Las pirañas hacen nata. La Constructora “Copeva”, fue la ganadora del proyecto y se dio inicio a la estafa. La corrupción, se lee en las viejas crónicas del pasado, fue inmensa.
La Copeva, perteneciente al hermano del entonces, Edmundo Perez Yoma, ministro de la defenza de aquella época, sin duda, influenció en todo el proceso.
Un Estado honesto debe evitar que los proyectos vengan entregado a parientes de ministros. La transparencia debe ser la ortografía de la patria.
Si se llegará a investigar todo el proceso de licitación, o concurso, de la construcción de las casas sociales, pues, la corrupción será penalizada y las victimas de las construcciones sociales deberán ser indemendizadas.
La ley, se sabe, no es igual para todos.
Las casas sociales se han pagado ya sus tres veces. El Estado debe representar a sus ciudadanos y no abandonarlos. La presidenta chilena se irá, obvio, el nuevo que llegará deberá tener coraje e iniciar el proceso social.
La propuesta que se puede hacer al Estado es que compre las casas de los deudores a los deudores, pague las tres veces del precio… y que luego trate con la Copeva, y al final, pues, se las venda de nuevo a los deudores al precio justo.
Creo que las cosas cambiarían. ¿No cree usted señora Presidente de Chile?
Claro que el Estado ni a palos compraría las casas de la Copeva… El negocio es negocio. Libre mercado. Pero, bueno, el asunto de las casas sociales ha dividido hasta a los exiliados. Unos, los exiliados bachelianos, que no ven problemas en la patría, concuerdan con la política de la señora Bachelet, los contrarios, nos oponemos porque no hemos quedado ciegos. Llamamos a los bachelianos que ayuden al Estado a resolver el problema de las casas sociales; a lo mejor pueden hasta comprar esas casitas y que todo quede como antes: todos buenos chilenos.
Godosky
