Podríamos decir que el voluntarismo extremo no estuvo tras las victorias revolucionarias del poder popular allí donde éste se impuso, y sí estuvo tras las derrotas, por ejemplo, de la democracia de Dubcek en la Checoslovaquia de 1968 y de la revolución socialista en el Chile de 1973.
En Chile, en 1973, no sólo fue derrocado el gobierno de Allende sino que fue destruido sin misericordia el poder popular, asesinados o exiliados sus dirigentes y pulverizadas sus organizaciones. “Las dictaduras municipales” pinochetistas de los setenta y ochenta tuvieron como objetivo principal esa destrucción.
Es obligación mirar las cosas como son.
Las fuerzas sociales y políticas realmente democráticas y progresistas están en las bases de las candidaturas de Frei, Marco, Arrate y Navarro y en un alto porcentaje (no necesariamente mayoritario) de los no inscritos en los registros electorales, ajenos a “la política”.
Quienes quieren construir fuerza política real y avanzar en la democratización de la sociedad chilena deben elevar un programa de cambio que convoque a ese mundo real y le ofrezca a la gente la posibilidad de hacer cosas positivas a través del Estado a partir no de las quimeras sino…del próximo año.
Pueden estar en un programa así:
– La extensión y profundización de la llamada “protección social” no sólo esperando los milagros del precio del cobre sino asegurándose una mayor participación del Estado en el manejo de la producción del mineral y de su venta, y estableciendo un sistema impositivo que haga pagar más a los que más tienen.
– El desarrollo inmediato de políticas de apoyo a las organizaciones de los trabajadores y de los consumidores.
– El establecimiento de una banca (cambio del Banco Estado) al servicio real de la pequeña y la mediana empresa.
– La participación mayoritaria de los imponentes en los sistemas de salud y previsión.
– El Estado docente para los sectores de menos ingresos.
– Una nueva política internacional que considere: el fin del colonialismo en América; el fortalecimiento de la Unión Sudamericana; la integración económica creciente con Brasil, Venezuela y los países del sur; el internacionalizar el puerto de Arica y asegurar también una salida al mar de Bolivia (con un gobierno progresista allí); el cambiar tropas por agua potable en Haití.
-El luchar contra las fuerzas del narcotráfico y el tráfico de armas a nivel internacional.
-Una reforma constitucional que ponga fin al sistema presidencial y establezca una sola Cámara, descentralice de verdad el país y termine con las autoridades estatales no electas.
–
–
