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Agosto 18, 2026

Pierden aun si dan jaque mate

{mxc}Quienes detentan el mando de facto tienen todo que perder, aunque den jaque o mate al Presidente Zelaya en su intento definitivo de volver a Honduras. Las piezas se mueven en un tablero de dimensiones internacionales y la comunidad mundial ya no puede retroceder en un conflicto que se convirtió en un símbolo latinoamericano.

Mientras el Presidente de Honduras se desplaza en caravana hacia la frontera de su país, en un intento definitivo de reasumir el mando, crecen las expectativas de la comunidad internacional por lo que pueda ocurrir allí tras el fracaso de la mediación  del Mandatario costarricense Oscar Arias. Aunque éste y otros gobernantes han evocado la posibilidad de que se desate una guerra civil, ello no parece tan probable, por la insuficiencia de organización y convocatoria -y de armas- de los partidarios de Oscar Zelaya.

Más bien  todo parece estar cifrado en un puzzle a escala hemisférica, donde la OEA, el BID, el Alba, el Mercosur –de Cumbre en estos días- , la Unasur,  el Grupo de Rio, e inevitablemente Estados Unidos, tendrán todavía un rol que jugar, si el sillón presidencial no es recuperado por su titular. Lo mismo vale para otras potencias, como Brasil y México, y -fuera del continente- la Unión Europea y Naciones Unidas, que deberán persistir en lo que ya iniciaron. La resistencia interna es condición necesaria, pero no suficiente.

Sobre la mesa se divisan varios factores y variables. Desde luego, como lo dijo Arias, es la primera vez que se trata de revertir un golpe de Estado en América Latina. Pero una situación real es imposible de rebobinar como en un video y así lo entendió el mediador. Por eso en su primera propuesta planteó, junto con la reinstalación del depuesto Mandatario, un gobierno de unidad y reconciliación nacional y el adelanto de las elecciones generales. Ante el rechazo de los golpistas –y también de una amnistía que los beneficiaba a ellos mismos-, Arias agregó el compromiso de que no se vuelva a intentar una reforma constitucional, dando por terminada así su mediación.

 El secretario general de la OEA no concordó con la actitud de Zelaya de cruzar la frontera entre hoy y el domingo, apostando a nuevas gestiones diplomáticas. Pero Insulza agregó  que las nuevas autoridades que surjan de una elección no presidida el por el legítimo Jefe de Estado no contarán con el reconocimiento de la OEA. Lo cual deja como pieza inconmovible en el tablero la posición previa de aquél.

A estas alturas, que se trate de jaquearle –capturándolo o haciéndolo comparecer ante la justicia- parece una movida demasiado arriesgada. Más aún que se le dé un mate, en circunstancias que se presenta desarmado en territorio nacional. Las autoridades de facto tienen un gran problema al tener que cuidar al reingresado y tratar de evitar que le llegue una bala loca, aunque insinúen anticipadamente que ella puede venir de sus propios partidarios.

Todo parece, entonces, jugar en contra de los suplantadores. En momentos que ya se empiezan a sentir los efectos de las sanciones económicas –como lo reconocen algunos empresarios hondureños- continuar con la intransigencia traería sólo más aislamiento a un país donde siete de cada diez habitantes son pobres.

Hasta dónde está dispuesta a resistir la oligarquía de 22 familias aliada con las transnacionales es un factor adicional y otro aún es la prolongación de la huelga con carreteras cortadas y escuelas sin clases que mantienen algunas organizaciones de trabajadores. Una coyuntura agravada por la contracción del 1% de la economía como efecto de la crisis global haría para el pueblo de Honduras más insoportable el peso de la estructura de inequidad distributiva y exclusión en que siempre ha vivido.

El país centroamericano, más allá de su peso específico, se ha convertido en un símbolo regional y la trama política que allí se desarrolla hay que seguirla con una mirada a fondo.