El Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet decidió –decreto mediante- oficializar el 26 de Junio como Día Nacional Contra la Tortura, para lo cual se realizarán una serie de adecuaciones a nuestro ordenamiento penal junto a otras iniciativas como la construcción del Museo de la Memoria.
No podemos asegurar que la instauración de este día cambie las cosas. La política se construye –también- con gestos y, en lo formal, este es un gesto que llega tarde. Han pasado casi 20 años del retorno a la democracia, no son pocos los chilenos y chilenas que pasaron por los tormentos más atroces que ya no están con nosotros, otros cuantos adquirieron amarga convicción que su sufrimiento fue olvidado o no importó, lo que desalentó a unos cuantos más a denunciar sus casos, que son muchos más de los que registran las cifras oficiales. Por último este día viene a subsumirse en los numerosos “días de” con que hemos ido poblando el calendario nacional.
El Estado Chileno tiene deudas pendientes. Las tiene con la comunidad internacional que brindó generosa solidaridad en tiempos difíciles. Las tiene con nuestra historia y con sus habitantes. El Estado chileno tiene deudas respecto al ¡Nunca Más!: la creación del Instituto de Derechos Humanos, la promoción de una cultura y educación en derechos humanos, y deudas inexplicables como ocultar por 50 años los datos de los responsables de tortura, lo que en rigor es una denegación de justicia.
Proponemos que el Estado chileno, para ir adecuándose a los “estándares internacionales” en materia de Derechos Humanos, como dijo la vocera de Gobierno, genere procedimientos de reparación integral para los sobrevivientes de tortura y la reapertura de las instancias de calificación de casos de vulneración y violación a los derechos elementales de personas que se encontraban en Chile entre el período 1973 -1990; y un registro especial de 1990 en adelante.
Cuando escribo que el Día Nacional Contra la Tortura, en lo formal llega tarde, no estoy responsabilizando sólo al Gobierno. Aquí existe una responsabilidad histórica de los bloques que gobiernan Chile, del conjunto de Partidos Políticos que durante casi 20 años han co-legislado, unos con más responsabilidad que otros. También del sector político social que fuimos derrotados en 1973; y en definitiva del pueblo chileno por no haber logrado la fuerza social y política, para no solamente decretar un Día Contra la Tortura, sino que –y lo más importante- cambiar la estructura jurídico, política y económica que permite la formación de sistemas culturales que avalan esta práctica aberrante e inhumana. Mantener una Constitución Política, gestada en Dictadura habla de nuestras debilidades como República.
La instauración del Día Nacional Contra la Tortura y modificaciones al Código Penal, casi irrelevantes si entendemos la tortura como prácticas que no son puntuales ni casos aislados -sino que arrancan de ideologías que planifican su operatividad, como lo han sido, en su momento, la Doctrina de Seguridad Nacional, que planteaba el enemigo interno, la no aceptación de los derechos históricos de los pueblos originarios, el no respeto a la diversidad, por citar contextos- llega en un momento poco grato. El Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, en su Examen Periódico Universal de Derechos Humanos ha señalado que en nuestro país se practica, no en forma masiva, pero se practica, en procedimientos policiales la aplicación de tormentos a los detenidos. Es cosa de revisar las estadísticas y las resoluciones de Jueces de Garantías decretando la nulidad de detenciones, por no respetar garantías constitucionales. Como pueblo y como Estado nos falta camino por recorrer si queremos desterrar, por recordar solo un caso, episodios como un hombre ardiendo en llamas frente a las puertas de la Catedral de Concepción. Ese trabajador era un padre llevado a la angustia suprema que buscó una forma extrema para llamar la atención ciudadana y lograr el cese de la tortura que la siniestra CNI aplicaba a Galo y María Candelaria, sus hijos. Ese sacrificio, una inmolación que demostró que no hay amor más grande que el que da la vida por otro, remeció al mundo y surgió el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo. No lo olvidemos. Es responsabilidad de todos y todas el ¡¡Nunca Más!!
Por Rodrigo De Los Reyes Recabarrenrodrigodlr@patagoniachile.cl
*a Sebastián Acevedo Becerra In Memoriam
