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Agosto 18, 2026

Honduras

{mxc}¿Fue sólo un golpe interno de las fuerzas más reaccionarias o se trata en verdad del primer golpe de Estado imperial en la “era Obama”? Del modo que se dieron los acontecimientos, las diversas declaraciones de la Casa Blanca, las gestiones de la OEA y el hecho que EE.UU. no se haya opuesto a la condena internacional, incluidos organismos en que su poder es omnímodo, explica que en los primeros días algunos sectores se confundieran.

Sin embargo, los antecedentes han disipado toda duda. En el derrocamiento del presidente Zelaya, más allá de las diferencias internas del gobierno norteamericano y de sus señales contradictorias, está sin duda alguna la mano imperialista. Tal vez las cosas no se dieron conforme su proyecto original, pero las huellas de la CIA y el Pentágono están patentes aunque haya quienes prefieran creer en una súbita vocación democrática de Washington. Obama, es cierto, no es Bush. Pero en esas latitudes siguen gobernando las grandes corporaciones, el complejo económico financiero y militar, no necesariamente sus mandatarios. 

Desde luego al imperio le disgustó enormemente el acercamiento de Zelaya a los países del ALBA, su visita a La Habana, tanto como su mayor compromiso con su pueblo y su voluntad de modificar la cavernaria institucionalidad hondureña en favor de una mayor participación ciudadana. Desde el punto de vista geopolítico y como enlace entre dos continentes y dos océanos, Centroamérica es zona estratégica para el imperialismo. Uno de los actores principales de EE.UU. en la subversión es la Agencia para el Desarrollo Internacional, USAID, organismo de fachada de la CIA que maneja muchísimos millones de dólares que entrega directamente a la empresa privada y en asistencia a pobladores y campesinos a través de grupos nacionales controlados por la derecha. Otro factor golpista es el militar. Eva Golinger, investigadora norteamericana, ha desenmascarado el papel desempeñado en el golpe hondureño por la base militar de Soto Cano, cercana a Tegucigalpa, que los yankis ocupan desde 1970 en mérito de los convenios de 1950 y  que el presidente Zelaya pretendía convertir en aeropuerto civil internacional. Comanda esa base el coronel Richard Juergens quien, curiosamente, era Director de Operaciones cuando, en 2004, fue secuestrado el presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide. También entonces algo rezongaron la Casa Blanca y la OEA, pero bien sabemos el final.

Por otra parte, hoy es públicamente conocido que el Secretario Adjunto de Estado, Thomas A. Shannon Jr. y el Embajador de los EE.UU. en Honduras, Hugo Llorens, estaban enterados de los conflictos que conducían al golpe militar y siguieron paso a paso la conspiración. Es más, la vicepresidenta del Congreso de Honduras, Marcia Villeda, declaró que durante más de una semana se buscó una solución que evitara la consulta y que en los diálogos participó el embajador de EE.UU.

Lo cierto es que en Honduras se aplicó el molde clásico de la CIA y el Pentágono: Pronunciamiento previo de la Corte Suprema y de la Cámara de Diputados con el pretexto de la supuesta inconstitucionalidad de una consulta popular ¿No les recuerda exactamente el 11 de septiembre en Chile? Es la marca de fábrica.

Dos consideraciones finales. La primera, el descaro y torpeza de los golpistas. Presentan a Zelaya como asegurando su reelección, cuando sólo proponía una consulta no vinculante para saber si existía voluntad para un referéndum modificatorio de la Constitución. Peor si se piensa que ellos y la derecha de todas partes callan frente a la reelección de Uribe en Colombia, o antes de Fujimori en Perú, o de Cardoso en Brasil o Menem en Argentina. Su torpeza: leo en la prensa madrileña que el actual canciller designado por los golpistas calificó a Obama como “ese negrito que no sabe nada de nada.”…..No lo habría podido leer acá pues los medios de prensa en Chile, en general, siguieron prendidos y prendados del “rey del pop”.

Última consideración para destacar el valor del pueblo hondureño. Hombres, mujeres, niños y ancianos han resistido con una dignidad ejemplar. En su momento, Martí dijo de los hondureños que “…son un pueblo generoso en que se debe tener fe…”. Tenía razón.

*Publicado originalmente en el semanario El Siglo, el 10 de julio de 2009, se reproduce en Clarín.cl con autorización del autor.