{mxc}Fue una operación de trascendidos-con- desmentidos que crispó al frente chileno de relaciones exteriores y al propio Secretario General: su reelección al frente del organismo interamericano se evalúa minuciosamente en el Departamento de Estado y otras cancillerías del continente, que sopesan hasta ahora tres factores: Cuba, Alba y Honduras.
Los trascendidos y desmentidos de que EEUU no estaría por la reelección de José Miguel Insulza al frente de la OEA, son prematuros y estarían revelando dos cosas: que el secretario general está un poco ansioso en asegurar su reelección y que Washington y sus aliados tienen en plena evaluación el desempeño del chileno en el organismo interamericano.
Todo partió con el lobby que Michelle Bachelet hizo a favor de Insulza durante su reciente visita al distrito de Columbia. Habrá que creerle a la Presidenta cuando asegura que no abordó el tema en su conversación telefónica con Hillary Clinton, mientras ésta convalecía de un accidente, pero ello no significa que fuentes del Departamento de Estado no hayan efectivamente filtrado el desacuerdo con el secretario general por dos razones: la forma en que se involucró en el fin de la suspensión de Cuba de la OEA y por ciertas actitudes suyas frente al caso Honduras.
El afectado atribuye todo a sectores de la derecha insatisfechos por lo que ocurrió en el organismo panamericano frente a ambos países. En el caso de la isla se refiere a parlamentarios republicanos y un senador demócrata de origen cubano, y en el del país centroamericano a los que se tomaron el mando ilegítimamente.
Ambos siguen ejerciendo su enorme presión sobre la administración de Obama. No es descartable tampoco que ésta mire con recelo doctrinario cómo el secretario general se ha acercado progresivamente a los países del Alba, tiempo después de que el líder de esta alianza, Hugo Chávez, lo tratase públicamente con desdén como “el insulso doctor Insulza”.
Para éste, lidiar tanto con la “extrema derecha” como con la “extrema izquierda” –así las llama- se tradujo en el mayor de sus desafíos: preservar la cohesión y la unidad de la Organización. El ya sabía que habría críticas por la inoperancia de la OEA y se ha esforzado por demostrar lo contrario en cada ocasión candente, pero se encuentra con la permanente exigencia del Alba de ir más allá, so pena de que se cree un nueva Organización, que agrupe sólo a los países latinoamericanos y del Caribe, rompiéndose la actual estructura hemisférica.
Aunque EEUU ostentará un solo voto cuando llegue la hora de votar en mayo próximo, el aspirante a la reelección sabe cuán influyente puede ser. En 2005, bajo la administración de Bush, no lo fue tanto y debió finalmente inclinarse por él. En la entrevista que sostuvimos con Insulza después de San Pedro Sula, él se preocupó de enfatizar que el voto que se aprobó allí sobre Cuba fue el que llevó Hillary Clinton, afinado y mejorado por todos los demás cancilleres participantes.
Ahora la operación de trascendidos-con- desmentidos estaría indicando que la Secretaria de Estado quedó con un hachita que afilar.
Todo partió con el lobby que Michelle Bachelet hizo a favor de Insulza durante su reciente visita al distrito de Columbia. Habrá que creerle a la Presidenta cuando asegura que no abordó el tema en su conversación telefónica con Hillary Clinton, mientras ésta convalecía de un accidente, pero ello no significa que fuentes del Departamento de Estado no hayan efectivamente filtrado el desacuerdo con el secretario general por dos razones: la forma en que se involucró en el fin de la suspensión de Cuba de la OEA y por ciertas actitudes suyas frente al caso Honduras.
El afectado atribuye todo a sectores de la derecha insatisfechos por lo que ocurrió en el organismo panamericano frente a ambos países. En el caso de la isla se refiere a parlamentarios republicanos y un senador demócrata de origen cubano, y en el del país centroamericano a los que se tomaron el mando ilegítimamente.
Ambos siguen ejerciendo su enorme presión sobre la administración de Obama. No es descartable tampoco que ésta mire con recelo doctrinario cómo el secretario general se ha acercado progresivamente a los países del Alba, tiempo después de que el líder de esta alianza, Hugo Chávez, lo tratase públicamente con desdén como “el insulso doctor Insulza”.
Para éste, lidiar tanto con la “extrema derecha” como con la “extrema izquierda” –así las llama- se tradujo en el mayor de sus desafíos: preservar la cohesión y la unidad de la Organización. El ya sabía que habría críticas por la inoperancia de la OEA y se ha esforzado por demostrar lo contrario en cada ocasión candente, pero se encuentra con la permanente exigencia del Alba de ir más allá, so pena de que se cree un nueva Organización, que agrupe sólo a los países latinoamericanos y del Caribe, rompiéndose la actual estructura hemisférica.
Aunque EEUU ostentará un solo voto cuando llegue la hora de votar en mayo próximo, el aspirante a la reelección sabe cuán influyente puede ser. En 2005, bajo la administración de Bush, no lo fue tanto y debió finalmente inclinarse por él. En la entrevista que sostuvimos con Insulza después de San Pedro Sula, él se preocupó de enfatizar que el voto que se aprobó allí sobre Cuba fue el que llevó Hillary Clinton, afinado y mejorado por todos los demás cancilleres participantes.
Ahora la operación de trascendidos-con- desmentidos estaría indicando que la Secretaria de Estado quedó con un hachita que afilar.
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM)
