En un país democrático, después de todos los crímenes cometidos allí por los aliados de la DINA, el Estado debió intervenir decididamente y asumir el control tanto para facilitar las investigaciones como para impedir que se repita esa historia de abusos sin límite. ¿Qué ocultos y poderosísimos intereses hay detrás que ocurre esto y nadie se alza para reclamar? De los parlamentarios ni hablemos. ¿Quién protege a Dignidad?¿Hasta cuándo tanta indignidad?
El juez Jorge Zepeda corroboró la existencia del pacto entre la policía secreta chilena, la DINA. y los jerarcas de Colonia Dignidad, convenio criminal que hizo posible numerosos secuestros y desaparecimientos de opositores a la dictadura militar, así como las torturas, violaciones de mujeres y hombres, envenenamientos, ejecuciones, inhumaciones y prisiones ilegales. Luego de los hallazgos de arsenales en Villa Baviera y en el fundo El Litral, el mismo juez estableció la existencia de tráfico internacional de armas. A lo que, como si fuera poco, debe añadirse las agresiones sexuales de Schaefer contra menores. “Dignidad” fue el campo de concentración predilecto de Pinochet. La escoria humana de militares y civiles de la dictadura cometió allí crímenes espantosos.
Pero no es todo. Hoy sabemos que allí los nazis adiestraban a buena parte de los torturadores de nuestras compañeras y compañeros. Sabemos que allí se experimentó con el gas Zarín. Que desde allí se hacía vuelos clandestinos a Argentina con los más variados y oscuros propósitos, vuelos en que participaron hasta los abogados de Schaefer.
Los fallos judiciales, incluidos los más recientes de los casos Becerra y Merino, dejan establecida la relación entre la Colonia Dignidad y los aparatos de la dictadura, su nexo directo con Pinochet, los cursos en que se enseñaba a desarrollar diversas actividades represivas, en síntesis, como dicen las resoluciones judiciales, “su compromiso con la conducción del Estado”, su colusión con la DINA en los crímenes de lesa humanidad que nazis alemanes y fascistas chilenos cometieron en el tiempo de los militares en el poder.
Sólo faltaría ahora que se indulte a Schaefer, o al “Mamo” o a Moren Brito, Espinoza o Krasnoff, o a otro cualquiera de los cientos de asesinos condenados. Es de esperar que eso no suceda y se cumpla la palabra dada por altos representantes del gobierno que aseguran que no habrá indultos en materia de delitos contra la humanidad. En esta materia no caben las vacilaciones, las ambigüedades.
Menos cuando día a día salen a luz nuevas fechorías del pinochetismo como el procesamiento a decenas de torturadores dictado hace una semana por el ministro Alejandro Solís en relación al desaparecimiento de un grupo destacado de dirigentes comunistas en el cuartel secreto de calle Simón Bolívar.
*Publicado originalmente en El Siglo (24 de julio de 2009), se reproduce en El Clarín de Chile con autorización del autor.
