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Agosto 19, 2026

¿Qué representa el sombrero de Zelaya?

Políticamente controvertido, el Mandatario depuesto de Honduras recibió honores de un gobierno que se ha manifestado claramente contra lo ocurrido en ese país. Pero allí la DC participa junto a Micheletti y lo que sienta la Presidenta Bachelet no se corresponde necesariamente con lo que sus compañeros de coalición llaman “mesianismo autoritario y populista” de Manuel Zelaya.

El Presidente itinerante de Honduras fue objeto el jueves en La Moneda del mayor de los gestos políticos que el gobierno chileno podía ofrecerle: recibirlo con  los honores militares que corresponden a su investidura de Mandatario constitucional democráticamente elegido. Michelle Bachelet lo esperó en las puertas de palacio, lo homenajeó con un almuerzo con las autoridades nacionales y dialogó con él por espacio de casi tres horas y media. El visitante, a su vez, tuvo el gesto de dirigirse con megáfono en mano al público circundante y, cerca del monumento a Salvador Allende, parafraseó al Presidente trágicamente derrocado.

Fue el momento en que recordamos las palabras en Nueva York,en 1978, de un funcionario chileno de Naciones Unidas, cuando nos dijo –con un cinismo que le representamos- que Allende debió haber hecho lo del Presidente chipriota Makarios: tomar el avión que le ofrecían los militares y recorrer el mundo hasta ser restituido en el poder.

Es cierto que Manuel Zelaya no abandonó Honduras por voluntad propia, sino que fue puesto a la fuerza en una aeronave con destino a Nicaragua. Hasta ahí llegan las diferencias con el  presidente Makarios. Al igual que éste, se ha convertido efectivamente en  un Mandatario itinerante, que antes de Santiago estuvo en Brasilia, el viernes en Lima y en los próximos días en Washington , para reunirse con la secretaria de Estado Clinton.

El tiempo dirá hasta donde llegan  las semejanzas con el arzobispo chipriota. Makarios volvió al poder en diciembre de 1974, seis meses después de ser derrocado, y se mantuvo allí hasta su muerte en 1977. En el caso del presidente hondureño, el tiempo juega dramáticamente en su contra, pues en noviembre son las elecciones generales previstas por la Constitución y en febrero deben asumir las nuevas autoridades. Zelaya no puede ser reelecto. De ahí que a estas alturas, éste necesite de un sofocamiento comercial del régimen de facto y Estados Unidos, al cual  la economía hondureña está ligada en un 70 %, es la fuerza que podría apretar más.

A esto llamó Zelaya en su reunión con el Presidente brasileño. Lula le prometió hablar con Obama al respecto. El problema para el líder estadounidense es que le resultan incomprensibles los llamados a  presionar en una dirección, cuando a Washington se le ha condenado antes por intervenir en sentido contrario, para apuntalar regímenes indefendibles. No es lo mismo, pero es igual, dicen los que ase oponen a una  doble moral.

Lo concreto es que todas las condenas y medidas diplomáticas de las naciones –incluyendo a EEUU- y las resoluciones de los organismos internacionales no han surtido efecto y, al contrario, los golpistas han conseguido que se les escuche, ya sea recibiéndolos o visitándolos. En estos días sus emisarios se han reunido con el secretario general de la OEA y hacia fines de agosto recibirán en Tegucigalpa a una misión de representantes gubernamentales.  Consintieron finalmente en que José Miguel Insulza la integre, pero la aplazaron  de tal modo que el tiempo siga jugando en su favor.

Si las elecciones de noviembre se realizan sin Zelaya restituido, ¿estará la comunidad internacional dispuesta a cumplir su advertencia de que no reconocerá a un gobierno electo en esas condiciones?  Mientras ayer Zelaya era recibido en La Moneda, en Tegucigalpa el vicepresidente de facto era golpeado por manifestantes. Ocurre que ese golpista, llamado Ramón Velásquez, es un congresista de militancia democratacristiana. La DC internacional y americana, incluida la chilena, ve con recelo lo que llama “mesianismo autoritario y populista” de Zelaya.

Mientras tanto, éste camina por el mundo con su sombrero blanco de alas anchas, que algunos dicen  que es el Stetson que usaba Sandino. Otros lo describen como tejano, el que usan los cowboys y rancheros. Y aunque Fidel Castro se lo puso cuando recibió a Zelaya a comienzos de año, lo cierto es que esta ambigüedad de la elegante prenda corre a parejas con lo controvertido que es políticamente el presidente de Honduras.

(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM)