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Agosto 18, 2026

A partir de… el próximo año

La opinión crítica a la Concertación – e incluso el pronóstico de una catástrofe de su actual dirección y su fin- no debería dar lugar ni a un regocijo de las direcciones de las otras izquierdas ni a un renacimiento del voluntarismo extremo. Las direcciones del PC, la IC, los humanistas y otros deberían estar muy preocupadas ante la posible victoria de la derecha en diciembre y la mínima consideración de que hoy no están representando a grandes sectores sociales subalternos a pesar de su largo recorrido y sus esfuerzos, algunos heroicos.

Las direcciones revolucionarias exitosas del siglo XX  ( Lenin, Mao, Fidel) siempre miraron con desconfianza a los “anarquistas” y “ultraizquierdistas”.

Podríamos decir que el voluntarismo extremo no estuvo tras las victorias revolucionarias del poder popular allí donde éste se impuso, y sí estuvo tras las derrotas, por ejemplo, de la democracia de Dubcek en la Checoslovaquia de 1968 y de la revolución socialista en el Chile de 1973.

En Chile, en 1973, no sólo fue derrocado el gobierno de Allende sino que fue destruido sin misericordia el  poder popular, asesinados o exiliados sus dirigentes y pulverizadas sus organizaciones. “Las dictaduras municipales” pinochetistas de los setenta y ochenta tuvieron como objetivo principal esa destrucción.

Es obligación mirar las cosas como son.

Las fuerzas sociales y políticas realmente democráticas y progresistas están en las bases de las candidaturas de Frei, Marco, Arrate y Navarro y en un alto porcentaje (no necesariamente mayoritario) de los no inscritos en los registros electorales, ajenos a “la política”.

Quienes quieren construir fuerza política real y avanzar en la democratización de la sociedad chilena deben elevar un programa de cambio que convoque a ese mundo real y le ofrezca a la gente la posibilidad de hacer cosas positivas a través del Estado a partir no de las quimeras sino…del próximo año.

Pueden estar en un programa así:

–          La extensión y profundización de la llamada “protección social” no sólo esperando los milagros del precio del cobre sino asegurándose una mayor participación del Estado en el manejo de la producción del mineral y de su venta, y estableciendo un sistema impositivo que haga pagar más a los que más tienen.
–          El desarrollo inmediato de políticas de apoyo a las organizaciones de los trabajadores y de los consumidores.
–          El establecimiento de una banca (cambio del Banco Estado) al servicio real de la pequeña y la mediana empresa.
–          La participación mayoritaria de los imponentes en los sistemas de salud y previsión.
–          El Estado docente para los sectores de menos ingresos.
–          Una nueva política internacional que considere: el fin del colonialismo en América; el fortalecimiento de la Unión Sudamericana; la integración económica creciente con Brasil, Venezuela y los países del sur; el internacionalizar el puerto de Arica y asegurar también una salida al mar de Bolivia (con un gobierno progresista allí); el cambiar tropas por agua potable en Haití.

-El luchar contra las fuerzas del narcotráfico y el tráfico de armas a nivel internacional.
-Una reforma constitucional que ponga fin al sistema presidencial y establezca una sola Cámara, descentralice de verdad el país y termine con las autoridades estatales no electas.

No se trata de elevar las mejores ideas platónicas sino de proponer lo mejor posible en el Chile de hoy.

Ah! ¡Y condicionar con ese programa la conducta a seguir en diciembre o en marzo!
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