En Montevideo, aunque en un principio se dijo que el Presidente Tabaré Vásquez se remitiría a su “equidistancia” en el conflicto de Venezuela y Ecuador con Colombia, finalmente expresó al visitante la posición “histórica” del Uruguay de rechazo a las bases militares extranjeras en “cualquier territorio de América Latina”, si bien le reiteró su “plena observancia” al principio de no intervención en asuntos de otros Estados.
La invocación a este último principio fue la tónica en la cuenta que rindió ante la prensa el canciller paraguayo, aunque Héctor Lacognata aseguró que en la reunión el Presidente Lugo sostuvo “la necesidad de que este tipo de iniciativa tenga la garantía de no poner en riesgo la seguridad de países vecinos”. Más preocupado pareció el anfitrión en Asunción de expresar su dolor por la crisis andina y su propósito de mediar para que se resuelva. De todos modos, coincidió con la mayoría de uss colegas en que el asunto será tratado especialmente en la cumbre de la Unasur este lunes en Ecuador, en la que Colombia estará representada por un funcionario de rango menor, por la ausencia de relaciones diplomáticas entre ambos países.
De la convocatoria a dicha cita se ocupó Michelle Bachelet, quien deberá entregar justamente allí la presidencia pro tempore del organismo al Presidente Rafael Correa. Si bien en La Moneda el canciller Mariano Fernández destacó “el respeto de Chile a la soberanía colombiana”, se sabe que la Presidenta no es partidaria del asentamiento de bases militares en la región, tal como lo expresó en Sao Paulo al concordar totalmente con la posición del Presidente Lula al respecto.
No es que en Santiago haya necesariamente girado en su posición, sino que la política exterior debe conciliar esa convicción antimilitarista con el respeto a las decisiones de los estados. Tal disyuntiva no está resuelta en el incordio actual, porque las siete bases proyectadas apuntarán inevitablemente no sólo al narcotráfico y a la guerrilla, sino también a los países vecinos, en la sola medida que quienes ejercen esas actividades se desplazan con fluidez en las zonas fronterizas.
El asesor internacional de Lula, Marco Aurelio García, lo expresó muy bien al comentar que Venezuela se siente con razón amenazada e invocar la frase de un humorista y filósofo carioca: “Es posible que yo sea paranoico, pero eso no significa que no me estén persiguiendo”·. El asesor le hizo ver el miércoles en al encargado de seguridad de EEUU James Jones que todo esto se trata de resquicios de la guerra fría.
Fue justamente en Brasilia donde Uribe concluyó su “gira muda”, durante la cual nunca habló públicamente, salvo para saludar a los respectivos pueblos. Se encontró con un Lula atento, pero con la codiciada Amazonía en mente, que le exigió garantías de un proceso transparente que no implique sino acciones humanitarias y que no apunte a terceros países, entre ellos el suyo.
Como la diplomacia de Planalto no es ingenua, reiteró al Presidente viajero que estos y otros aspectos –tardíamente explicados por Bogotá- deben ser dirimidos en el Consejo de Seguridad de Unasur, del cual Brasil fue uno de sus impulsores. El proyectado pacto militar de Estados Unidos y Colombia afrontará todavía, por lo que se ve, algunas vicisitudes, entre ellas la inesperada declaración de Obama del vienes de que EEUU no piensa instalar una base militar en Colombia, sino profundizar la cooperación militar existente.
