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Agosto 19, 2026

Difusión cultural, justicia medial

 “Cultura, algo que todos queremos”. Seguramente la frase le suena familiar, si es fanático de la televisión, por supuesto. Y es cierto, todos queremos ver más cultura presente en los diversos rincones de nuestra cotidianidad. En el metro, en la micro, en las calles, y en los medios, sobre todo en los medios.

Por estos días se estuvo realizando en la Cepal una Convención sobre Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, incentivando un debate más intelectual que pragmático sobre la escasez de cultura y el choque entre nuestra identidad chilensis latinoamericana con la que proviene como consecuencia del neoliberalismo o de la famosa globalización.
 

Se habló, con justa razón y en palabras de José Aylwin (director Observatorio Ciudadano), respecto de las criminalizaciones de los pueblos indígenas de América Latina (los claros ejemplos de las matanzas en Perú, Colombia y el estado de cuasi guerra en la Araucanía en Chile), lo que se traduce a fin de cuentas en una represión a la difusión de sus culturas en la sociedad de masas.  También se expuso en la necesidad de políticas públicas en todo el continente para revertir el desolador panorama de la privatización de espacios para el conocimiento cultural y del empobrecido ambiente en el que están inmersos los artistas. Chile, por supuesto, es el mejor ejemplo de aquello.

 
Pero hay elementos importantes que se deben destacar y priorizar en una discusión como ésta. Primero, la necesidad de un estado comprometido con el desarrollo de la cultura, en todos sus ámbitos. Esto abarca mucho más que ampliar los fondos gubernamentales y hacer más talleres y espacios de exposición cultural. Los anterior es un paso importante, pero quizás el eslabón que más trascendencia tiene para que la sociedad logre adquirir ese interés por la “cultura que todos queremos”, es conciliar con los medios y usarlos como la plataforma mediática que son.
 
Entonces, y como lo argumentaba Faride Zerán en una entrevista a un periódico hace un tiempo (en esta convención también fue panelista), hay que partir por modificar la ley que regula a TVN, para que la casa televisiva estatal cumpla de una vez por todas con un rango de calidad en su parrilla programática. Que cumpla con su función social y cultural, sin venderse a la farandulización ni al mercado de lo vendible, deben ser parte de sus principios para alcanzar, como ya he mencionado aquí, esa cultura que todos queremos. Y esa cultura no se reduce a dedicar más espacios a las documentales sobre reproducciones de iguanas estilo Animal Planet, sino que promocionar, aprovechando la dominación de la agenda zetting que poseen, la masificación de contenidos de pintores, actores, escultores, u obras culturales diversas afines y no tan afines al modelo sociopolítico dominante, sin discriminación ni censura alguna. Una televisión estatal con más contenido, con más crítica y más cultura es el ejemplo de una buena democracia.
 
Lo otro, es establecer una política comunicacional correcta. Es incongruente, de parte del gobierno, salir hablando de la intención de ayudar al desarrollo cultural chileno, cuando las revistas independientes y culturales son excluídas de la distribución de la publicidad estatal, (con esto ayudando a sus desapariciones). Lo terrible, se suma a que no es muy difícil encontrar avisos comerciales del gobierno en televisión (gastando varios millones por 30 segundos) justo al horario en que se emite el programa Yingo de Chilevisión. ¿Es ese el aporte estatal?
 
Vale entender que los medios independientes, en su mayoría con fuertes contenidos culturales, apenas alcanzan, según Manuel Cabieses, cerca de un 15% de la torta publicitaria del Estado, muy poco considerando que el resto se distribuye en los dos más grandes conglomerados comunicacionales del país (Copesa y El Mercurio).
 
Hay que comprender que cualquier acción que hace el gobierno en materia de gastos, es una política pública, y que tiene una interrelación con otras áreas, como las culturales, por ejemplo. En este sentido, las decisiones de dónde publicitar y dónde no, es también una política con fines públicas, y debiese ser más justa, considerando el interés del estado en aportar al desarrollo cultural de Chile.
 
Es una tarea pendiente, y mientras no existan las congruencias ya descritas, el gobierno seguirá en deuda en lo que a democracia y fortalecimiento cultural se refiere. Si no hay apoyo a medios culturales, no hay medios culturales, por lo tanto no hay difusión de cultura, por lo tanto hay desconocimiento de la existencia de cultura, y por lo tanto, hay artistas sin ingreso, es decir, amateur, lo que se traduce en una sociedad más ignorante. Entonces, depende de nuestros dirigentes y, por supuesto, de la sociedad civil, en presionar con sus herramientas sociales para hacer cumplir eso que todos queremos ver: más cultura. Mientras eso no pase, una recomendación: mantenga pagada la tele, no le hace bien.
 

Julio Sánchez Agurto / Director Periódico La Diagonal