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Agosto 19, 2026

TELESCOPIO: Grotescos defensores de la vida

Ajustando mi telescopio para mirar a Chile desde el extremo norte del continente, por momentos no sé si no sólo estoy lidiando con distancias geográficas, espaciales, sino también me estoy trasladando en el tiempo.  Sucede que va a ser 21 años desde que Canadá resolvió el tema del derecho al aborto del modo más libertario que probablemente cualquier otro país occidental:

la Corte Suprema de este país en 1988 decidió que el derecho al control de su cuerpo por parte de las mujeres estaba consagrado en la Constitución canadiense, por lo que procedió en ese mismo instante a anular una previa ley que en la práctica ponía cortapisas a ese derecho.

Desde entonces Canadá ni siquiera tiene una ley específicamente dedicada al tema, sino que sobre la simple base de ese derecho constitucional cualquier mujer que se halla en una situación de un embarazo no deseado puede recurrir al consultorio privado de un doctor, a una clínica comunitaria o privada, o a un hospital y recurrir a los servicios de un médico que, en condiciones seguras y sanitarias, en unos pocos minutos (si la mujer está en buenas condiciones de salud y el embarazo es de un máximo de 12 semanas y no requiere un procedimiento más complejo) resuelve el problema. Para casos más complejos o donde el tiempo de embarazo es mayor, también hay servicios especializados aunque una buena campaña de educación trata de minimizar esas situaciones. Por cierto, este procedimiento que aquí se entiende que involucra solamente a la paciente y a su médico, está cubierto por el seguro de salud, por lo que no tiene costo alguno para la mujer que tiene que recurrir a él.

En Chile por otra parte, hay 20 años de retraso en lo que a derechos reproductivos y sexuales se refiere, es cosa de ver cómo el simple expediente de facilitar la píldora del día después a mujeres que no tienen dinero para procurársela en una farmacia ha desatado un debate de increíbles proporciones. Y todo ello porque algunos consideran la píldora, abortiva, pese a que la definición médica de aborto es interrupción de un embarazo, es decir un procedimiento que interrumpe la llegada a término de una preñez para lo cual obviamente tiene que haber un feto formado o en formación. La píldora del día después simplemente impide que se materialice una hipotética fertilización de un óvulo. No hay feto aun, ni siquiera propiamente un embrión.

Qué decir que un debate sobre el real aborto parece estar a años luz de los legisladores chilenos, pese a que el aborto – clandestino esto es – ha sido una realidad de la sociedad chilena desde tiempos inmemoriales. El aborto terapéutico, en casos donde la salud de la madre se halla en peligro o donde el futuro bebé tiene problemas de malformación o algún defecto genético, se ha planteado como una tímida iniciativa, al menos para echar a andar el debate, lo cual es bueno, pero en definitiva el enfoque tiene que ser más amplio y llevado desde el punto de vista de los derechos de la mujer a tener control sobre su cuerpo. Nadie, ni otros familiares, ni el estado, ni iglesia alguna tienen derecho a dictaminarle a una mujer cómo conducir su fertilidad. En otras palabras, el acceso seguro, abordable y sanitario al aborto por parte de la mujer es un tema de derechos humanos, un tema que toca la igualdad de derechos que la mujer debería tener y como tal debe empezar a debatirse.
Claro está, cuando se habla de derechos humanos entonces alguien va a replicar ¿y el derecho del feto? El supuesto derecho a la vida del feto es por cierto el caballito de batalla que en todas las sociedades los opositores al aborto han intentado utilizar. Tanto Estados Unidos como Canadá, donde este tema fue debatido hace ya más de veinte años han establecido como jurisprudencia que el feto no es una persona y por lo tanto no tiene derechos independientes de los derechos que tiene la madre de la cual, hasta el momento de nacer, forma parte. Tan simple como eso. Es la madre la que tiene derechos, no el feto.

Ese debate, más o menos saldado en Estados Unidos (George W. Bush trató de reavivarlo al prohibir el uso de embriones para extraer células madres para investigación científica) y definitivamente superado en Canadá que en estas materias tiene una sociedad de pensamiento más avanzado, es usado como una suerte de “cuco” en Chile. Aun hoy cuando se trata de atacar a alguien se le quiere acusar de favorecer el aborto, como si fuera una cosa diabólica. La Iglesia Católica principalmente utiliza mucho ese argumento, presionando a los legisladores que adhieren a esa fe. El argumento comúnmente usado tanto por líderes religiosos como por personeros de la Derecha es que el aborto es un atentado contra la vida, naturalmente los oponentes al aborto se definen como “defensores de la vida”. Lo cual me lleva a una muy obvia observación: ¿aquellos diputados de la UDI que votaron contra la píldora del día después son los “defensores de la vida”? Discúlpenme pero aquí tengo que ajustar mi telescopio nuevamente: ¿no es la UDI el partido que mejor representa el legado de lo que fue la dictadura de Pinochet? ¿Hay alguien que pueda explicar cómo, por que extraña transfiguración, los que fueron ministros y altos funcionarios o simplemente fueron seguidores del régimen que sistemáticamente asesinó o hizo desaparecer a unos tres mil chilenos ahora con todo desparpajo se hacen llamar “defensores de la vida”? Sencillamente esta es una situación casi surrealista en la que súbitamente nos encontramos con los más grotescos defensores de la vida.

Esto sin contar que el tema mismo de cuándo comienza la vida no está del todo resuelto. La Iglesia Católica misma no tenía una posición definitiva sobre el tema ya que por la mayor parte de su historia consideró que el alma no entraba al cuerpo en formación hasta 180 días después de la concepción. Fue bajo el papado de Pío IX, un ultraconservador – un fundamentalista lo llamaríamos hoy – en el siglo 19 que se estableció la doctrina según la cual la vida comenzaría al momento de la concepción, lo que lleva a su vez al concepto de que abortar, un feto o un embrión incluso, sería equivalente a matar a alguien. Lo más curioso es la debilidad lógica de tal argumento: el embrión por ejemplo, no tiene ni siquiera una forma humana muy definida, “ah, pero tiene el potencial para ser humano” dice el fundamentalismo religioso. Pero si de potencial se trata ¿por qué detenerse en el embrión? Antes que exista el embrión, el espermio y el óvulo, cada uno por su lado, tienen también ese potencial para – si se juntan – llegar a formar un ser humano. Basándose en el débil argumento del “potencial” para convertirse en humano, la masturbación y hasta la menstruación serían asesinatos…

Naturalmente el tema del aborto no será fácil de introducir, hay muchos factores de poder de por medio, siendo el de la desigualdad de los sexos y su preservación por el machismo, uno de los no menores. Como decían las feministas en Norteamérica cuando hacían campaña a favor del derecho al aborto: “Si los hombres fueran los que dan a luz, hace ya tiempo que el aborto sería legal…” (Por cierto una imposibilidad biológica, pero como dice mi mujer, una imposibilidad además descartada por el propio proceso evolutivo: malos como somos los machos para soportar el dolor físico, si ese hubiera sido el caso, hace aun más tiempo que la especie se hubiera extinguido y no estaríamos debatiendo estas cosas).