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Agosto 18, 2026

Las bases que reencendieron la mecha andina

Las acusaciones de Bogotá contra Caracas y Quito sólo lograron reavivar el fuego por los nuevos emplazamientos bélicos de EEUU en suelo sudamericano, poniendo en perspectiva si no una revisión, por o menos un debate al más alto nivel impensado por Washington.           

Al manifestarse Lula y Michelle Bachelet en desacuerdo con las bases militares de EEUU en Colombia, los conflictos que mantiene este último país con Venezuela y Ecuador quedaron situados en su justa perspectiva. Porque es evidente que las acusaciones de Bogotá de que Caracas y Quito mantienen relaciones con las guerrillas de las FARC no apuntan al meollo de la cuestión, que es la nueva relación que se quiere establecer entre la primera potencia mundial y América Latina.  
 
Más aún, después de los reclamos de los presidentes Chávez y Correa por los nuevos emplazamientos estadounidenses bélicos en la región, las acusaciones de que la guerrilla financió la campaña presidencial de Rafael Correa y de que Hugo Chávez la entregó a aquella armamento comprado a Suecia, suenan a reactivas y diversionistas.
 
La persistencia de las FARC es un problema que debe atribuirse a Alvaro Uribe, que ha ganado dos veces la Presidencia con el encargo de terminar con ellas. Y si no ha ocurrido es porque la solución no o es militar, sino política. La guerrilla, por supuesto, no ha conseguido su objetivo de décadas, pero que no haya sido desbaratada por completo está mostrando una derrota de Uribe. Los nexos externos que las FARC puedan tener no son la causa de su subsistencia. Lo son el caldo de cultivo social y económico y la distorsión de la lucha antiguerrillera, plagada de paramilitares corruptos, delincuentes comunes y narcotraficantes.
 
No con  reales simpatías entre sus colegas latinoamericanos, Uribe ha debido volverse a EEUU, tratando de calificar como su socio más fiel y confiable, pese a lo cual no ha podido acortar la larga tramitación del TLC entre ambos países, por los recelos laborales y ambientales que despierta en el Norte. Afectado también por el virus reeleccionista, Uribe debió escuchar a Obama decirle que un tercer mandato no era lo mejor, porque la gente finalmente quiere un cambio.
 
El mandatario colombiano fue el tercer latinoamericano en ser recibido en la oficina oval de la Casa Blanca. Cuidadosamente, se invitó primero a Lula y después de Bachelet, con lo que se quiso dar una señal a la región. Estos últimos optaron en Sao Paulo por el No a las cinco bases militares de EEUU. El presidente brasileño dijo que no quería inmiscuirse en asuntos de otros, pero que lo hablaría con Obama por los alcances que tiene para el hemisferio, y Bachelet se mostró partidaria de llevar el asunto al Unasur, grupo en  el cual ejerce la presidencia pro témpore.
 
Varios otros líderes están invocando todas las instancias multilaterales -la OEA, el Grupo de Río etcetera- y España se ofreció para mediar. Por lo que puede decirse que Chávez y Correa están ganando la batalla diplomática.
 
Se ha encendido un nuevo conflicto entre las tres naciones andinas, con Colombia y Ecuador sin relaciones diplomáticas desde que estallara el anterior entre ambos, hace un año. Entonces se bombardeó un campamento fronterizo en que murió el comandante Reyes. Ahora Venezuela congeló sus relaciones por cuarta vez desde 2002. Las consecuencias económicas pueden especialmente difíciles para el país que gobierna Alvaro Uribe y llevar el asunto de las bases militares, si no a una revisión, por lo menos a un debate al más alto nivel no previsto por los poderes de Washington.
 
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM)