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Agosto 19, 2026

La moral tiene dos caras y un poto

{mxc}Silvio Berlusconi es un hombre feliz. Le importa un coco si su calentura es de dominio mundial. Cada foto del Premier es una opera de arte. Es ambicioso. Los italianos lo admiran, otros lo odian pero se sienten orgullosos de sus payasadas. La izquierda le teme.  Berlusconi podría hasta quitarle la Casa Blanca a Barack Obama. Tan chamullero el gallo. Sus charlatanerías son de homicidio premeditado. Más mentira dice, más se le apoya. En los desmentidos de Silvio Berlusconi hay provocaciones y tanta ironía. Es popular: todo el mundo sabe de él.

En Italia se le compara con Benito Mussolini. El pionero de la grande Italia es un viejo verde. Las veces que he viajado a Milano me doy unas vueltas por sus riquezas. Cierto, para los hombres que no conocen Milán, pues su hermano construyó la “Milano due”.  Beslusconi y su universo tan de cosa nostra. Todos se preguntan mil cosas. De la nada creó un elefante  financiero. Más tarde se antojó de crear un partido y compró políticos y consejeros. Alcapone II. Controla todo lo que deja monedas. Ahora ha logrado controlar la estampa del vaticano.  Nadie dice nada ni condena nada. La moral tiene dos caras y un poto.

No niega que es un viejo verde. Eso gusta a todos los machos italianos. La mayor parte de las mujeres lo detesta. Es hábil con las palabras y peligroso con su dinero. Si una prostituta es bella y tonta, pues le ofrece un puesto en el gobierno. El rasputín del siglo XXI. Se mira a un espejo y se derrama en un orgasmo todo suyo. Tiene fantasía.

La homosexualidad italiana lo tiene en la lista negra.  Berlusconi juega con los sentimientos de sus opositores. En el Occidente es un hombre simpático porque hace reír. Sus escapes sexuales manifiestan emociones en el seno de los depravados. Bill Clinton y sus asuntos con la Lewinsky son cosas de cabros pavos.  Berlusconi  es débil. Todos los hombres son un fiasco de frente a una mujer bella. Mojan hasta los calcetines con sus babas. Todo eso le salva su puesto de Premier.

La censura existe, obvio, pero para Silvio no. Controla hasta el movimiento de las hojas… A la Pinochet, cierto, pero, son dos historias diversas: uno usó las armas el otro el dinero.

Los santos italianos no son santos. Basta confesar y decir que uno no es de acero y todo pasa al olvido. Silvio, tan humano, el gallo. Se conmueve ante todos y llora de emoción. El cielo lo espera con minas cototudas.

Todos los seguidores de Silvio esperan que un día llegue a ser Pontífice. Cierto, no para condenar los califas…porque el ser es débil delante la carne fresca. “No soy un santo” declaró a la prensa. Los pecados de un capitalista se aceptan sin comentarios. Nunca se les ocurra imitarlo. El gran duce del siglo XXI es único. 

Maradona fue un mito, un fenómeno, Silvio, ya le sopló hasta su popularidad. Un viejo me decía que los humanos tenemos una torre de oro en el alma que cuando llegamos al ultimo escalón nos lleva la pelá. En fin, Silvio va en la mitad.

Godosky