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Agosto 19, 2026

De diputados, salmones, antibióticos y virus ISA

{mxc}Hace aproximadamente dos años atrás  (Abril de 2007), la Cámara de Diputados de Chile aprobó un informe  aparentemente inexpugnable,  preparado por su Comisión de Pesca y de Acuicultura y de Recursos Naturales sobre la salmonicultura en el país. En este informe, se afirmaba:  “…que en Chile la salmonicultura haya logrado en corto plazo  el liderazgo mundial que hoy ostenta, ha implicado asumir costos que se han traducido en acusaciones laborales y medioambientales …”,  y continua “la industria trabaja con estándares mundiales (incluyendo los medio ambiéntales)  de altos niveles de exigencia, determinados por los modernos mercados a los cuales llega”.

Este positivo y laudatorio informe de la Comisión fue aprobado por la Cámara en pleno por 67 votos a favor,  uno en contra, y una abstención. Esto  a pesar de una serie de presentaciones a la Comisión y  a la Cámara de ONGs, de científicos y de organizaciones de trabajadores para que el informe se acercara más a la realidad y que, de algún modo reconociera varios de los problemas serios que afectaban a la industria y que influyen negativamente sobre la salud humana, animal y la vitalidad económica de la misma. Estos  problemas estaban  constituidos, entre otros,  por las inadecuadas e insalubres condiciones sanitarias en que se cultivan los peces que favorecen la aparición y diseminación de enfermedades infecciosas, las cuales obligan a un excesivo e imprudente uso de antibióticos y de químicos en la industria.  

            El informe de la Cámara lamenta también “la falta de estudios y de información  científica especifica”…. “que aborden el tema ambiental en forma más profunda e imparcial.”. Sin embargo el informe falla en proponer medidas presupuestaria o político administrativas que remedien esta falta de información estadística,  científica, económica y social sobre la industria como seria de esperar de un ente fiscalizador como la Cámara.  Estadísticas que son imprescindibles y fundamentales para administrar una industria moderna, para regularla de manera adecuada,  para estimular su desarrollo y para lo que es más importante, proteger la salud humana, la salud animal, el medio ambiente y las fuentes de trabajo que la industria genera.  La placidez Panglosiana del informe de los diputados respecto de que la situación de la salmonicultura en Chile era la mejor posible en el mundo,  indudablemente que no se compadecía con la realidad. Esto fue rápidamente y claramente demostrado primero por la eclosión de la epizootia producida por el piojo de mar a fines del 2007, unos meses después de la evacuación del informe de la Cámara,  y el comienzo de la  asoladora plaga provocada por el virus ISA. Estos eventos sepultaron desafortunadamente para siempre cualquier  confiabilidad de la investigación realizada por la Cámara y la fiabilidad en los contenidos de su informe y de sus conclusiones.  Acontecimientos de las últimas semanas han contribuido también a agregarle  tierra a la fosa de la sepultura de este informe, cuya formulación constituyó, tal vez, una última y desperdiciada oportunidad pública para corregir y prevenir  los males que han azotado repetidamente a la industria en los últimos dos años.  
           
            Hace algunas semanas atrás, la compañía salmonera Marine Harvest ha publicado en su informe anual del año 2008 en su sitio web (Sustainability Report 2008)  las cantidades de antibióticos usadas en los diferentes países en que ella desarrolla sus actividades. En el informe se indica que en los años 2007 y 2008 esta firma uso en Noruega 0.02 y 0,07 gramos de antibióticos respectivamente por cada tonelada de salmón producida. Según el mismo informe, en Chile Marine Harvest  uso los años 2007 y 2008,  732 y 560  gramos de antibióticos por cada tonelada de salmón producida. Si los datos del informe son fidedignos, ellos indican  que el año 2007 Marine Harvest usó en Chile 36.600 veces más antibióticos que en Noruega y el años 2008,  8.000 veces más. Estas abrumadoras diferencias en el uso de antibióticos por la misma compañía,  en Chile y en Noruega, indicarían  enormes discrepancias en la calidad del manejo de la salmonicultura en los dos países y también en la regulación del uso de estas substancias antibacterianas por los organismos del Estado.  Interesantemente,  estas cifras publicadas por Marine Harvest parecerían indicar que las diferencias de uso de antibióticos entre Chile y Noruega son aun superiores a las que se obtienen con las cifras provistas por el Ministerio de Economía de Chile y publicitadas por la ONG  Océana.  Estas ultimas estadísticas indicarían que en Chile el año 2007 se usaron 600 veces mas antibióticos que en Noruega (385.6 toneladas). Estas nuevas cifras de uso de antibióticos, empequeñecen a las cifras estimadas hace algunos años atrás por el precursor,  esforzado y a veces incomprendido  equipo del Profesor H. Dolz de la Universidad Austral y citadas en el New York Times  (Marzo 27, 2008) que indicaban que en Chile se usarían en la salmonicultura de 70 a 300 veces más antibióticos que en Noruega. 

            Indudablemente que parecería que aun hay terreno que recorrer para transparentar  íntegramente esta fundamental información científica y técnica con importante proyecciones para el manejo de la industria y de la salud publica y la salud ambiental.  Marine Harvest y el Ministerio de Economía deben ser felicitados por su democrática disposición  a transparentar la información respecto del uso de antibióticos en la industria,  por su muestra de responsabilidad social  al hacerla pública y  por facilitar a salir de la prehistoria al posibilitar el análisis científico y técnico en estas actividades. Al mismo tiempo deben plantearse preguntas acerca de las razones por las cuales los organismos reguladores del Estado en Chile han fallado en el pasado en recolectar y proporcionar de manera inmediata esta información esencial para el desarrollo de la industria, y para la protección de la salud humana y animal,  y el por qué la Cámara de Diputados en su investigación careció de acceso a ella. 

            En un  fascinante y muy bien planeado trabajo recientemente publicado por autores canadienses y chilenos se establece que el virus ISA responsable del colapso de la salmonicultura en Chile fue introducido al país probablemente de Noruega el año 1996 (Virology Journal. 2009. 6:88). El estudio sugiere que el virus circuló prácticamente oculto y de forma sintomática en las poblaciones de salmónidos por más de 10 años, antes de manifestarse a fines del año 2007 como la devastadora epizootia aún en curso.  Probablemente el año 2005,  el virus experimentó una mutación que produjo alteraciones que aumentaron su capacidad de producir enfermedad (virulencia) y de diseminarse en los peces,  generando el flagelo actualmente en curso. Lo que este estudio no dice, pero que es de conocimiento común en la investigación de la evolución de las enfermedades infecciosas humanas y animales,  es que la aparición de la mutación que aumento la virulencia del virus ISA en Chile y su diseminación sintomática  fue probablemente facilitada  por las amplias poblaciones de virus generadas por la perniciosas condiciones sanitarias presentes en la crianza de salmónidos en Chile,  las cuales facilitan la multiplicación y la diseminación del virus.  

            Este fenómeno biológico es homologable  al que ocurre con el virus de la influenza cuando circula en los criaderos industriales porcinos  y avícolas, en condiciones que facilitan su multiplicación,  y que también resultan en la aparición de cambios genéticos como los que son responsables de la pandemia en curso de influenza humana de origen porcino.  En el mejor de los mundos posibles como aquel retratado en el informe parlamentario discutido y en aquel soñado por el optimista Dr. Panglos,  del Cándido de Voltaire,  los organismos reguladores del Estado debieran  haber detectado el virus inmediatamente después de su introducción al país.  Además, debieran haber establecido un programa de vigilancia epidemiológica y junto con la industria,  haber concretado una serie de medidas sanitarias para impedir su diseminación. Esta información también debería haber estado accesible a la Cámara de Diputados cuando realizaba su análisis y redactaba su positivo pero desafortunado informe acerca de las condiciones sanitarias de la industria. 

            En un análisis de este informe parlamentario hecho por  Don F. Pinto de la ONG Terram   (Terram APP No 40. 2007) se indica que en el “… la visión empresarial se superpone claramente “  sobre la visión y los intereses del resto de la Sociedad e incluso sobre las disposiciones de los organismo técnicos del Estado.  Indudablemente que si esto fuera así, esto constituiría una fractura del funcionamiento democrático en la preparación del informe, el cual debiera balancear imparcialmente los intereses de las todas las partes interesadas en el desarrollo de la industria.  Esta potencial fractura,  del funcionamiento de la democracia ha tenido sin dudas resultados funestos para todos los estamentos envueltos en la salmonicultura y para la imagen del país en el exterior. Las  Universidades chilenas, los Institutos de Investigación y las asociaciones de profesionales cuentan indudablemente con un importante número de excelentes y experimentados científicos y técnicos con capacidad para abordar los problemas discutidos de manera eficiente y moderna. Cabe entonces preguntarse por qué los diputados, que nadie espera que sean científicos o técnicos en salmonicultura, pero que si agoten sus esfuerzos en la defensa de los intereses de sus regiones y de todos sus representados, fueron limitados en su habilidad para acceder a esta capacidad científica y tecnológica en la preparación de su informe.  El empleo de esta capacidad científica y tecnológica habría introducido al informe parlamentario las herramientas analíticas de la ciencia tan

necesarias para estudiar diversos aspectos del mundo moderno. Alternativamente los diputados, respondiendo a las necesidades de sus representados y para satisfacerlas (especialmente aquellos de las regiones X y XI),  podrían haber viajado en Noruega y haber visitado la industria de punta de ese país y sus organismos reguladores para adquirir la necesaria experiencia sobre estos temas.  Es también difícil entender que enfrentados los diputados a una total  falta de información fidedigna respecto de diversos aspectos de la salmonicultura, como lo reconocen en su informe fiscalizador,  no solicitaran del gobierno medidas para mejorar drásticamente esta menguada situación que ha ido en desmedro del bienestar de sus representados.  Parafraseando a uno de los padres de la Independencia de EE. UU.,  Thomas Paine,  pareciera que los diputados  “Tuvieran el perjudicial hábito de pensar que esta nefasta falta de información es normal, y terminan con el convencimiento superficial que ésta es una situación adecuada, deseable e inmodificable.”  Pero, como dijera el matemático C. Babage “Los errores cometidos por la falta total de información son mayores que los que se cometen contando con alguna información.”