,4% del índice de inflación equivale a un mayor poder adquisitivo del personal. Solo le faltó anunciar una baja de salarios para evitar el recalentamiento de la economía, ¡no te jode!, si en Chile se llamase a las cosas por el nombre que tienen habría que tratar de mentiroso al ministro de hacienda.
En fin, que Peter Schiff, -corredor de Bolsa en Connecticut-, sigue pensando que la economía chanta de los EEUU nos promete peores catástrofes en un futuro no muy lejano. Y estima que los remedios aportados por Ben Bernanke y Timothy Geithner son peores que la enfermedad. Su libro “Crash Proof: How to Profit from the Coming Economic Collapse”, se vende como pan caliente.
Scott Page, -un “experto” de la Universidad de Michigan-, asegura que “el hecho de haber tenido razón esta vez no quiere decir que (Schiff) tendrá razón una vez más”. Pero se apresura a agregar que “Todos los modelos (económicos) están errados y esa es la razón por la que hay que tener diversos modelos” y escuchar a estos tipos tan originales.
Si no lo sabías, a eso se dedican los economistas, los presidentes de los bancos centrales y los ministros de hacienda: a jugar con modelitos matemáticos cuya relación con la economía real es tan lejana como la que tengo con la Carla Bruni y la Beyoncé.
Y todos esos modelos son falsos, están errados a tal punto que Alain Greenspan, un boludo muy aficionado a jugar con ellos y que fue presidente de la FED -el banco central del imperio-, durante 18 años, terminó por confesar: “Es imposible disponer de modelos adecuados”. Peor aún, los “expertos” del FMI, de la OMC, de la OCDE, del Banco Mundial y otros organismos tan inútiles como arrogantes, recalcularon sus modelitos y encontraron que la globalización no le aporta nada al crecimiento de la economía planetaria.
En una época en la que “la mano invisible del mercado que guía la economía hacia la eficacia” se da el lujo de utilizar 80% del ahorro planetario para tapar el insondable agujero de los déficits yanquis en vez de asignar esos recursos a la inversión productiva y a la creación de empleo, a la construcción de las infraestructuras que faltan en todo el mundo, a la salud, a la educación, a la investigación científica y a otras actividades que debiesen asegurar nuestro futuro común, puede que Peter Schiff no esté tan lejos de la verdad y que tenga razón una vez más.
Y es que el pensamiento único, la economía oficial, esa que hace los títulos de la prensa y de la TV, no puede sino contar cuentos de hadas, de cielos azules y de crisis que no hay, o que ya se fueron, porque su función consiste en convencerte de que vives en el mejor mundo posible, algo así como el País de Nunca Jamás, con Velasco de Peter Pan y Bachelet en el rol de Campanillla.
Bad news para el business no es lo que vende. Lo que vende son los discursitos ramplones de Velasco cuando asegura que no hay ni habrá ninguna crisis, para luego cogerse una diarrea poco controlada y aceptar del FMI un plan de reactivación insuficiente, tardío y mal preparado.
El mismo Velasco que, ufano de él mismo, viene a decir en la TV que una baja de un 0,4% del índice de inflación equivale a un mayor poder adquisitivo del personal. Solo le faltó anunciar una baja de salarios para evitar el recalentamiento de la economía, ¡no te jode!, si en Chile se llamase a las cosas por el nombre que tienen habría que tratar de mentiroso al ministro de hacienda.
En fin, que Peter Schiff, -corredor de Bolsa en Connecticut-, sigue pensando que la economía chanta de los EEUU nos promete peores catástrofes en un futuro no muy lejano. Y estima que los remedios aportados por Ben Bernanke y Timothy Geithner son peores que la enfermedad. Su libro “Crash Proof: How to Profit from the Coming Economic Collapse”, se vende como pan caliente.
Scott Page, -un “experto” de la Universidad de Michigan-, asegura que “el hecho de haber tenido razón esta vez no quiere decir que (Schiff) tendrá razón una vez más”. Pero se apresura a agregar que “Todos los modelos (económicos) están errados y esa es la razón por la que hay que tener diversos modelos” y escuchar a estos tipos tan originales.
Si no lo sabías, a eso se dedican los economistas, los presidentes de los bancos centrales y los ministros de hacienda: a jugar con modelitos matemáticos cuya relación con la economía real es tan lejana como la que tengo con la Carla Bruni y la Beyoncé.
Y todos esos modelos son falsos, están errados a tal punto que Alain Greenspan, un boludo muy aficionado a jugar con ellos y que fue presidente de la FED -el banco central del imperio-, durante 18 años, terminó por confesar: “Es imposible disponer de modelos adecuados”. Peor aún, los “expertos” del FMI, de la OMC, de la OCDE, del Banco Mundial y otros organismos tan inútiles como arrogantes, recalcularon sus modelitos y encontraron que la globalización no le aporta nada al crecimiento de la economía planetaria.
En una época en la que “la mano invisible del mercado que guía la economía hacia la eficacia” se da el lujo de utilizar 80% del ahorro planetario para tapar el insondable agujero de los déficits yanquis en vez de asignar esos recursos a la inversión productiva y a la creación de empleo, a la construcción de las infraestructuras que faltan en todo el mundo, a la salud, a la educación, a la investigación científica y a otras actividades que debiesen asegurar nuestro futuro común, puede que Peter Schiff no esté tan lejos de la verdad y que tenga razón una vez más.
Y es que el pensamiento único, la economía oficial, esa que hace los títulos de la prensa y de la TV, no puede sino contar cuentos de hadas, de cielos azules y de crisis que no hay, o que ya se fueron, porque su función consiste en convencerte de que vives en el mejor mundo posible, algo así como el País de Nunca Jamás, con Velasco de Peter Pan y Bachelet en el rol de Campanillla.
