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Agosto 18, 2026

Verdades y mentiras del 13

El 13 de septiembre vence el plazo de inscripción en los registros electorales para las elecciones del 13 de diciembre; cuestión que para una buena cantidad de chilenos no significa nada. El gobierno está preocupado por la poca bola que los jóvenes le dan a las elecciones, por ello, a través del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) lanzó la campaña “Yo Tengo Poder, Yo Voto”, destinada a convencer al grupo etario entre 17 y 29 años (a los 30 comienza la vejez) de que “votar es importante”. La campaña se extenderá hasta el 13 de septiembre. Esta sí que es una tremenda mentira, porque una campaña seria no puede durar sólo 42 días; en rigor, se trata de una nueva escaramuza mediática del gobierno, un hazmerreír morrocotudo, una pitanza a la cabrería que todavía se traga esa gabela de la  “participación ciudadana”.

El inciso 2° del artículo 13 de la CP afirma “La calidad de ciudadano otorga los derechos de sufragio…”. Todos sabemos que “los derechos de sufragio” se reducen a unos segundos dentro de una cámara, donde lo más trascendental es hacer una raya en una cartulina tiesa, y luego salir escupiendo el pegamento de la estampilla rumbo a la urna, hasta que unos fulanos (o fulanas) te dicen “firme aquí”, tras lo cual te entintan el dedo y te devuelven el carnet como si hubieras estado preso. Enseguida un milico con una ametralladora te hace un gesto y te señala la “salida”, eso es todo. O sea, sufragar o votar, no significa nada. Es apenas un acto jurídico que sirve a los “elegidos” para validarse como nuestros “representantes”.

SIGA “PARTICIPANDO”

La mentira más grande que se le puede echar a un cabro está implícita en el mensaje subliminal de la frase “Yo Tengo Poder, Yo Voto”. Ella sólo pretende aumentar el tamaño del padrón electoral, y en ningún caso, hacer que el nuevo inscrito ejerza su derecho a “optar a cargos de elección popular” (art. 13); por el contrario, la frase “Yo tengo poder” resulta ambigua cuando su contexto se acota sólo al acto de “votar”. Poder… ¿para qué?; es decir, lo subliminal del mensaje es “inscríbete para que votes por mí”, y en ningún caso “inscríbete para que te elijamos”. El verdadero poder de un joven sería ser elegido para ocupar la plataforma del poder, y desde allí cambiar lo que le resulta injusto, y no seguir votando por ciertos paquidermos.

El director del Injuv, Juan E. Faúndez (quien a sus 32 años ya no es “joven”), lo explica con claridad: “La campaña está dirigida a todos los jóvenes del país, a través de un mensaje simple y directo que pone el acento en la relevancia que tiene para cada persona joven poder votar por sus representantes“. Y agrega: “Esta campaña es un llamado a que vean (los jóvenes) los procesos eleccionarios de manera positiva, libre y proactiva”. Al solicitarle a Faúndez que se explaye sobre esta última frase, me explica que “los jóvenes deben ser proactivos, ellos deben acudir a inscribirse de manera libre, y no esperar que otros los lleven”. Faúndez se resiste a cruzar la frontera que divide al elector y al elegible. Es decir, este funcionario gubernamental no está en condiciones de asegurarle a ningún joven la posibilidad de optar a un cargo de elección popular; por el contrario, evade el debate en torno a la designación de rostros como Andrés Zaldívar, quien a sus casi 80 años postulará una vez más al Senado. “No es necesario filosofar respecto al tema”, concluye. Será.

¿Por qué ni el gobierno ni los políticos les explican a los jóvenes el sentido y alcance del artículo 13? Cuando éste asegura que La calidad de ciudadano otorga los derechos de sufragio, de optar a cargos de elección popular y los demás que la Constitución o la ley confieran”, está diciendo que cualquier ciudadano puede ejercer su derecho a elegir y ¡ser electo! Lo mismo sucede con la tan bullada participación ciudadana. A ella se le socializa como un fin, en circunstancias que es un medio para modificar una realidad; ¿para qué participar si no es para decidir algo? ¿De qué servían los presupuestos participativos que se hacían en Cerro Navia cuando la torta ya venía porcionada desde la alcaldía? Algunos ediles, como Cristina Girardi Lavín, han utilizado la participación ciudadana sólo como plataforma proselitista para sus mezquinas aspiraciones políticas.

¿Cuál sería entonces el interés de la juventud por participar en una “democracia” donde los candidatos siguen siendo los mismos de siempre, y en la cual no se tiene sino la “obligación” de votar por ellos? El nepotismo disfrazado de progresismo es una clave para articular una posible respuesta. En opinión del cientista político Patricio Navia, cerca del 97 por ciento de los candidatos de la Concertación y la Coalición por el Cambio, resultarán electos en diciembre. Por eso, joven, ¡¡sigue “participando”!! Muchos te lo agradecerán.

Publicado en Punto Final N° 692 (21 de agosto)