{mxc}Las funciones que cumplen los funcionarios de Gendarmería de Chile son las más difíciles y peor pagadas, comparativamente, de todos los empleados del estado. Es absolutamente razonable que desde ese sacrificio surjan reivindicaciones laborales. Recuerdo haber estado en Alemania Federal durante una huelga de policías en el curso de la cual ninguna autoridad cedió a la tentación represiva.
Un estado democrático como el nuestro como lo proclama el artículo 4 de la Constitución Política del Estado debe procesar dichas demandas y llegar a un consenso que no es difícil económicamente hablando en un país como el nuestro donde Hacienda ha destinado casi 5 mil millones de dólares para mantener el precio del dólar y la liquidez de los bancos, donde a estos últimos el banco central les entrega dinero a tasas negativas, cuyas rebajas no han llegado en lo más mínimo a los usuarios.
Mi primer contacto con los gendarmes fue durante mi práctica profesional el año 1981 en la Cárcel Pública vi allí sus terribles condiciones de trabajo y sus escasas remuneraciones. A pesar de aquello, sus standares de probidad estaban muy por sobre el promedio de América Latina.
Han pasado casi 30 años, Chile tiene hoy casi 30 mil millones de dólares de ahorro como producto del mayor precio del cobre nacionalizado por el presidente Allende, sin embargo gendarmería sigue en el olvido.
El trabajo de un gendarme es muy duro y requiere de mucha sabiduría y coraje. Su contraparte es el sector más conflictivo de la sociedad que a su vez vive en condiciones que son claramente violatorias a sus DDHH así lo han dicho diversos informes internacionales. Todo lo cual pone las relaciones humanas en máxima tensión.
Un gendarme comparte la prisión con las personas que debe resguardar. Es un hecho objetivo. Creo que la extensión de sus jornadas excede cualquier máximo establecido por la Organización Internacional del Trabajo.
Suponer que Gendarmería no puede cesar en algunas de sus labores, y que no lo han hecho en lo sustancial que es mantener a los presos privados de libertad, es entender que ellos deben trabajar siempre y en cualquier circunstancia. Jurídicamente sabemos que no hay normas categóricas, es decir que deban cumplirse siempre y en toda circunstancia.
Lo peor sería que tal condición, los transformaría no ya en empleados sino en siervos del estado.
Es natural las expresiones de solidaridad que están recibiendo de otros sectores de empleados del estado, a fin de cuentas todos ellos cumplen funciones importantes y los conflictos laborales que se produzcan no pueden terminar con sus dirigentes criminalizados. Ya Chile tiene bastante deterioro en materia de DDHH con el trato a los mapuches como para agregar ahora el encarcelamiento de dirigentes gremiales.
ROBERTO AVILA TOLEDO
Abogado
Mi primer contacto con los gendarmes fue durante mi práctica profesional el año 1981 en la Cárcel Pública vi allí sus terribles condiciones de trabajo y sus escasas remuneraciones. A pesar de aquello, sus standares de probidad estaban muy por sobre el promedio de América Latina.
Han pasado casi 30 años, Chile tiene hoy casi 30 mil millones de dólares de ahorro como producto del mayor precio del cobre nacionalizado por el presidente Allende, sin embargo gendarmería sigue en el olvido.
El trabajo de un gendarme es muy duro y requiere de mucha sabiduría y coraje. Su contraparte es el sector más conflictivo de la sociedad que a su vez vive en condiciones que son claramente violatorias a sus DDHH así lo han dicho diversos informes internacionales. Todo lo cual pone las relaciones humanas en máxima tensión.
Un gendarme comparte la prisión con las personas que debe resguardar. Es un hecho objetivo. Creo que la extensión de sus jornadas excede cualquier máximo establecido por la Organización Internacional del Trabajo.
Suponer que Gendarmería no puede cesar en algunas de sus labores, y que no lo han hecho en lo sustancial que es mantener a los presos privados de libertad, es entender que ellos deben trabajar siempre y en cualquier circunstancia. Jurídicamente sabemos que no hay normas categóricas, es decir que deban cumplirse siempre y en toda circunstancia.
Lo peor sería que tal condición, los transformaría no ya en empleados sino en siervos del estado.
Es natural las expresiones de solidaridad que están recibiendo de otros sectores de empleados del estado, a fin de cuentas todos ellos cumplen funciones importantes y los conflictos laborales que se produzcan no pueden terminar con sus dirigentes criminalizados. Ya Chile tiene bastante deterioro en materia de DDHH con el trato a los mapuches como para agregar ahora el encarcelamiento de dirigentes gremiales.
ROBERTO AVILA TOLEDO
Abogado
