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Agosto 19, 2026

Un 4 de septiembre hace 39 años…

El 4 de septiembre de 1970 fue un viernes. Un día despejado y no muy caluroso en el sur de Chile. Por la tarde los periodistas de un diario de la zona sur se reunieron en la sala de redacción a esperar el resultado de las elecciones presidenciales, todos ya habían votado. Se presentaban tres candidatos: Jorge Alessandri Rodríguez (Partido Nacional), expresidente (1958 -1964) e hijo de Arturo Alessandri Palma, también expresidente de Chile; Radomiro Tomic Romero (Democracia Cristiana) y Salvador Allende (Unidad Popular). 

Los resultados por “orden de llegada” fueron:  Allende 36,3%; Alessandri; 34,9% y Tomic, 27,9% de los votos.

Allende obtuvo la mayoría relativa y debía ser confirmado por el Congreso Nacional.

En la sala de redacción del periódico estaba sentado frente a un televisor un invitado muy extraordinario: el embajador del gobierno de los Estados Unidos en Chile, Edward Korry.

El resto escuchaba al locutor que leía los resultados parciales. Repentinamente se interrumpió la transmisión y el locutor anunció que se dirigiría al país el candidato triunfante en la elección, el Senador Salvador Allende Gossens.

Korry espetó un insulto en inglés cuando apareció la cara de Allende en el televisor: “son of a Bitsch!.

Korry sería un elemento central en la conspiración que terminaría con la muerte del insultado en La Moneda bombardeada por la Fuerza Aérea de Chile un par de días antes de que se cumplieran tres años de la elección.

La indignación casi se pudo palpar en la redacción. Un periodista dijo: “¿que se cree este gringo de mierda que viene a insultar a un presidente electo de Chile?”.

Aún nos quedaba dignidad en Chile. No habíamos perdido el honor y no estabamos asustados como conejos por 17 años de terror.

Eran otros tiempos. Han transcurrido 39 años y mucha sangre ha corrido bajo los puentes en Chile. El país que se aprestaba a gobernar Allende era chico y pobre, pero podía presentar con orgullo una infraestructura industrial creada por el Estado nada de despreciable: el país estaba casi completamente electrificado por la empresa estatal del ramo; una producción respetable de petróleo a cargo de otra empresa estatal. Una parte importante de la carga de mercaderías nacionales y extranjeras eran transportadas por buques nacionales por la empresa marítima del Estado y por los Ferrocarriles del Estado; Chile tenía un servicio de Salud Nacioal que atendía a todos los ciudadanos por igual. La previsión estaba en manos de organismos sin fines de lucro. La educación era asunto del Estado y los colegios particulares se autofinanciaban ya que si los padres querían una educación distinta para sus hijos debían financiarla ellos. Los hospitales los construía una empresa autonoma del Estado que tenía una empresa gemela en la construcción de escuelas. Eduardo Frei el Presidente saliente había iniciado un Reforma Agraria que estaba terminando con el latifundio improductivo en el país y estaba modernizando el campo. Chile podía mirar con esperanza al futuro.

Allende tenía un programa escrito y conocido por todos los chilenos, los que votaron en la elección, mas por los programas que por las personas. Los chilenos eligieron mayoritariamente a Allende porque su programa fue aceptado por las grandes mayorías ya que el programa de Tomic era muy parecido al de Allende.

La gran mayoría de los chilenos estaba inscrito en los Registros Electorales, cuyos libros originales serían hechos picadillo por la dictadura y regalados graciosamente como papel usado a la Empresa Manufacturera de Papeles y Cartones en 1974 como consta en la prensa de la época.

La participación en las elecciones era muy alta. Eran las universidades las que mantenían los canales de televisión y el Estado tenía Televisión Nacional. Todos estaban liberados de la presión de la publicidad. En Chile se veía televisión gratis y sin propaganda.

Eran otros tiempos. Chile era un país mas íntimo. Mas chico, formal pero con un pueblo atento, curioso, libre, discutidor al que no era fácil contarle cuentos como lo hacen ahora los “encantadores de serpientes” que andan por la geografía chilena prometiendo lo que nunca cumplirán (menos uno).

Los corifeos de la Concertación de hoy eran –muchos de ellos- revolucionaros terribles a los que los viejos cuadros socialistas y comunistas miraban con sorna por los alardes que hacían, sabientes de que la revolución no se hace a punta de melenas largas, parkas verdes, barbas y bigotes sino que con trabajo disciplinado y serio y sobre todo sin alardear. El pueblo no alardea, crea todo lo que hay.

Eran otros tiempos. Quizás un poco difíciles de imaginar para alguno o alguna que haya nacido durante la dictadura o era un niño en esos tiempos.

Pero fueron tiempos hermosos para los que los vivimos. Chile parecía un velero a toda vela navegando por el mar rumbo a la esperanza de prosperidad, justicia, fortaleza. Hasta los mas humildes se sentían parte del proyecto nacional. Eramos todos chilenos que construíamos nuestra Patria. Chile era nuestro y no ajeno como hoy, un casi país, un territorio en el que cualquiera puede hacer lo que se le ocurra, sacar lo que se le ocurra y comprar y vender al país como mejor le parezca.

Eran otros tiempos realmente. No hay duda: no volverán, pero otros hombres asumirán la tarea pendiente. Porque la democracia social que quería Allende para Chile está pendiente y con ella todos los aspectos que forman el país y sus problemas. La liberación de las ataduras del férreo dominuio extranjero también está pendiente. La justicia está pendiente.

Hemos vivido en emergencia desde hace mas de 30 años y en esa emergencia toda clase de oportunistas, delincuentes, falsarios, vendepatrias han caído sobre el cuerpo de Chile y lo explotan y nos mantienen confusos y como si estuvieramos perdidos. Pero si creen que es para siempre se equivocan.

Ya llegarán otros tiempos, mejores y con lo aprendido no nos volverá a pasar lo que nos pasó con Allende. Tenga la seguridad, gancho, no hay una próxima vez, porque si se tiran el salto se pegarán un porrazo. Aunque no lo crean, aprendimos.

a.rojas@t-online.de