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Agosto 19, 2026

Estamos tocando fondo

Como en la canción de Gabriel Celaya y Paco Ibáñez, tal parece que estamos tocando el fondo, “porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos” en una atmósfera que a ratos se vuelve irrespirable.  De pronto hay vientos de traiciones, mentiras, hipocresías, falta de coraje.

La conducta delictual del candidato del pinochetismo, denunciada en un reportaje de El Siglo, ha sido confirmada documentalmente y, además, por  dos de los actores principales de los graves hechos: la ex ministro de Justicia de la dictadura Mónica Madariaga y el ex juez y ministro de la Corte Suprema Luis Correa Bulo. No se discuta más: Piñera, sí estuvo vinculado al lavado de dinero y a la CIA, fue encargado reo por estafa y fraude al fisco, se ordenó su detención,  se fugó del país con apoyo de la embajada norteamericana en Santiago, la Corte de Santiago rechazó su amparo y sólo se salvó de prisión por la exigencia de la dictadura a los genuflexos miembros de la Suprema de la época. Por el mínimo de decencia exigible, que él no tiene, Piñera debiera bajar su candidatura.
 
Más allá de los gritos de la Matthei y los rezongos de algunos políticos, abogados y periodistas afectos al empresario, lo cierto es que ningún tribunal lo absolvió. Nunca probó su inocencia. Lo salvaron por secretaria igual que a Pinochet. Como relaté desde los años  90 en esta columna, yo mismo tuve copia del expediente en mis manos por lo que me consta lo ocurrido. Cabe agregar que en efecto otro de los implicados fue Carlos Massad, al que la Concertación nombró más tarde ministro ¡y presidente del Banco Central!
 
En otro orden de cosas en la TV, en el mero canal nacional en un bodrio como “Pelotón” se exalta los supuestos valores de los militares, como si en Chile nunca hubiera pasado nada o no les conociéramos. Más allá, en las campañas electorales, se repite la zarandaja de gobernar con “los mejores de la izquierda y la derecha”, un híbrido, una falacia que sólo refleja confusiones y el empeño de esconder las brutales contradicciones de clase de la sociedad chilena. Un senador socialista se abraza con un senador de la UDI. Otros, falsos izquierdistas, ajenos a Allende, saltan de un bando a otro. Pocos, pero chuecos. Parlamentarios en ejercicio de la Concertación, hoy disidentes, se permiten criticar el pacto instrumental de la Izquierda con la Concertación de la que provienen y a la que deben sus puestos. Tal parece que todo se pretende dirigir desde los grandes medios de comunicación controlados por el pinochetismo. El pueblo pareciera no contar para los iluminados del sistema.
 
Como si fuera poco, se insinúa abiertamente la posibilidad del indulto a los violadores de derechos humanos, a los carniceros de la DINA. Está de fiestas El Mercurio y amplifica cualquier opinión favorable a la impunidad de los culpables de crímenes de lesa humanidad. Se habla de “discriminación”, pero la verdad es que este no es asunto de militares o civiles.
 
Bien sabemos todos que los culpables principales fueron civiles: Nixon, Kissinger, Agustín Edwards, los gerentes de las grandes corporaciones y los dirigentes de los partidos políticos chilenos de derecha y centro derecha del 73, no eran uniformados. No se discrimina a nadie, el asunto es otro. Como dicen los uniformados del proceso “Contra Bachelet y otros”: No se les condenó por militares sino por sus horrendos crímenes. Jurídicamente, el Estado de Chile no puede eximirlos de responsabilidad bajo ninguna circunstancia; no es venganza sino justicia; están en penales de lujo, indultarlos sería un ejemplo malvado para el futuro del país y aumentaría el riesgo de repetir esos crímenes. No podemos vulnerar los tratados internacionales que nos obligan ni cabe compasión con los que no la tuvieron con niños, mujeres y ancianos indefensos. ¿Reconciliación? Un mito.
 
En medio de la espesa niebla, la Izquierda sigue construyendo. Jorge Arrate, candidato del Juntos Podemos Más, como un “homenaje a la lucha que está librando el pueblo hondureño contra los golpistas”, anunció que propondrá al Ejecutivo la instalación de una cuarta urna en las próximas elecciones presidenciales para que los chilenos y chilenas se pronuncien sobre una Asamblea Constituyente y nueva Constitución. Arrate fue el único de los candidatos excluidos de un foro organizado por el ejército, que alzó su voz protestando por esos empeños excluyentes y anti populares para agradar a la clase dominante. Cuando estamos tocando fondo, la Izquierda sabrá salir adelante con renovadas fuerzas.
 
*Publicado originalmente en El Siglo (31 de julio de 2009), el autor autoriza a Clarín.cl su difusión.