Eso de que es la tierra la que da vueltas alrededor del sol y no a la inversa se lo habían dicho, hace mucho, sus contrarios, pero no había que creerles: se trataba de inventos de sus adversarios de izquierda, esos rojos que todo lo tergiversan.
Primer gran nuevo descubrimiento.
Fue la URSS, y no el EEUU de John Wayne y sus compinches, cowboys armados de lanzallamas y bombas atómicas, como se venía mostrando en el cine y se venía diciendo en la radio, en la prensa, e incluso en las clases de historia, el principal factor militar en la destrucción del hitlerismo y el triunfo mundial contra el nazi fascismo.
Según La Tercera del domingo recién pasado “El frente oriental (en la segunda guerra) fue el principal teatro de la guerra” “En él, durante cuatro años, más de 400 divisiones alemanas y del Ejército Rojo se enfrentaron…(mientras) en su fase más intensa el frente occidental involucró a 30 divisiones”.”Cerca del 88 % de los soldados alemanes murieron en los combates contra los soviéticos”.
Entonces fue Stalin, el mismísimo Stalin, ese oscuro oso georgiano siempre en blanco y negro, bruto, comunista, ignorante y bigotudo, y no el paternal Roosevelt ni menos el brillante Churchill ni menos aún el gran y adusto Charles de Gaulle, el jefe político- militar decisivo en la Segunda Guerra Mundial.
Segundo gran nuevo descubrimiento mediático. Los peros.
Fueron los gobiernos de EEUU y Brasil, fue el imperialismo, la principal fuerza opositora a Allende y la primera razón de su derrocamiento.
Lo habían dicho, desde antes, “los comunistas” criollos de todos los colores, y algunos lo habían repetido después de 1973, pero no había por qué creerles. Eran “comunistas” o “tontos útiles del comunismo” los que lo decían.
Incluso aún hoy no hay por qué creerles.
La CIA lo ha reconocido, y por tanto El Mercurio y La Tercera, pero no los conservadores criollos.
Para la derecha el principal factor fue que la izquierda aprobó la violencia y creó un caos tal que las fuerzas del orden hubieron de actuar para salvar a Chile.
Aún hay muchos que sostienen que “la ideologización” fue tan abrumadora y la lucha política tan fuerte y contradictoria que el estado de derecho no pudo sostenerse y colapsó.
Algunos, en la izquierda, todavía sostienen que si la Unidad Popular en vez de un 40 hubiese tenido un 60 por ciento de apoyo, el golpe no se habría producido.
Don Patricio Aylwin y algunos viejos dirigentes demócratas cristianos, si bien cambiaron su opinión sobre la dictadura a fines de los setenta y en los ochenta se opusieron a ella, aún – treinta y seis años después y con múltiples comprobaciones – no han reconocido que se equivocaron gravemente al apoyar el golpe de Estado “porque en el país había desgobierno y miles y miles de guerrilleros extranjeros y los militares se alzaron haciendo uso del justo derecho a la rebelión”.
Yo me quedo, me he quedado siempre, con el análisis inmediato de Allende:
“El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las fuerzas armadas rompieran su tradición, la que les enseñara Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando, con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios”.
