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Agosto 19, 2026

El río Egipcio fluye a través de Washington

Durante mediados de Julio, el Comité Judicial del Senado celebró audiencias acerca de los requisitos que posee la jueza Sonia Sotomayor para pertenecer al Tribunal Supremo. La oratoria de Solón se centró en temas de algún mundo de ficción, no uno amenazado por el calentamiento global ni una economía en picada.

Por regla general los científicos pronostican funestas consecuencias si continúan las actuales prácticas de producción y consumo, pero los republicanos sureños hicieron énfasis en los temas “fundamentales” del país: el derecho a poseer armas y numchuks, además de los pecados de aborto, acción afirmativa y jueces liberales activistas que permiten que “leyes extrañas” manchen nuestro sistema judicial.

De manera simultánea, las noticias de un número récord de ejecuciones de hipotecas y de mayor desempleo compitieron con historias de tres farisaicos cristianos elegidos de alto nivel que practicaron los mismos pecados contra los cuales habían predicado.

¿Por qué esto fue noticia (otra vez)?  La infidelidad conyugal –las acostumbradas travesuras sexuales– llevaron a los reporteros a “descubrir” que decenas de miembros de ambas Cámaras del Congreso pertenecían a o vivían dentro de una casa de culto “cristiano” en el Capitolio. El gobernador Mark Sanford de Carolina del Sur, el senador por Nevada John Ensign y el ex congresista por Mississippi Chip Pickering compartieron la guía spiritual de colegas congresistas residentes y predicadores dramáticos en este centro religioso de oración. Los detalles revelados debieran provocar que el público cuestione la cordura –o estupidez– de parte de su clase gobernante.

Los pecadores sexuales abandonaron su autoconstruido estado de gracia para caer en la pila de la basura o del rumor. Sus acciones y palabras simbolizaron la banalidad de la política en la era de la negativa imperial. Se entretuvieron con “otras” mujeres; luego se dedicaron a burlescos encubrimientos de sus indiscreciones. Después de dar un mal nombre a la hipocresía –otra vez–, los pecadores implicaron a La Hermandad, la secta secreta que albergaba a estos narcisistas religiosos de primera.

Antes de ser elegido gobernador, Sanford había servido tres períodos en la Cámara de representantes (1995 a 2001) y se vinculó con el grupo de la Calle C de estudio de la Biblia. Una misteriosa fundación, La Hermandad, dirige el lugar y también patrocina el Desayuno Nacional de Oración anual en Washington, anteriormente propiedad de Joven con una Misión y valorado en $1,8 millones de dólares. (Revista WORLD 26 de junio de 2009.)

Los legisladores seguían la inusual doctrina cristiana del Pastor Doug Coe, cuyo hijo David guió a John Ensign por todo el encubrimiento de su aventura. Doug contó al reportero Jeff Sharlet el significado de ser “escogido para el liderazgo, como fue el Rey David –o Mark Sanford”.  Por ejemplo: “Digamos que yo me enteré que usted violó a 3  niñas”. Esta pregunta sería hecha a un joven que se hubiera puesto en cuerpo y alma bajo la autoridad de la Familia. “¿Qué pensaría yo de usted?”

Como la mayoría de las personas, el hombre supuso que Coe pensaría que él era un monstruo. “No”, contestó Coe. “Porque”, escribió Sharlet, “como miembro de la Familia él está entre los que los líderes de la Familia llaman los ‘nuevos escogidos’.” El Pastor Doug, padre de David, reveló un secreto aún más importante. El Supremo le reveló a él en la década de 1960 que Él había escogido a individuos selectos para que vivieran en la casa de calle C. Doug Cole dirigió a la hermandad de la Familia desde mediados de la década de 1960. “Conocí a Coe cuando yo era parte de la Familia. Él explicó lo que significa ser un político escogido”. (Salon.com,  22 de Julio de 2009. En 2002, Jeff Sharlet vivió en la casa de la Familia.)

Estos escogidos, aunque meros mortales –para quienes no se han acostado con ellos–pudieran no haber discernido su misión Divina basada en su más altos valores espirituales.  Así que Coe y sus hijos predicadores, habiendo determinado su status de elite en conversaciones privadas con Dios, comenzaron a entrenar a los poderosos en los métodos apropiados para dirigir el país –quizás el mundo. En un momento dado, ocho miembros del Senado y de la Cámara de Representantes han residido en el Centro de Calle C, donde duermen, rezan y comen por apenas $600 al mes. (¿Indica esto que los residentes son también agarrados?) Otros miembros hacían visitas frecuentes para rezar y buscar orientación espiritual.

La misteriosa residencia de estudios de la Biblia de Coe –¿un moderno Elmer Gantry?– ponía a rezar a políticos cristianos, a ensalzar los principios fundamentales y a acostarse con otras mujeres, después de lo cual discutían sus aventuras extramatrimoniales.

Los desacreditados políticos mintieron y ocultaron sus aventuras mientras continuaban defendiendo los valores familiares tradicionales para todos los demás, especialmente Bill Clinton. “Yo no tuve relaciones sexuales con esa mujer”, juró Clinton refiriéndose a Monica Lewinsky. No llegó a terminar su pensamiento. “Lo único que hice fue meterle el pene en la boca”.

Sanford y Ensign no solo “estuvieron” con otras mujeres. Tuvieron relaciones sexuales con “esas mujeres”, o pudieron haber repetido la pintoresca negativa de Clinton. Es más, meses antes de que las aventuras se convirtieran en noticia, confesaron su infidelidad a sus compinches de la casa de la Calle C. Los devotos camaradas trataron de ayudar a los lujuriosos hipócritas a “solucionar sus relaciones extraconyugales”. En una sesión de grupo, siguiendo las apropiadas normas cristianas, los pecadores podrían arrepentirse a la manera bíblica: mintiendo, sobornando y actuando con astucia. Algunos dirían que los perpetradores pensaron que habían tenido suerte, pero en su lugar les salió el tiro por la culata –no literalmente.

Ensign “usó” a su ayudante, Cynthia Hampton, hasta el punto en que la lujuria se pasó de raya y los miembros del culto intercedieron. Doug Hampton, el esposo de Cynthia y también ayudante de Ensign, se enfrentó a los cristianos en la casa de la Calle C. Viendo la posibilidad de un gran escándalo –el cual Dios desaprueba fuertemente, pero por alguna razón no puede controlar como hace con el tiempo– David y Tim, los hijos de Coe, el líder de la Hermandad, se unieron al residente de Calle C senador Tom Coburn (republicano por Oklahoma) para enfrentar a Ensign. Ellos “solucionaron” el asunto al convencerlo que enviara una carta a Cynthia terminando su relación.

Tim Coe llevó a Ensign a FedEx para que enviara la carta, la cual también prometía que los ricos padres de Ensign pagarían $96 000 a la familia Hampton para que “te calles la boca, amor” –cualquier cosa para mantener unida a una familia. Después de enviar la carta, Ensign se sintió cachondo, llamó a su adorada y le dijo que olvidara el contenido de la carta que iba a recibir. La lujuria de mediana edad de Sanford también lo llevó hacia la mujer de sus sueños excitantes. Una sirena argentina lo atrajo al Sur para satisfacer su libido. Mientras se divertía con la señorita de negros ojos, también trató de ocultar su amistad peligrosa con una mentira acerca de una excursión a los Montes Apalaches.

Hasta que se supo la “noticia”,  él y Ensign eran fuertes candidatos republicanos para la campaña presidencial del 2012. Qué tragedia para la nación y qué desengaño para el Ser Supremo que ellos echaran a perder su oportunidad de obtener el más alto cargo, solo porque el público se enteró de que no cumplieron lo que predicaron. Qué vergüenza para la Hermandad ver cómo sus miembros ardieron a la luz de la publicidad sensacionalista.

Otro poderoso residente de Casa C durante siete años, el Senador Jim DeMint, también de Carolina del Sur como Sanford, citó a Dios: “Somos sal y luz”. DeMint quería decir que “hay gente de fe que han sido salpicados en Washington, D.C.” Entre esos bichos aislados DeMint cuenta al cabildo de los seguros de salud, que contribuyeron con más de $3 millones a su campaña en los últimos cuatro años. Para DeMint, este tipo de influencia del sector privado representa la voluntad de Dios. Obama, por otro lado, al ofrecer servicios de salud respaldados por el gobierno, ha cometido el pecado socialista, el dominio del Diablo.  Los miembros de la Casa de Calle C conocen el onceno mandamiento, en el que Dios bendijo la empresa privada y prohibió los pecaminosos programas dirigidos por el gobierno.

La fe –y millones de dólares– hizo a los devotos émulos de Solón llevar el mensaje de Dios a las audiencias de Sotomayor: posean armas, numchuks, nieguen el calentamiento global, clamen contra el aborto, la acción afirmativa, las leyes extrañas y los jueces activistas (liberales). Los miembros del grupo, Coburn y el  Representante Zach Wamp (republicano por Tennessee), compartieron no solo valores, sino millones de dólares donados a sus fondos por los cabilderos de las armas de fuego y los anti regulaciones de otras industrias: agentes de Dios.

En tiempos de crisis económica y medioambiental, la influencia fundamentalista sobre algunos de los poderosos aparece como una comedia negra. Los predicadores derechistas

Pat Robertson y Jerry Falwell una vez explicaron cómo Dios castigó con el huracán Katrina a Nueva Orleáns –la moderna Sodoma–por permitir a los homosexuales que practicaran un comportamiento inmoral.

Algunos demócratas también pertenecen a este culto. Coincidentemente, poderosos cabildos también han comprado su lealtad (o su fe), dificultando la aprobación del proyecto de ley de salud. Una demócrata sorpresa también flirteó con la familia. Hillary Clinton calificó a Coe de “genuino y amoroso mentor espiritual… una fuente de fuerza y amistad”.  En su autobiografía, Clinton estaba en medio de una lucha defendiéndose de las exigencias de republicanos de derecha a favor de las investigaciones de Whitewater y audiencias para destituir al presidente. No obstante, ella rezó con miembros de esa “vasta conspiración derechista”.

Doug Coe acompañó a la Sra. Clinton como miembro de la delegación norteamericana que asistió al funeral de estado de Madre Teresa en Calcuta en 1997. La Madre Teresa habló en la reunión del Desayuno Nacional de Oración de Coe en Washington en 1994.

Hasta ahora, ningún demócrata importante ha exigido que algunos colegas legisladores se dejen de idioteces, se olviden de la propiedad de numchuks y se enfrenten a los peligros inminentes al país y al planeta. ¿O debemos de esperar por Él –o Ella?

Saul Landau es miembro del Instituto para Estudios de Política cuyos filmes están en DVD ( roundworldproductions@gmail.com ).